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Emigración

El secreto de Cobijo para devolver la vida a cubanos que llegan a España

El padre Bladimir explica a DIARIO DE CUBA el crecimiento de la asociación y cómo acoge a cubanos en España, donde la vivienda se ha convertido en un problema.

Madrid
Padre Bladimir Navarro Lorenzo. DDC TV
De izq a der Mariano Guerrero, Elina Morales, el padre Bladimir e Isabel Martín.
De izq a der Mariano Guerrero, Elina Morales, el padre Bladimir e Isabel Martín. Diario de Cuba

Mariano Guerrero se consideraba "acabado" hasta hace aproximadamente un año. Llegó a España con su esposa, Isabel Juana Martín, tras obtener la nacionalidad por la Ley de Memoria Democrática. Pero ambos son mayores y sus posibilidades de encontrar trabajo eran casi nulas. Hoy, se siente "rejuvenecido" y realizado, gracias a la Asociación Cobijo, que dirige el padre Bladimir Navarro en Alcobendas, Madrid.

"Cobijo me ha devuelto la vida"

"Yo vine un poco triste para acá, un poco con mi vida acabada, porque en Cuba, cuando la COVID, prácticamente los médicos me mataron a una hija mía delante de mí, con 42 añitos, y eso para mí es un castigo y un dolor que no se me quita con nada", cuenta Mariano a DIARIO DE CUBA.

En Cuba, este hombre tenía una afición, la cocina, que ha terminado siendo su fuente de sustento en España, donde se sentía "arrinconado". Tras conocerlos a él y a su esposa, el padre Bladimir le dio trabajo como cocinero de la asociación.

"El padre Bladimir, mediante Cobijo, me ha devuelto la vida. Estoy trabajando, cocinando, elaborando alimentos", dice Mariano con orgullo, no solo por tener una fuente de ingresos, sino por ser útil al proyecto que creó el sacerdote en 2022 para acoger a cubanos en España.

"Aquí me sentía arrinconado, sin trabajo, sin nada. Ya, como tengo este desarrollo de trabajo y me relaciono con muchas personas, siento que me voy rejuveneciendo", afirma.

Fue su esposa quien primero oyó hablar del sacerdote cubano y de Cobijo en la iglesia que estaba cerca del piso donde vivían antes. Se acercó a su parroquia en Alcobendas y entabló amistad con él. Un día, él le preguntó si ya tenía trabajo y ella le dijo que no. 

"Pues yo tengo un trabajo para ti", fue la respuesta del párroco. El empleo consistía en cuidar a un hombre mayor enfermo, que falleció hace menos de un mes. Ahora Isabel se encuentra en la búsqueda de otro trabajo, pero se siente feliz ayudando a Cobijo y a su esposo.

El matrimonio está entre los 165 cubanos —de ellos 39 niños— cobijados actualmente por la asociación. Viven en uno de los 34 pisos o casas de acogida que tiene Cobijo en alquiler, tres años después de que una una parroquiana le donara al padre la primera vivienda. Comparten el espacio con Elina Morales y su hija, que llegaron de Cuba en noviembre de 2023.

"Nosotras entramos a España con la ciudadanía; pero, así y todo, nos ha costado", dice Elina, quien finalmente pudo conseguir empleo fijo, "con nómina", a pesar de sus 56 años. Sin embargo, alquilar un piso le ha resultado muy difícil.

"Cuando presento mis nóminas al dueño de un piso o una inmobiliaria, aunque ya llevo año y algo fija, me dicen que no les ofrezco garantía, con un salario medio y con una niña menor de edad, a los efectos del pago de la renta. Entonces, no me hacen un contrato", explica.

Hace tres meses, un amigo cubano la puso en contacto con el padre Bladimir y este le hizo una entrevista. Para entonces, Elina y su hija vivían en un piso que originalmente tenía un solo cuarto, que los dueños convirtieron en siete, a partir de divisiones hechas con placas de pladur. Ellas compartían un cuarto y los otros siete estaban ocupados por hombres de otros países.

"El padre enseguida se movilizó. Dijo: 'ustedes no pueden seguir viviendo en esas condiciones, no puede ser'. Nos trajo acá, nos mostró el piso", cuenta Elina.

Un lugar de encuentro y formación para los cubanos

El piso que comparten Elina y su hija con Mariano e Isabel es uno de los dos que tiene Cobijo en un edificio ubicado en Alicante número 6, Alcobendas.

En el mismo inmueble, la asociación logró cumplir un viejo sueño el 11 de octubre, con la inauguración del Centro Cubano de Arte y Formación.

"En Cobijo teníamos un anhelo de generar un espacio de encuentro y por eso dijimos: 'un propósito de 2025 es buscar un sitio donde podamos encontrarnos, donde los cubanos puedan llegar y que sea su casa'", cuenta el padre Bladimir.

