El petrolero ruso Anatoly Kolodkin zarpó este viernes de la bahía de Matanzas tras completar, en apenas 96 horas, la descarga de las 100.000 toneladas de crudo enviadas por Moscú a Cuba bajo la etiqueta de "gesto humanitario".
Según informó la estatal Cuba Petróleo (CUPET), citada por el portal oficial Cubadebate, las operaciones se realizaron de manera automatizada y sin contratiempos en el muelle de aguas profundas de la base de supertanqueros de Matanzas, una instalación con capacidad para recibir buques de hasta 180.000 toneladas de desplazamiento.
La salida del Kolodkin marca el cierre de la primera operación de suministro ruso de combustible a la Isla desde diciembre de 2025 y las informaciones oficiales apuntan a que el Gobierno cubano ya comenzó el traslado por cabotaje del crudo hacia las refinerías nacionales para el pproceso de refinación.
Las autoridades cubanas prevén obtener del petróleo ruso de la línea Urales unos 292.000 barriles de fuel para termoeléctricas y generación distribuida, más de 255.000 barriles de diésel, alrededor de 109.000 barriles de gasolina y cerca de un 10% de gas licuado de petróleo, precisó el sábado el periodista José Miguel Solís en su perfil de Facebook.
Sin embargo, incluso esas cantidades apenas aliviarían la crisis energética del país. Cuba necesita alrededor de 100.000 barriles diarios de petróleo para cubrir sus necesidades, pero solo produce entre 40.000 y 45.000 barriles de crudo pesado en la costa norte de La Habana y Matanzas, destinado sobre todo a las envejecidas termoeléctricas.
El Gobierno cubano ha insistido en que parte del diésel será destinado a la generación eléctrica, el transporte y actividades consideradas esenciales. También prevé usar el fuel para las patanas y las termoeléctricas de Mariel y Moa, mientras que el gas licuado se reservaría para hospitales y otros centros priorizados.
No obstante, la refinación de crudo ruso en Cuba tiene limitaciones importantes. Las refinerías cubanas, diseñadas desde la época soviética para procesar petróleo tipo Urales, tienen bajos rendimientos de productos de alto valor. Según el investigador Jorge Piñón, del Instituto de Energía de la Universidad de Texas, esas plantas producen alrededor de un 54% de fuelóleo con alto contenido de azufre y solo un 34% de combustibles más valiosos, como diésel, queroseno y gasolina.
Además, las instalaciones cubanas tienen poca capacidad para procesar crudos pesados y con alto contenido de azufre, lo que obliga al régimen a depender de petróleos importados más ligeros y caros, como el Mesa 30 venezolano, el Istmo/Olmeca mexicano o el Urales ruso.
La principal novedad ahora es que Moscú ya prepara un segundo envío de energéticos hacia Cuba. El ministro ruso de Energía, Serguéi Tsivilev, afirmó la semana pasada que un nuevo buque está siendo cargado, aunque no precisó ni la cantidad de combustible ni la fecha estimada de arribo.
"No dejaremos a los cubanos en apuros", dijo Tsivilev, en una declaración que refuerza la apuesta del Kremlin por sostener a La Habana en medio del colapso energético.
La llegada del segundo cargamento, sin embargo, dependería de Washington. La Casa Blanca dejó claro recientemente que permitirá o no la entrada de petroleros a Cuba evaluando cada caso de manera individual.
De hecho, el arribo del Anatoly Kolodkin fue autorizado por Estados Unidos bajo la justificación de que se trataba de ayuda humanitaria para la población cubana. La portavoz presidencial Karoline Leavitt subrayó entonces que esa decisión no implicaba un cambio de política hacia La Habana.
También el Kremlin admitió que la llegada del buque había sido discutida previamente con interlocutores estadounidenses, lo que sugiere que Moscú ya estaría negociando las condiciones para un segundo envío.
El Kolodkin fue además el primer petrolero en abastecer a Cuba desde el 9 de enero, cuando llegó a La Habana un buque procedente de México, poco antes de que Donald Trump amenazara con imponer aranceles a los países que exportaran crudo a la Isla.
Aunque las 100.000 toneladas descargadas en Matanzas pueden aliviar temporalmente los apagones y la falta de combustible, siguen siendo insuficientes para revertir la crisis estructural del sistema energético cubano, marcado por la falta de inversiones, la obsolescencia de las refinerías y la dependencia de aliados políticos para garantizar suministros mínimos.
Este domingo, más del 58% de Cuba enfrentó apagones. La estatal Unión Eléctrica reportó siete unidades termoeléctricas fuera de servicio entre averías y mantenimientos, lo que dejó una disponibilidad de apenas 1.278 MW frente a una demanda de 3.000 MW. Así, el déficit superó los 1.700 MW.