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Política

Los cubanos, expectantes de un desenlace rápido que cambie sus destinos

'Si no pueden garantizar ni el agua, ¿para qué siguen gobernando?', cuestiona un residente en Pinar del Río. 'Lo que hace falta es que venga Trump y acabe de meter mano', dice una vecina de La Habana.

Miami
Un bicitaxi con una bandera estadounidense en una calle de Camagüey.
Un bicitaxi con una bandera estadounidense en una calle de Camagüey. Diario de Cuba

Cuba está bajo un bloqueo petrolero por parte de Estados Unidos desde enero pasado. Sin embargo, la Administración del presidente Donald Trump permitió la entrada por motivos humanitarios de un petrolero ruso a la Isla a finales de marzo. Este mes de mayo, la Casa Blanca endureció la presión económica contra la industria minera que el régimen operaba de conjunto con la empresa canadiense Sherritt, pero admitió estar dispuesta a proporcionar asistencia directa al pueblo cubano por valor de 100 millones de dólares si el régimen cubano lo permitía.

Con esas acciones Washington aclara a los cubanos que busca asfixiar al Estado totalitario, no al ciudadano común.

Entre penurias y una mentalidad de plaza sitiada exacerbada en Cuba, hoy muchos viven expectantes de un desenlace rápido, que cambie su destino tras 60 años de tiranía socialista.

Del hastío a protestar: "Si no garantizan lo básico, váyanse y dejen a otros"

En los pueblos pequeños de la Isla las cosas empeoran más rápido que en La Habana.

En Candelaria, un municipio de 20.000 habitantes situado unos 80km al suroeste de la capital, el joven José Jorge Gutiérrez me cuenta que la filial local del monopolio estatal de telecomunicaciones, ETECSA, quedó apagada por falta de combustible la semana pasada.

El sábado "le surtieron 100 litros de gasolina, que se usarían en principio para dar servicio de 9:00 a 11:00 de la mañana y de 7:00 a 9:00 de la noche". El resto del tiempo, sin electricidad, por lo general el municipio queda "incomunicado", dijo en referencia al acceso a internet, principal vía para acceder a información alternativa a la maquinaria mediática socialista.

En una entrevista transmitida la semana pasada en la televisión nacional estatal las noticias no fueron mejores. El ministro de Energía de Cuba, Vicente de la O Levy, declaró que las reservas de diésel y fueloil del país se han agotado por completo y que el sistema energético está en soporte vital desde enero debido al embargo petrolero estadounidense.

Gutiérrez dice que Candelaria ha tenido en la última semana, como máximo de servicio eléctrico seguido, solo cuatro horas. "Hemos superado las 36 horas de afectación continúa".

En ese contexto, le parece estar en una película de supervivencia. "No puedes guardar nada porque se pudren los alimentos, el calor terrible, el agua se acaba", enumera. En un grupo de WhatsApp, la delegada oficialista local informó que, tras testear si era posible bombear agua a Candelaria, se determinó que no, porque el municipio consumía demasiado.

"La solución es ahorrar siempre, más resistencia creativa", ironizó Gutiérrez, repitiendo el eslogan con que la cúpula arrea a las masas en medio de la carestía. "Ahora tenemos, nos dicen, que coger agua lluvia, como si viviéramos antes de que Cristóbal Colón llegara a la Isla".

El joven, líder evangélico y padre de una pequeña niña, se pregunta: "Si no pueden garantizar ni el agua, ¿para qué siguen gobernando? Hablo por mí, yo no quiero resistir más: si no pueden garantizar lo básico, váyanse y dejen que otros lo intenten; muy capaces que somos los cubanos".

A los jerarcas castristas, Gutiérrez les desea "que se arrepientan y se vuelvan a Jesucristo". Pero les recuerda: "¡De la justicia humana puede escaparse, jamás de la divina!".

Para cubanos como él, el pico actual de la crisis cíclica socialista, que llega desde el año 2019 bajo el nombre popular de "La Coyuntura", ha sido un punto de inflexión para hablar o manifestarse directamente contra la tiranía. Hace unos días decidió dejar de compartir promociones de ventas de su pequeño negocio en sus estados de WhatsApp y llenarlos con informaciones que desenmascaran al régimen. Lo hará, afirma, "hasta que Cuba sea libre".

Tres visiones para el futuro inmediato

Desde su exilio en México, el académico José Raul Gallego mantiene una comunicación estrecha con activistas y reporteros en la Isla. Para él hay tres posiciones evidentes entre la población general. De un lado, simpatizantes del régimen, que se oponen de manera abierta a cualquier tipo de presión o acción (militar, económica, política) que pueda implicar su final. Esta, en su opinión, no es una posición mayoritaria dentro de Cuba hoy.

Un segundo grupo de personas, susceptible a la propaganda castrista de que los norteamericanos arrasarán el país, lanzarán bombas, etc., tiene miedo. Gallego considera que estos incluso preferirían mantener el estado de cosas actual o buscar otras vías que dejen fuera una acción militar. "Ahí también incluiría a personas que, siguiendo ese discurso falaz de la soberanía y la autodeterminación, también se oponen a cualquier tipo de intervención extranjera en el país". Esa, cree, "es una masa considerable". 