En este sitio, que cuenta un espacio para actividades, una oficina y una cocina, el sacerdote también quiere ofrecer formación a los cubanos que llegan.

"Una de las cosas que queremos hacer en Cobijo es educar, por ejemplo, en cómo generar una cuenta bancaria, cómo economizar, cómo ahorrar dinero para poder invertir, cómo llevar a cabo unos emprendimientos. Este lugar quiere ser eso", explica.

"Quiere ser un lugar de formación, un lugar donde se den extraescolares para apoyar en matemáticas, en físicas, en lengua, a los chicos de que vienen de Cuba".

La aspiración de Cobijo es que el centro, sin dejar de ser un espacio de acogida —que el sacerdote define como "la esencia" de la asociación—, sea también "un lugar de encuentro para para el arte, donde vengan pintores, músicos, se sientan aquí acogidos donde puedan generar proyectos".

El párroco adelanta la preparación, para 2026, de "un musical, musical Cobijo, donde integremos todas las artes, tanto de danza, música, composición, escritura".

Antes, habrá un concierto de Navidad con músicos cubanos, para el que el Ayuntamiento de Alcobendas ofrece el espacio.

El padre Bladimir también está consciente de que hay un grupo más vulnerable dentro de los cubanos que se radican en España, que son las personas de la tercera edad. 

"Queremos generar un proyecto aquí donde vamos a reunir a esas personas y a devolverles la vida", dice y cita el ejemplo de Mariano, a quien la posibilidad de cocinar para otros le trajo la ilusión de vuelta.

34 viviendas de acogida en un país donde la vivienda se ha convertido un gran problema

Cuando DIARIO DE CUBA entrevistó al padre Bladimir en 2024, Cobijo había llegado a tener 18 pisos de alquiler en dos años. Apenas 13 meses después, casi ha duplicado esa cifra. ¿Cómo lo ha conseguido en un país donde comprar o alquilar un piso es actualmente uno de los principales dolores de cabeza para sus habitantes?

"Yo creo que lo más importante que pasa en Cobijo, y soy tan feliz por eso, es el crecimiento orgánico que se ha dado", celebra el párroco.

"Le llamo así, crecimiento orgánico, porque junto con Cobijo hay muchas fundaciones, asociaciones. Yo le llamo cultura de la alianza, cultura del encuentro. Tenemos muchas alianzas y una de las más importantes es con la SOCIMI (Sociedad Anónima Cotizada de Inversión en el Mercado Inmobiliario) tuTecho", explica.

"Es un fondo de inversiones con impacto social. Es un grupo de empresarios y de inversores que han levantado un fondo de 50.000.000 euros y han generado un parque de viviendas en toda España de más de 300 pisos para luchar contra el sinhogarismo", detalla el sacerdote.

TuTecho les alquila a pisos a Cobijo —y a otras pequeñas asociaciones— a precios por debajo del mercado y sin que los inquilinos tengan que presentar nóminas ni pagar fianzas.

"Cuando llegan los cubanos que acogemos en esas casas, evidentemente no vienen con dinero. En esos primeros tiempos, les ayudamos desde Cobijo. Cuando son autosustentables, empiezan a trabajar, tienen una nómina, entonces ellos colaboran con nosotros con un dinero".

Además de tuTecho, otras pequeñas inmobiliarias han "estudiado" a Cobijo y han decidido ofrecerles viviendas con precios de alquiler bajos, con el objetivo de tener un impacto social.

"Detrás de las empresas hay almas"

Como muchas personas, el padre Bladimir tenía prejuicios sobre las empresas. Sin embargo, en España ha descubierto que detrás de las compañías "hay almas, hay personas".

"Hemos descubierto que el empresario puede tener una responsabilidad social corporativa, un impacto en la sociedad; que el dinero de una empresa y las personas que integran una empresa pueden ayudar muchísimo a una obra social. Y en Cobijo está clarísimo. Gracias a la aportación de muchísimas empresas, nosotros podemos crecer orgánicamente", dice.

Aunque es el rostro visible de la asociación, el padre Bladimir aclara que Cobijo no es obra suya, sino de un equipo que integran 12 personas y que cuenta con un grupo de comunicación y uno de inserción laboral. Este último ayuda a los recién llegados a buscar trabajo, en la medida de sus posibilidades.

Pese al crecimiento de la asociación, Cobijo no tiene la capacidad de acoger a todos los cubanos que arriban a España, en una creciente ola migratoria.

"Ojalá tuviéramos 20 urbanizaciones", dice el sacerdote.

Sin embargo, a nadie se le cierra la puerta. Cuando la asociación se ve imposibilitada de cobijar, informa a las personas sobre otras fundaciones, más grandes y con más recursos, a las que pueden dirigirse.

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1 comentario

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Dios mío, qué difícil se ha puesto vivir en todas partes, del covid para acá no vemos la luz al final del túnel. Cualquier ayuda cuenta.