David García de la Torre no podrá graduarse de octavo grado. El mismo Ministerio de Educación que cerró miles de escuelas durante la pandemia, y que recientemente adelantó el fin del curso escolar ante la imposibilidad de sostener la carga lectiva, no ha mostrado la misma capacidad de respuesta para atender las necesidades específicas de un adolescente de 14 años.
La exclusión no se debe a un bajo rendimiento académico, sino a "la ineptitud de la escuela para asumir y dar una respuesta personalizada a sus demandas de desarrollo", afirma su madre, Natacha de la Torre Fariñas. "David nunca recibió una educación de calidad", sostiene, por lo que el muchacho decidió, a los nueve años, aprender en casa mediante homeschooling, una modalidad no reconocida en Cuba. Desde entonces, tanto él como su familia viven bajo amenazas.
Natacha y David (padre), ambos psicólogos, intentaron durante años llegar a un acuerdo con el MINED. Propusieron flexibilizar la escolarización, adaptar el currículo y establecer esquemas de evaluación acordes con las necesidades de David, un niño aventajado, variantes que el propio sistema educativo cubano contempla, al menos en teoría, entre sus objetivos formativos.
Contra David, las autoridades respondieron con represalias administrativas y académicas pese a sus conocimientos demostrados. Contra sus padres hubo una denuncia penal, además de visitas policiales, citaciones y una medida cautelar que les impedía abandonar La Habana.
El caso permanece en una pausa judicial que la familia interpreta como un mecanismo de presión psicológica. "Hasta ahora, el juicio se mantiene en un limbo. Una forma de castigar menos agresiva que la cárcel, pero igualmente injusta", sostiene Natacha, y menciona a los pastores evangélicos Ramón Rigal y Ayda Expósito, condenados a prisión tras retirar a sus dos hijos de la escuela estatal, debido al acoso y una agresión física sufrida por su hija, un caso que reavivó el debate sobre el monopolio educativo del Estado cubano y los límites de la patria potestad en la Isla.
La abogada Maylin Fernández Suris lo explica así: el marco jurídico cubano no reconoce modalidades privadas o alternativas de enseñanza para sus ciudadanos, lo que deja sin cobertura legal experiencias como el homeschooling.
Más aún, la estatización de la educación contradice diversos tratados internacionales de derechos humanos que reconocen el derecho preferente de los padres a decidir sobre la educación de sus hijos, incluida la posibilidad de escoger escuelas distintas de las estatales y de garantizar una formación acorde con sus convicciones morales, filosóficas o religiosas. El amparo legal figura, entre otros, en la Declaración Universal de Derechos Humanos, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, y la Convención Americana sobre Derechos Humanos.
Sin embargo, el licenciado en Educación Primaria y máster en Educación por la Universidad de Ciencias Pedagógicas Juan Marinello, de Matanzas, Alejandro Martínez, considera que el homeschooling es un método tan válido como cualquier otro. El experto, que actualmente cursa el Doctorado en Educación de la Universidad Autónoma de Madrid, señaló que se ha implementado con éxito en varios países, incluido Estados Unidos. Sobre su eventual implementación en Cuba, precisó que "primero tiene que pasar por el filtro del Gobierno".
Cuando el talento se convierte en un problema
David aprendió a leer y escribir a los tres años. Su madre lo recuerda como un niño "muy vital, inteligente, curioso y equilibrado", con una marcada precocidad intelectual. A los 13 años escribió La maldición del azul, un relato que sorprendió a su padre, quien le dijo: "Ya tienes derecho a llamarte escritor", recuerda Natacha. Hoy, añade, es "un adolescente con una cultura política inusual y una visión crítica muy bien argumentada sobre el Gobierno y la oposición".
Pero esa diferencia comenzó a generar fricciones desde temprano. Mientras los demás niños aprendían a leer y escribir, David terminaba las tareas rápidamente y se paseaba por el aula esperando al resto. "La maestra lo reportaba entonces como un niño inquieto", recuerda Natacha. Sus padres identificaron desde temprano que necesitaba una enseñanza distinta. "En teoría, las escuelas deben poder asumir y brindar una enseñanza que tenga en cuenta las particularidades de cada niño. En la práctica, no ocurre así", sostiene la madre.
Fernández Suris coincide en que el deterioro estructural del Sistema Nacional de Educación impide garantizar los estándares de calidad, inclusión y atención personalizada reconocidos en la legislación cubana.
David comenzó el homeschooling cuando cursaba el cuarto grado, durante la pandemia de Covid-19, cuenta la madre a DIARIO DE CUBA. El cierre prolongado de las escuelas permitió a la familia practicar la educación en casa durante unos 15 meses, sin demasiada interferencia estatal. "En un inicio, fue David quien decidió hacer homeschooling", explica Natacha.
