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Pobreza

De la miseria de la leña al 'lujo' del carbón: las opciones para cocinar que deja el régimen a los cubanos

En la crisis alimentaria que sufren las familias cubanas no solo influye el excesivo costo de los alimentos, sino también el cómo cocinarlos.

Santiago de Cuba
Una cocina de leña en Santiago de Cuba.
Una cocina de leña en Santiago de Cuba. Diario de Cuba

La precariedad de la vida cotidiana en Cuba se acentúa con la aguda crisis del Sistema Eléctrico Nacional (SEN). La fragilidad de las sobrexplotadas termoeléctricas, que provoca las continuas caídas de la red nacional, han ido eliminando el uso de la electricidad para la cocción de los alimentos, dejando a la leña y al carbón como las únicas opciones viables en la mayoría de los hogares, que tampoco tienen acceso al gas a partir del bloqueo al envío de combustible a la Isla por parte de Estados Unidos.

En la inseguridad alimentaria que sufren las familias cubanas no solo influye el excesivo costo de la comida, sino también el cómo cocinarla. Con el gas fuera de la ecuación, a las familias solo les quedan tres opciones: la electricidad, el carbón y la leña. La primera está muy reducida debido a los apagones de entre diez y 20 horas en todo el país, ello obliga al uso cotidiano del carbón y la leña en las ciudades, pero el carbón se ha vuelto un "lujo" debido a sus altos precios, mientras la leña queda para los más pobres.

Cocinar con leña o carbón es especialmente molesto para quienes viven en edificios. No obstante, en el distrito José Martí, de Santiago de Cuba, como en muchos otros barrios del país, ya es común ver humaredas saliendo de los apartamentos o de las áreas comunes de los edificios. La urgencia alimentaria obliga a los vecinos a improvisar fogones que tiñen de hollín los interiores e impregnan los espacios con un particular olor, mezcla de madera y plásticos quemados.

Moret, de 71 años, vive solo y cocina con leña. Ha creado un imponente fogón en el reducido espacio del patio de su apartamento, ocupado mayormente por tanques de agua. "Si compro carbón, no puedo comprar comida. La leña es gratis", saca cuentas en el patio ennegrecido por el hollín. "Ya tenemos la experiencia del Período Especial. Fue rápido armar la cocina, el problema aquí es encontrar leña seca, pero ya hice un secadero en el descanso de la escalera, que ahora es mi leñera también", agrega.

La leña la recopila de las ramas partidas semisecas que penden de los árboles dañados por el huracán Melissa. Para encenderla, usa como acelerantes pedazos de nylon y poliespuma, sobre todo los envoltorios de la cerveza Parranda, que según la experiencia popular "sueltan un aceite al derretirse que aviva el fuego".

Aunque es consciente del peligro para la salud que representa la inhalación del humo, se niega a trasladar su fogón a los espacios más abiertos del rellano. "Ya tuve problemas con los vecinos por el humo, porque se mete en sus casas, además de que el hollín les mancha las puertas. La verdad es que la leña es muy agresiva, encenderla hace una humareda terrible, arden los ojos y lagrimean, los tengo irritados y también tengo flemas en la garganta, pero desgraciadamente hay que comer", concluye.

Según la OMS y Naciones Unidas, más de un millón y medio de personas mueren anualmente por el humo de carbón y leña que se utilizan para cocinar en muchos países en desarrollo. "El humo que se desprende de esos combustibles contiene una mezcla tóxica de partículas y sustancias químicas que superan a las defensas del organismo y duplican el riesgo de contraer enfermedades respiratorias como la bronquitis y la neumonía", además de que esas partículas son cancerígenas.

El carbón es la opción mayormente utilizada por los cubanos en las ciudades, pero no es barato. La falta de gas y electricidad lo ha encarecido rápidamente. Un saco cuesta entre 1.600 y 2.400 pesos (más que un salario mínimo, de 2.100 pesos), según el lugar, y contiene de cuatro a seis latas, dependiendo del volumen. La mayoría de la población prefiere comprarlo por latas, a un costo promedio de 400 pesos. Una lata suele durar una semana.

