Las celebraciones por el cuadragésimo aniversario del Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC) —el congreso que marcó "un antes y un después" para la Iglesia Católica en la Isla— han reactivado las opiniones sobre una "actualización" frente al complejo contexto político, económico y social del país.
"Que no se quede en una memoria agradecida del pasado ni en un lamento del presente, sino que sea un estímulo e inspiración para trabajar por prever, sanar y edificar un futuro (…). Un segundo ENEC podría servir para que la Iglesia en Cuba llegue a tiempo a nuestro futuro ya próximo", escribió Dagoberto Valdés, único sobreviviente de la presidencia de aquel evento.
El director del Centro de Estudios Convivencia asegura que "Cuba se acerca a un cambio de época, entre la incertidumbre y la esperanza", proceso en el cual los cristianos quieren "ser parte de transformaciones estructurales profundas".
El ENEC se celebró en La Habana del 17 al 23 de febrero de 1986, como "un proceso de profunda escucha al Espíritu Santo y al pueblo", recordó la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba (COCC) en un especial dedicado a "actualizar esa memoria viva".
Aquel camino comenzó años antes con la Reflexión Eclesial Cubana (REC), un discernimiento que involucró a comunidades y parroquias de todo el país. Entre 1982 y 1985, la Iglesia Católica analizó su realidad y gestó un hito que, según expertos, "superó al Sínodo de Cuba de 1681 como el evento más importante en cinco siglos de historia eclesial".
"La Iglesia no quiere otra cosa que el espacio necesario para cumplir su misión, para dar también su juicio ético y moral —no político— incluso sobre problemas no estrictamente religiosos, pero sí humanos. La Iglesia, en fin, espera que la fe deje de ser aquí un problema, una debilidad o un diversionismo ideológico", dijo Adolfo Rodríguez, entonces obispo de Camagüey, en el discurso inaugural.
En declaraciones a DIARIO DE CUBA, José Conrado Rodríguez, párroco de Trinidad y participante, rememoró cómo "todo el proceso se realizó contando con lo que teníamos en Cuba, sin acudir a la asesoría y la dirección de agentes externos", con un "resultado que está a la vista: en el documento final y en el caminar de nuestra Iglesia desde 1986 hasta hoy".
¿Es o no el momento?
Para el sacerdote Alberto Reyes, de Camagüey, aunque el ENEC fue un punto de inflexión, hace falta una nueva mirada: "Hay muchas cosas que siguen siendo válidas por ser universales, pero, como programa para la Iglesia, creo que no es el referente actual. La situación en Cuba está abocada a muchos cambios; es extremadamente inestable e incierta", consideró el religioso en diálogo con DDC.
Reyes no cree que ahora sea el "momento ideal" para que la institución se detenga a planificar su futuro a largo plazo, pues apenas logra responder a las urgencias del presente. "Las cosas pueden cambiar muy rápidamente. Es momento de ir olfateando la realidad, pero no de sentarse a hacer otro ENEC", afirmó.
En cambio, José Conrado Rodríguez considera que la "actual crisis terminal de la realidad política y social" impone una actualización de aquel proceso reflexivo y dialogal, para "construir una Iglesia capaz de contribuir al proyecto martiano de 'una Patria con todos y para el bien de todos'".
Vida Cristiana —la publicación católica más antigua de la Isla— recordó esta semana que el evento de 1986 intentó "pasar página para activarnos de nuevo hacia la misión real" de evangelizar. "Tras los conflictos Iglesia-Estado de los años 60, permanecíamos encerrados en nuestros templos, sin la posibilidad de anunciar y vivir libremente nuestra fe", señaló la revista, destacando que de aquellos frutos derivaron las visitas de tres pontífices.
Eduardo Mesa, miembro del Partido Demócrata Cristiano de Cuba, coincide en la necesidad de renovación: "Del mismo modo que el ENEC respondió a un contexto donde se creía que el socialismo era inmutable, es probable que pronto veamos una actualización de su espíritu que responda a los desafíos del final del régimen".
Para el activista y político cristiano, lo más valioso del ENEC no fue el documento final, sino el proceso en sí: "Ha impreso en la Iglesia cubana un estilo participativo que contrasta con el clima represivo y tiránico que hemos padecido la mayoría de los cubanos".
En un mensaje enviado el 11 de febrero de 1986, el papa Juan Pablo II deseó que el proceso diera a la Iglesia en Cuba un "renovado entusiasmo apostólico". Ante la incertidumbre de los resultados, el recordado Adolfo Rodríguez se preguntó y respondió proféticamente: "¿Qué pasará históricamente después del ENEC? Tal vez mañana nos parezca que no ha pasado nada… pero sí ha pasado".
Deben seguir lo contrario al no-ejemplo del Cardenal Ortega, que promovió la deportación de cubanos a España. Pidan la liberación de los presos políticos.
la Iglesia la fundo Cristo en 33AD, ahi esta y estara hasta su regreso. Todo lo demas es boronilla