Pero cuando la familia intentó formalizar un esquema flexible de evaluaciones y de enseñanza en el hogar, basado en los propios planes de estudio del MINED, la respuesta institucional cambió. "La dirección de la escuela argumentó que no tenía suficiente personal para atender solicitudes de semejante índole", recuerda la madre.
El sistema educativo cubano atravesaba entonces una crisis agravada por la pandemia y el deterioro de la enseñanza. Tutores y docentes cuestionaban públicamente que las materias se impartieran "a empujones". Poco después, cuando los padres acudieron a recoger los libros de quinto grado, la directora de la primaria Vo Thi Thang, Mirtha Friol, les comunicó que David había sido desescolarizado.
Seguidamente, comenzaron las visitas policiales. "Se presentó la Policía en nuestra casa y nos informó que sobre nosotros pesaba una denuncia por el supuesto delito de atentar contra el desarrollo de David", recuerda Natacha. La denuncia había sido presentada por la propia directora de la escuela. La escalada incluyó citaciones, una medida cautelar con limitación de movimiento para los padres y un interrogatorio grabado en el Centro de Protección a Niños, Niñas y Adolescentes (CPNNA), en el que David debió declarar sobre la idoneidad parental.
El conflicto no solo afectó la educación de David, sino también su desarrollo personal y familiar. Su madre eescribe esos años como un periodo marcado por "amenazas constantes" y asegura que las citaciones policiales y fiscales consumieron tiempo y recursos que debían destinarse "al desarrollo de David". Aunque reconoce que el carácter del adolescente transformó parte de esa presión en "determinación, valentía y seguridad", insiste en que esto "no exonera de culpabilidad a las autoridades cubanas".
"Crecer bajo la sombra de amenazas constantes por practicar homeschooling es verdaderamente injustificable", afirma la madre.
La lógica de la uniformidad
El conflicto también expone una contradicción estructural del modelo cubano. Mientras muchos sistemas educativos contemporáneos priorizan el pensamiento crítico, la creatividad y la adaptación pedagógica, el currículo oficial cubano continúa situando la formación ideológica y la obediencia colectiva entre sus objetivos centrales.
En Finlandia, Canadá, Estonia o los Países Bajos, referentes habituales en evaluaciones internacionales, la enseñanza pública prioriza la autonomía del estudiante, el bienestar emocional y el aprendizaje significativo. El contraste con Cuba resulta revelador. El programa oficial de educación primaria establece entre sus primeros objetivos que los alumnos deben manifestar "sentimientos patrióticos y revolucionarios", admiración por los "líderes de la Revolución cubana" y conductas acordes con "la ideología socialista". Solo después aparecen referencias a estudiantes "autodeterminados, independientes y creativos".
"La escuela cubana tiene un currículum oculto y algunos de sus objetivos son verdaderamente dañinos", sostiene Natacha. "Entre ellos, está la necesidad de uniformar y adoctrinar". En su opinión, el sistema termina premiando "la fidelidad tribal, no el razonamiento crítico".
Para la psicóloga, muchas de las promesas oficiales sobre inclusión y atención personalizada "solo existen en teoría". "La escuela cubana, aunque nunca lo reconozca, tiene entre sus objetivos el deterioro de la individualidad", afirma. "La escuela del futuro en Cuba debe tener como propósito principal formar individuos".
En general, Cuba ha quedado rezagada en materia educativa y tecnológica. Ni siquiera ha logrado implementar de forma generalizada modelos basados en plataformas digitales, clases virtuales y aprendizaje remoto que existen en otros siestemas desde hace tres decadas,y que se han potenciado tras la pandemia de COVID-19, pese a que pedagogos cubanos reconocen la educación híbrida como "el futuro de la enseñanza".
En un estudio publicado en 2023 en la Revista Cubana de Educación Superior, los investigadores Ramón Rodríguez Guerra y Carlos Viltre-Calderón, del Centro Latinoamericano de Estudios en Epistemología Pedagógica, admiten que en Cuba este modelo "desafortunadamente solo se ha implementado en las Universidades del país" y reconocen problemas de conectividad, acceso a internet y disponibilidad de dispositivos. Mientras buena parte del mundo avanzó hacia esquemas híbridos apoyados en Zoom, Google Meet o Moodle, en Cuba aún predominan mecanismos precarios como las clases transmitidas por televisión.
Al mismo tiempo, se multiplan los cuestionamientos de los padres sobre las condiciones en que sus hijos reciben clases y las protestas por la imposibilidad de garantizar una educación estable en medio del colapso de servicios básicos que atraviesa la Isla.
El "caso extraordinario"
Paradójicamente, las propias autoridades reconocieron que David no era un estudiante común. Según la madre, durante una reunión en el Ministerio de Educación, la viceministra Marlén Triana lo calificó de "un caso inusual y extraordinario, único en nuestro país".
