Mientras los habaneros conviven con la basura o respiran el humo tóxico derivado de su incineración, ante la incapacidad de las autoridades de ofrecer una solución —lo que ha motivado numerosas críticas y comentarios de ministros y artículos en medios estatales—, el Gobierno de La Habana justificó la quema de desechos y dijo que, si bien "no son prácticas ideales desde el punto de vista ambiental, cumplen la función de contener riesgos para la salud y el orden urbano".
Así lo expresó Alexis González Inclán, coordinador de programas y objetivos de los Servicios Comunales de La Habana, en una carta enviada al medio digital oficialista Cubadebate. El directivo reconoció que "el sistema regular de recolección mecanizada no puede operar por déficit de combustible para los camiones recolectores", por lo que "los residuos se están acumulando en la vía pública, generando riesgos sanitarios, ambientales y sociales", dijo, justificando así la quema de desechos, a contracorriente de todos los criterios sanitarios y ambientales que la desaconsejan.
"Históricamente, en contextos de crisis energética, los municipios han recurrido a soluciones transitorias para evitar que la basura quede dispersa en calles y espacios abiertos. Los puntos de acopio permiten centralizar la acumulación en lugares controlados, reduciendo la dispersión de vectores y el impacto visual y olfativo", agregó.
Asimismo, González Inclán sostuvo que "la medida está dirigida a tener un mejor control sanitario y ambiental para evitar la acumulación desordenada de residuos en las vías y así reducir la proliferación de vectores y minimizar el riesgo de contaminación ambiental".
"Esta medida también facilita la recogida posterior cuando se restablezca el suministro de combustible; además, permite organizar la disposición final de manera más eficiente, concentrando los residuos en sitios estratégicos y disminuyendo costos de transportación", dijo además.
El funcionario destacó que se trata de "una salida temporal", al tiempo que afirmó que esta "se justifica en situación de emergencia para, de cierta manera, proteger la salud frente a la transmisión de enfermedades producidas por vectores".
González Inclán detalló que en la ciudad fueron certificados 24 puntos para la incineración controlada de desechos, los cuales, según dijo, fueron visitados por especialistas en salud ambiental, así como por funcionarios del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) y el cuerpo de bomberos. Debido a los criterios emitidos por estos, "se decidió no aprobar la incineración en los municipios Playa, Plaza y Cerro", agregó.
Sin embargo, en días recientes, el ministro del CITMA, Armando Rodríguez Batista, alertó que "la presencia de humo en nuestros barrios no es un tema menor: atenta contra la salud de las personas y daña nuestro entorno, algo que tenemos el deber de proteger".
"Sabemos que esta conducta genera contaminación, afecta la salud de nuestra gente y deteriora el medio ambiente. La economía circular, el reúso y el reciclaje de las materias primas contenidas en los residuos son las opciones que deben desarrollarse", recalcó. Las condiciones ambientales, no obstante, importan poco para los decisores de La Habana, cuya ineficiencia y abandono han convertido a la capital de Cuba en un vertedero.