Poco más y llega sin avisar. En unas horas, el director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), dijo que iba. Y fue.
Ya hay quien dice que ese 14 de mayo, sobre una angosta mesa, adornada con las apresuradas flores de un cutre protocolo que no atina siquiera a cerrar bien las cortinas, quedó el cadáver de la Revolución. Porque John Radcliffe no vino a fumarse un Cohíba, tomarse un trago de ron y ver el show de los esbirritos cantores de La Colmenita. De hecho, es la primera vez en 67 años que una personalidad norteamericana (expresidente, presidente, legislador, intelectual, artista o activista) pisa tierra de la Isla con la estricta misión de ayudar al pueblo cubano. Y solo al pueblo cubano.
Más temprano que tarde, se sabrá en detalle el mensaje del presidente Donald Trump. ¿Les mandó a decir que se tienen que ir? ¿O les mandó a decir, como a los chavistas, que se tienen que dejar gobernar? Esta vez, la dictadura contuvo su pulsión fotófila y no soltó ni una imagen del encuentro. Por la foto que dio a conocer la CIA, se entiende. Es la primera imagen de nuestra esperada victoria contrarrevolucionaria. De un lado, Radcliffe, en una complacida posición de firmes. Al frente, el jefe de la Inteligencia castrista, general de brigada Ramón Romero Curbelo, con cara de haberle caído un 20 de mayo. Para ser precisos: un 20 que le cayó un 14.
Según la nota de la CIA, por la parte cubana estuvieron, además de Romero, el ministro del Interior (MININT), general de cuerpo de ejército Lázaro Alberto Álvarez Casas, y el coronel del MININT, Raúl Guillermo "El Cangrejo" Rodríguez Castro. Nombres (y apodos) que son el retrato del poder. Romero y Casas tienen en sus manos las llaves de la represión y la protección de la elite y sus riquezas. El Cangrejo es la oreja de su abuelito Raúl; en términos dinásticos, la verdadera continuidad. Fuera de la foto quedan el Estado, el Partido y la Asamblea Nacional, reducidos en esta crisis terminal a su máxima abstracción: un barco fantasma con Miguel Díaz-Canel amarrado al palo mayor.
El hermetismo del círculo del poder real impide valorar cuáles son las opciones contempladas por sus jerarcas, así como las obvias diferencias que la edad y las posibilidades de disfrute de propiedades, negocios y dineros imponen a su conversación cenacular, por reducido que sea el número de los interlocutores. Cabe pensar que el miedo es el más poderoso factor aglutinador. Miedo a ser procesados, desposeídos, extraditados, segregados de un futuro orden. Miedo, sobre todo, a la furia de un pueblo que los vea, finalmente, en desbandada.
Podemos dar por cierto que las opciones disminuyen al paso de los días. Sin embargo, no hay que subestimar el grado de renuencia al cambio sustentado por más de medio siglo de inamovilidad totalitaria y el arraigado reflejo de supervivencia frente a un enemigo que hasta ahora se ha dejado burlar a cajas destempladas. Al menos, en un plano retórico administrado por la sub-elite que no está en la mesa de negociaciones, permanece la mentalidad de barricada. Desde el palo mayor, aturdido por la tormenta, Díaz-Canel delira con tierra firme.
El nudo gordiano del castrismo está en que la única salida que le queda frente a los americanos son los americanos. Cancelada la manutención venezolana, no hay sobre la faz de la tierra un organismo huésped capaz de acoger nuestra parasitaria isla. Se supone que en este punto la realidad exige su salario. La elite castrista y nuestros soberanistas de salón deben interiorizar la noción de que en el norte revuelto y brutal ha llegado la hora de impedir con la liberación de Cuba que China y Rusia sigan cayendo, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América.
En aras de evitar mayores daños, esperemos que al abuelito Raúl le hayan hecho entender, al pie de la letra, el mensaje que le llevó Radcliffe.
Claridad, y un humorismo fino y certero: el artículo de Andrés analiza este “momento cubano” y su triste avatar. Todos estamos en ascuas, a la espera de la generosidad de los americanos. Al Castrismo le dio por llamar “fatalismo” a la cercanía geográfica con USA; yo diría “esperanza” y “optimismo”. Estar frente a ellos siempre fue un beneficio y, ahora, pueden ser los salvadores de ese pueblo. Pienso en cómo llegamos a este momento. ¿Cómo han logrado los mismos habitantes de una isla, hundirla? ¿Fue nuestra herencia cultural, el humor, la siesta, la magia del resentimiento? Como bien dice Juan Abreu: “Si el presidente Trump bombardea por fin Cuba y acaba con la dictadura de los Castro (y con los Castro, si no es mucho pedir), habría que hacerle una estatua gigantesca y áurea en La Habana. Una estatua tan alta que podría verse desde cualquier punto de la isla. Una estatua perennemente iluminada para que los cubanos nunca olviden quién los liberó de las siniestras tinieblas..."
Creo que el régimen vitalicio de la familia Castro y la banda terrorista del MININT no se acaban de poner de acuerdo con el CIA sobre el por ciento que les va a tocar de la franquicia, acostumbrados al monopolio de estado no saben negociar.
El diablo siempre actúa desde los detalles ... Póngale un velón a Chacumbele ...
Alguien del regimen le debe una explicacion a los cubanos. Como es eso que el coco del cuento (aka CIA) llega a Cuba, lo reciben y lo agasajan. Joder, con la lista de calamidades, muertes, derribos de aviones, enfermedades, virus, etc, que los Castro le endilgaron.
Hum, no habra sido una reunion entre colegas?
Fernando Godo anoche dijo algo interesante. En esas famosas listas de personajes del regimen sancionados por USA, no aparece ni un Castro. Hum, hum.
Alen Lauzán tiene un mensaje ...
https://x.com/Mazzantinimag…
Cada vez es mayor el consenso de que USA es la única opción que hay para Cuba. Solo un buchito de lunáticos diría otra cosa. Lo cruel del asunto es que el régimen sigue pataleando y creando miedos en la población, aun cuando saben que nadie va a salir en su ayuda, como dice bien el autor. Ni al final de sus días alcanzan altura.
La visita de la CIA en la Habana acelera la probabilidad de una intervención militar en la isla; porque la presión por parte de los Estados Unidos se comporta como una locomotora que cobra velocidad con el tiempo.