A los 12 años, tras la insistencia de sus padres, David intentó reincorporarse a la secundaria. Para ello, se sometió a exámenes y trabajos integradores ante el MINED, con los que validó sin dificultad los contenidos de primaria cursados mediante homeschooling. Sin embargo, rechazó las pruebas psicométricas exigidas como condición para ingresar al sistema escolar, al considerar que "ningún niño" debía someterse a ese tipo de tests para poder estudiar. Según Natacha, funcionarios del Ministerio retuvieron inicialmente las notas en represalia y, cuando finalmente accedieron a entregarlas, David impuso nuevas condiciones.
"No usaría uniforme ni pertenecería a ninguna organización política", detalla la madre. El adolescente consideraba que varias disposiciones escolares contradecían principios recogidos en la Convención sobre los Derechos del Niño.
En 2025, hubo un breve intento de conciliación. Durante los meses de febrero a mayo asistió parcialmente a clases de séptimo grado sin uniforme y apenas dos veces por semana, en la secundaria Manuel Bisbé. Pero al finalizar el curso, pese a sus resultados académicos, la escuela decidió asignarle la nota mínima en todas las materias debido a su asistencia irregular. "David consideró que esta forma de evaluar era un fraude social", relata la madre. "La nota debía corresponderse con los conocimientos demostrados y no con la obediencia reglamentaria".
Poco después, abandonó definitivamente la escuela estatal y escribió una carta dirigida a la ministra de Educación reclamando "exámenes justos" y el derecho a elegir cómo aprender. El Ministerio nunca respondió. Un mes después, en julio, David decidió publicar la carta en su perfil de Facebook.
El mito de la educación única
Según la abogada Fernández Suris, las opciones legales de la familia son limitadas porque el sistema educativo cubano está completamente regulado por el Estado. Aunque David podría ser trasladado a otra institución, retirarlo del sistema público no resulta una alternativa viable en el marco jurídico vigente. La letrada recuerda que la Constitución establece que "la enseñanza es función del Estado" y que la educación en Cuba se rige por las normas del Ministerio de Educación. Sin embargo, hay excepciones.
Además de cuestionar la calidad de la enseñanza, el caso de David desmonta una de las narrativas históricas más repetidas en el discurso oficial cubano: la idea de que la educación estatal constituye la única vía legítima de enseñanza.
Aunque el Estado persigue modalidades alternativas como el homeschooling, en Cuba existen centros asociados a embajadas y personas extranjeras —como la International School of Havana, el Lycée Français International de La Havane Alejo Carpentier o el Centro Educativo Español de La Habana— que operan con currículos internacionales y metodologías distintas a las del sistema público cubano.
Su existencia revela una paradoja incómoda: mientras determinados sectores acceden a modelos educativos modernos y flexibles, la mayoría de las familias cubanas permanece sujeta a un esquema profundamente centralizado y rígido.
Natacha resume toda la experiencia con una metáfora demoledora: "La escuela cubana funciona como el lecho de Procusto", afirma refiriéndose al personaje de la mitología griega que mutilaba o estiraba a sus víctimas para obligarlas a encajar en una cama de hierro. "Es experta siempre que la diferencia provenga de la desventaja. Pero cuando la diferencia nace de la individualidad, el sistema intenta corregirla".
Mientras tanto, la Fiscalía ha manejado el caso con cautela. Reconoció que, aunque la legislación cubana obliga a la escolarización, ninguna ley obliga a un niño a usar uniforme ni a amar la escuela.
Para Natacha, el caso dejó de ser hace tiempo una simple disputa educativa. "Hay un costo en elegir, sobre todo en sociedades no democráticas", reflexiona.
"Cuando uno se separa de la norma establecida, corre el riesgo de ser señalado y penalizado mediante la invisibilización y la anulación".
DIARIO DE CUBA contactó al MINED para este reportaje, pero no recibió respuesta.
En Cuba toda persona debe meterse en la cabeza que lo bueno es malo y lo malo es bueno. Es malo tener aspiraciones, querer trabajar y decir lo que quiere ganar, amar a su familia, gustarle la paz y no la guerra, comer sabroso, vestirse bien, hablar correctamente y tratar a una persona desconocida de señor o señora en vez de compañero o compañera, ser buen cristiano... Es bueno chivatear, hacer trabajo esclavo sin remuneración, vestirse como pordiosero, no pensar con su propia cabeza, ser un hijoputa como el Che...y la lista es larga. Cuba pronto será libre y comenzará un periodo de progreso material que llevará a Cuba a emular con Japón,Taiwán y Corea del Sur, y Cuba será la envidia del mundo en lo material. Ahora bien, una tarea difícil es la de cambiar la idiosincrasia del cubano después de 67 años con un Gobierno pervirtiéndole y envenándole la mente y tergiversándole los principios morales. Ardua tarea les espera a los trabajadores de la educación.