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Política

El día en que Fidel Castro desterró la libertad del lenguaje del poder

'Estos son los inicios de la carga de las culpas sobre los hombros de la población. Es el momento en que, desde el poder, se comienza a volverlos cómplices, culpables y verdugos'.

Madrid
Fidel Castro en la 'Caravana de la Libertad', enero de 1959.
Fidel Castro en la 'Caravana de la Libertad', enero de 1959. HistoryFound/DDC

El 3 de enero de 1959 Fidel Castro es entrevistado por primera vez en público después de la caída de la dictadura. La entrevista que CMQ le realiza desde Camagüey es un texto político de primer orden por su carácter performativo, en el que ya aparecen articuladas varias de las características totalitarias del régimen posterior.

La performance de encanto y seducción que despliega con el periodista no puede ocultar que, al analizar sus palabras, se perciben claramente aspectos como la afirmación de la autoridad personal mediante su negación formal. También aparece la legitimación de futuras excepciones jurídicas —como los fusilamientos— a través del supuesto consentimiento popular, sostenido en la construcción discursiva de una fusión entre pueblo y fuerza armada. Y, sobre todo, se observa la construcción, a solo 48 horas del triunfo, de un futuro sujeto popular unánime que se sienta parte del poder sin ser tenido en cuenta.

Todos estos rasgos están ya presentes en sus palabras del 3 de enero de 1959, antes incluso de haber entrado en La Habana.

La entrevista ocupa 19 páginas en las que, si se descuentan las intervenciones del periodista, Castro pronuncia unas 9.000 palabras. De ellas, solo en dos ocasiones emplea el término "libertad", y en ambos casos como expresión pasiva. Esta ausencia, en su primer discurso, del concepto más utilizado en la etapa anterior merece atención.

Al ser la primera vez que los micrófonos de la emisora y del programa de mayor audiencia del país —Ante la Prensa— le brindaban la posibilidad de contar con una tribuna que llegaría prácticamente a la totalidad de los ciudadanos, podría esperarse una intervención cuyo eje fuera el logro de la ansiada "libertad". Sin embargo, eso no ocurre: el lenguaje republicano-martiano que había caracterizado sus textos entre 1953 y 1958 desaparece casi por completo, hasta el punto de que "democracia" y "elecciones" no aparecen ni una sola vez en su significado constitucional. Por el contrario, se asocian a hechos negativos —"salí de La Plata con 16 hombres poco después de las elecciones"— o a alusiones a conversar democráticamente con los militares.

¿Cuál es entonces la base discursiva de la entrevista?

La entrevista tiene una base con una fuerte carga populista: "pueblo", "revolución" o "revolucionario" y "triunfo" son los conceptos centrales que sostienen sus argumentos. Esas cargas se desplazan desde inocuas descripciones de alegría popular hasta momentos como el siguiente: "Yo siempre dije que en el futuro no habría venganza, porque habría justicia. Pero justicia quiere decir llenar los requisitos elementales del procedimiento, aunque hay casos en que todo el mundo sabe que no queda otra alternativa que aplicarles la pena de muerte, porque son hombres que algunos han cometido hasta 20 y 30 asesinatos, y es imposible en esos casos no aplicarla. El pueblo no quiere otra cosa, sino que se les aplique la pena de muerte".

Nótese que comienza asumiendo una posición casi de vergüenza personal, mezclada con cierto aire de martirologio del poder. Él, Fidel Castro, no desea que siga corriendo la sangre, no quiere más muertes, pero se ve obligado a ceder, pues su papel es el de un simple ejecutor de la voluntad del pueblo. El pueblo es el que quiere fusilamientos, penas de muerte, venganza disfrazada de justicia.

La autoridad popular en la que se basa aparece en un falso sentido activo, el pueblo aparece exclusivamente en construcciones volitivas y afectivas: "el pueblo no quiere otra cosa", "lo que desea el pueblo", "el pueblo está dispuesto a colaborar", "el pueblo está lleno de júbilo", "los deseos del pueblo de La Habana"...