Y, por último, Gallego identifica a una parte de la población que "han llegado a un punto, ya sea por convencimiento de que el régimen no va a cambiar de otra manera, o porque su situación humana, económica, política, es tan agobiante, que dicen 'que pase lo que tenga que pasar, pero que pase algo; esto no puede seguir así'".

Según el experto, la posibilidad de una acción armada externa que derroque a la tiranía es cada vez más aceptada por los cubanos, más después de atestiguar la operación de extracción del dictador socialista venezolano Nicolás Maduro el 3 de enero. "Vieron que fue un ataque quirúrgico, que apenas dejó dos víctimas civiles".

En diálogo para este reportaje, Gallego resaltó cómo incluso ese apoyo a una acción militar estadounidense se refleja en videos que ha visto en las redes sociales. La gente va perdiendo el miedo de expresarse. Aunque "te puede costar pena de muerte o 30 años de prisión por sedición", muchos cubanos lo están diciendo abiertamente y "cada día aparecen en las calles carteles con mensajes del tipo 'Trump, ¿hasta cuándo?' o 'Trump, ¡mete mano!'".

Alimento y esperanza

Magdalena Hernández, habanera de 60 años que nació con la Revolución, dejó de seguir las noticias a través de la radio o la televisión estatal en 2021. No solo por los continuos apagones, sino porque perdió la confianza en la palabra del Estado.

Ese año vio en Facebook un video de un nieto de Fidel Castro pavoneándose de manejar un auto de lujo en la Isla. Ella miró a su viejo apartamento de arquitectura soviética, y al refrigerador vacío, descongelado tras una rotura. "No les creo, acabaron con el país", dice.

Por casi siete décadas el castrismo ha infundido en la población el temor de una posible invasión norteamericana; sin embargo, fueron los gobernantes cubanos quienes hundieron la economía, la infraestructura y las instituciones de la Isla. Con un nuevo pico estos días, el régimen liberó una "Guía familiar para la protección ante una agresión militar", en medio del bloqueo petrolero y las promesas de la Administración Trump de tomar Cuba.

La respuesta de Hernández es la de muchos otros cubanos: "¡Lo que hace falta es que venga Trump y acabe de meter mano!". Su desespero se mezcla con esperanza: que la presión obligue a un cambio de régimen. Gracias a una pensión mensual equivalente a menos de 10 dólares, depende de una iglesia evangélica que le ofrece una comida diaria.

Mariana, que ha pedido anonimato por asuntos de seguridad, pastorea con su esposo una de las tantas iglesias que ayudan a la empobrecida y envejecida población cubana. En el oeste capitalino, el Ministerio Embajadores del Reino cocina en una casa particular para alimentar a habaneros en necesidad que encuentran mientras evangelizan semanalmente.

La ciudad ha cambiado mucho. Mariana ve más personas durmiendo en las calles o buscando comida en la basura. Su congregación está llena de madres solteras y discapacitados. Hace unos días, caminó por la localidad repartiendo comida y terminó a las 11:00 de la noche.

El ministerio era un sueño desde que ella y su esposo noviaban. Comenzaron sacando dinero de sus salarios y ahorros para cocinar extra para algunos necesitados en el vecindario. Hoy continúan con ayuda de cubanos que viven en Estados Unidos y pequeños emprendedores que donan su diezmo para su ministerio.

Mariana consigue haciendo largas colas bajo el inmisericorde sol del trópico, ingredientes simples que son hoy un lujo en Cuba: arroz, viandas, pollo. Trabaja con discreción, dice, para no llamar la atención del Estado, el mismo que se niega a registrar legalmente iglesias nacidas tras 1959.

Desde mediados de enero de 2026 las organizaciones religiosas cubanas han cobrado mayor relevancia en la distribución de ayuda humanitaria. En esa fecha comenzaron a llegar cargamentos de ayuda desde Estados Unidos, que son distribuidos en el territorio nacional mediante iglesias. La esperanza era que no fuera tocada por el Estado, sino que llegara directamente a las manos de los damnificados por el huracán Melissa en la zona oriental del país.

"Dios nos ha puesto aquí para ser una columna para el que lo ha perdido todo", dice Mariana. "Llevar alimento y esperanza en Cuba es una misión de vida o muerte".

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3 comentarios

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Profile picture for user Ana J. Faya

Es demencial la posición del régimen. Si se mantienen en sus trece, no tienen cómo resolver una situación que cada día empeora más.

Profile picture for user Amadeus

Para GAESA deben ser tiempos difíciles nunca antes vivido. El internet los ha descubierto ante el mundo. Ya saben abiertamente que no son queridos por la población y que en el caso de una intervención militar no puede contar con ellos, al menos la mayoría. El país se hunde y no tiene manera de evitarlo; están asediados por USA y las posibilidades de mantener el sistema cada día que pasa son nulas.

Profile picture for user Proscopito Arrechabaleta

Expectantes que les caiga del cielo vaya.

Not happening.