Las dos horas de "alumbrón" planificado no alcanzan para cocinar con electricidad, más aún si estas se producen en la madrugada. El tiempo suele ser insuficiente para elaborar con hornillas y ollas eléctricas los dos o tres platos, comúnmente viandas, arroz y picadillo, que componen la base alimentaria de la población.

Para aprovechar esas dos o tres horas de corriente, la mayoría comparte la cocción entre el carbón y la electricidad. Daniel, que vive en un apartamento en el distrito urbano Abel Santamaria, al sur de Santiago de Cuba, utiliza a la vez esas dos opciones.

"Soy asmático y enciendo el carbón fuera porque produce mucho humo cuando se está prendiendo, y si lo hago en el patio se llena la casa de humo y se queda el olor del naylon quemado que uso como acelerante. Una vez encendido el carbón, el humo disminuye y llevo el anafre para el patio. Allí ablando frijoles, hiervo vianda y caliento agua, mientras en la hornilla y la olla multipropósito hago arroz y salchicha si viene la corriente. Si no, todo lo hago en el carbón", explica. "Hay un olor a carbón en el apartamento, pero no es tan desagradable", afirma. "Al final, hay que sobrevivir y ver cómo termina la agonía de Cuba y de los cubanos", concluye.

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6 comentarios

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Bueno,los nagües son expertos en eso de resistir apagones ,hambre,falta de gas y por lo que veo, no se si es por la emigración a la capital, los "habaneros" ya se están adaptando rápidamente, lo único que no les gusta meterse a policías o será que los miembros de este cuerpo han traído a toda su familia a la capital?...

Profile picture for user JCAleman

Ese es el socialismo empobrecedor y represivo, el mismo que atrae tanto por su capacidad de control a los burócratas europeos, empezando por el detestable que desgobierna España, donde el odio a EEUU y los cantos de sirena de la igualdad, el multiculturalismo y el estado de bienestar a costa de impuestos draconianos, terminarán por tragárselos como a Venezuela.

Profile picture for user Ana J. Faya

Lo de los "medios para cocinar" en Cuba, siempre ha sido una agonía, ahora peor. Desde los 60, ¿qué cocina se vendió en una tienda cubana, y estatal que eran las únicas permitidas? Los de La Habana que tenían gas por tuberías eran privilegiados. Se pusieron a la venta unas de luz brillante que eran un peligro encenderlas y echaban humo negro para toda la casa. No se admitían nuevos clientes para gas de balón. Y las eléctricas no existían, había que inventarlas. Después se ha llegado a escaseces inimaginables con la leña y el carbón. SIEMPRE ha sido una desgracia.

Así es Doña Ana, recuerdo a mi difunta madre, sufriendo con reverberos de alcohol improvisados con latas de leche maternizadas, que no se quemó porque Dios es muy grande, después la generosa Revolución le vendió una cocina Pike de luz brillante, que la dejaba prendida con la llama azulita y en cuanto daba media vuelta, el tiznero en la cocina era de marca mayor y ahí era que mi madre se acordaba de Lina Ruz

Profile picture for user Ana J. Faya

Para qué hablar, Casino. Eso es un resumen y noble de lo que yo pasé cuando tuve familia y me vi obligada a cocinar. Eso que usted dice de su mamá es muy parecido a lo que pasé yo. A veces me pregunto cómo car.. pudimos alimentar a los hijos y sobrevivirlo.

Así es Doña Ana, recuerdo a mi difunta madre, sufriendo con reverberos de alcohol improvisados con latas de leche maternizadas, que no se quemó porque Dios es muy grande, después la generosa Revolución le vendió una cocina Pike de luz brillante, que la dejaba prendida con la llama azulita y en cuanto daba media vuelta, el tiznero en la cocina era de marca mayor y ahí era que mi madre se acordaba de Lina Ruz y no con muy buenas palabras.