Mientras el Gobierno cubano insiste en una supuesta mejoría del escenario epidemiológico, la realidad que enfrentan miles de ciudadanos en barrios y hospitales del país sigue marcada por el subregistro de casos, la escasez de medicamentos y un sistema de salud cada vez más debilitado.
Este martes, el gobernante Miguel Díaz-Canel encabezó una nueva reunión con expertos y científicos en temas de Salud, en la que las autoridades sanitarias reportaron una disminución de los síndromes febriles y de los casos de chikungunya. Sin embargo, el propio parte oficial confirma que el dengue continúa afectando con especial intensidad a varias provincias y que los contagios persistirán en las próximas semanas, recogió el diario oficial Granma.
Según la viceministra de Salud Pública, Carilda Peña García, al cierre de la semana 50 del año se registró una reducción del 21,1% en los síndromes febriles respecto a la semana anterior, un indicador que el Gobierno presenta como señal de avance. No obstante, aunque el Ministerio de Salud Pública (MINSAP) publica cifras diarias de casos, estas estadísticas no logran reflejar la verdadera dimensión de la epidemia, marcada por limitaciones diagnósticas, demoras en la atención médica y una amplia población que se automedica o no acude a los centros de salud.
En el caso del dengue, siete provincias mantienen tasas superiores a la media nacional, entre ellas La Habana y Santiago de Cuba, los dos principales centros urbanos del país. Las autoridades, sin embargo, evitan ofrecer cifras detalladas por territorio, datos de hospitalización o información sobre mortalidad asociada, elementos clave para evaluar la gravedad real del brote.
Respecto al chikungunya, el MINSAP informó una reducción del 12,3% en los casos reportados y una disminución de pacientes que requieren cuidados intensivos. El discurso oficial contrasta con los testimonios de ciudadanos que denuncian la falta de analgésicos, antipiréticos y otros medicamentos básicos, así como la persistencia de dolores articulares severos sin seguimiento médico adecuado.
Durante la reunión, las autoridades recurrieron nuevamente al respaldo de modelos matemáticos desarrollados por especialistas de la Universidad de La Habana, los cuales "coinciden" con la tendencia a la mejoría. Sin embargo, estos modelos no se hacen públicos ni son sometidos a evaluación independiente. El propio responsable del análisis, el doctor en Ciencias Raúl Guinovart Díaz, director de Ciencia y Técnica de la Universidad de La Habana, reconoció que la transmisión de arbovirosis continuará en las próximas semanas, un reconocimiento que relativiza el optimismo oficial.
Como parte central del encuentro, las autoridades destacaron dos ensayos clínicos con Jusvinza, un fármaco desarrollado por el estatal Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), aplicado en pacientes con chikungunya en fases posaguda y crónica. Aunque se subraya su "buen perfil de seguridad" y la adherencia al protocolo, aún no existen resultados clínicos concluyentes, ni se aclara si el medicamento estará disponible para la población general en un contexto de desabastecimiento farmacéutico crónico.
El énfasis en los ensayos clínicos y en la biotecnología estatal vuelve a ocupar un lugar central en la narrativa oficial, mientras quedan fuera del debate público problemas estructurales como la falta de agua potable, la acumulación de basura, el deterioro del saneamiento ambiental y el éxodo de personal sanitario, factores directamente vinculados a la expansión del dengue y el chikungunya.
Esta semana, Félix Drexler, profesor del Instituto de Virología de la Clínica Universitaria Charité, en Berlín, Alemania, y coordinador del proyecto GLACIER, que colabora con instituciones científicas de Cuba y otros países de la región latinoamericana, advirtió que las epidemias que enfrenta la Isla "no es solo una fiebrecita, sino que va a quedar mucha gente debilitada por varios meses".
En declaraciones a la Deustche Welle, Drexler apuntó que él, junto a colegas cubanos, anticiparon la crisis sanitaria que ha dejado miles de contagios y 47 muertes, la mayoría niños, según las cifras oficiales, "hace ocho o nueve meses".
Lo que vive Cuba "sería mucho para cualquier sistema de salud", señaló el experto. Pero en la Isla "faltan recursos, cooperación internacional, acceso a vacunas y articulación entre actores".
Durante el XI Pleno del Comité Central del Partido Comunista, el Gobierno cubano reconoció deficiencias en la gestión de la actual crisis epidemiológica, aunque volvió a justificar los fallos estructurales del sistema de Salud Pública culpando al embargo estadounidense, la supuesta "guerra mediática" y factores externos, según publicó el diario oficial Granma.
El gobernante Miguel Díaz-Canel admitió que la epidemia de chikungunya se extendió con rapidez porque las autoridades estaban concentradas inicialmente en la respuesta al dengue, una afirmación que supone un reconocimiento implícito de falta de previsión sanitaria y de sistemas de alerta eficaces. Según el mandatario, la vulnerabilidad de la población es hoy mayor y el país debe "actuar con más tiempo", aunque no explicó cómo, en medio de carencias que persisten.
Díaz-Canel reconoció además "problemas subjetivos de organización, seguimiento y control", una formulación habitual en el discurso oficial que diluye responsabilidades concretas y evita señalar decisiones políticas o administrativas específicas.
Actualmente, existen dos vacunas contra el chikungunya recientemente aprobadas y disponibles en la Unión Europea y EEUU, pero no están certificadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), ni disponibles en América Latina. Y tampoco hay inmunización contra el dengue disponible en Cuba, corroboró la Organización Panamericana de la Salud (OPS).