Estos son los inicios de la carga de las culpas sobre los hombros de la población. Es el momento en que, desde el poder, se comienza a volverlos cómplices, culpables y verdugos. Lo que el pueblo desea no requiere de él ninguna acción específica más allá de ese deseo; el cumplimiento, a veces triste y terrible, corresponde al líder y a sus subordinados, quienes, pese a sus opiniones personales, se verán obligados a cumplir la voluntad popular. La distancia entre soberanía nominal y práctica política queda así estructuralmente garantizada, mediante una instrumentalización del sentido de la culpa.

La sustitución del deber basado en procedimientos, leyes, elecciones y constitución por el deber afectivo es decisiva, pues será el modelo que se seguirá en lo adelante para evitar reiteradamente un plebiscito nacional. El cumplimiento de ese deber afectivo es autoevaluable por quien lo enuncia; o sea, Castro decide cuándo ha cumplido suficientemente. La gramática del deber sentimental es siempre, en términos prácticos, una gramática del deber sin rendición de cuentas posible.

Desde entonces, esa construcción del poder sentimental, que es siempre nominal, se consolidó en una intensa campaña mediática, cultural y educativa que construyó la leyenda del mártir del poder y la personalizó en él. Castro no tenía casa, y Cuba se llenó de carteles de "Esta es tu casa Fidel". Castro no tenía esposa, y los poetas convirtieron a todas las niñas en sus novias. Castro no tenía sueldo, y el pueblo exigió que se le creara un fondo personal. Castro que apenas se cuidaba, no dormía, casi no comía, siempre en desvelo constante; y el pueblo trabajaba más, pedía comer menos, hacía guardias en las noches y donaba azúcar de su cuota a los hermanos latinoamericanos. El pueblo líder que, mientras era necropolitizado, creía gobernar.

El 3 de enero de 1959, desde las cámaras de CMQ, Fidel Castro desterró del lenguaje del poder la libertad y la democracia. Siguen desterradas todavía; traerlas de regreso no será un asunto fácil, ni siquiera si hoy cayera la dictadura. Al haber sido extirpadas hace casi siete décadas, las prácticas libertarias y democráticas se han perdido en la memoria colectiva.

Para su regreso, lo primero es reintegrarlas en el lenguaje activo y despersonalizar la libertad y la democracia, que durante casi un siglo han estado atadas a personas y no a plataformas. La República martiana era "Con todos y para el bien de todos".

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4 comentarios

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Profile picture for user Proscopito Arrechabaleta

En fin que nuestros padres y abuelos se la dejaron "meter doblada" que se dice por aquí, entregando el país a una obvia panda de bandoleros debido a una mezcla pavorosa de ignorancia e irresponsabilidad de la que varias generaciones después aún sufrimos las consecuencias.

Profile picture for user Ana J. Faya

Otro artículo minucioso de Cañellas sobre los documentos y entrevistas de Fidel Castro, que me dejan siempre con el vacío del contexto en que se producen. Creo yo, que lejos de disminuir sus conclusiones, al autor le servirían para calzar más aún sus tesis. ¿Es que al llegar a Camagüey ya las fuerzas de Fidel Castro habían logrado sacar del poder a los militares del batistato? ¿Es que Camilo Cienfuegos ya había llegado a Columbia y había sometido a Barquín y su gente? ¿Es que las fuerzas del DR todavía no habían llegado a Palacio, habían salido de La Cabaña, habían entregado armas o se posicionaban? ¿Por qué el intento de suicidio de Aquiles Chinea del DR? ¿Es que en Camagüey contaba ya Fidel Castro con el poder bajo su Ejército Rebelde? Para mí, respuestas a esos hechos pudieran argumentar con más fuerza el enjundioso análisis de Cañellas, pero sería otro artículo.

La ignorancia de los cubanos sobre nuestra historia es tremenda y ahí me incluyo. Que libros / fuentes recomiendan los foristas sobre esos primeros años del castrismo?

Muy interesante! Pero hay algun enlace para que podamos leer la entrevista?