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Verano

Regresa el tren a Expocuba… pero en el recinto hay más óxido que gente

Lo que encuentran las familias que visitan este verano el recinto ferial más grande de Cuba son atracciones cerradas y ofertas repetitivas a altos precios.

La Habana
Una mujer fotografía la vista desde el mirador de Expocuba.
Una mujer fotografía la vista desde el mirador de Expocuba. Diario de Cuba

Los rieles de la línea férrea que conduce a Expocuba, en La Habana, estuvieron seis años en inactividad. Este 2 de julio un nuevo tren volvió a cubrir la ruta entre la Estación Central y el mayor recinto ferial del país. Según anunciaron autoridades de la capital, el servicio fue habilitado en el periodo estival para estimular el flujo de visitantes hacia dicho centro recreativo. Por ahora, no parece dar resultado.

Para restablecer la línea se recuperaron más de diez kilómetros de vía férrea que permanecían afectados por el abandono y el vandalismo, más la acumulación de basura en varios tramos, comentó a DIARIO DE CUBA uno de los conductores del tren. "Fue un gran esfuerzo, valía la pena devolverle la vida a un recorrido que en el pasado era utilizado por muchas familias", dijo.

El tren realiza dos salidas diarias de miércoles a domingo, y tiene tres vagones con capacidad total para 204 pasajeros. "Es un recorrido bastante útil: sale de La Habana Vieja y atraviesa 10 de Octubre y Arroyo Naranjo, que son los municipios más poblados. Pero es una pena, en estos primeros días muy poca gente lo está usando, a veces poco más de diez", reconoció.

A la entrada del recinto, las caras largas de los trabajadores confirman que el arribo de visitantes sigue a la baja, a pesar de la reapertura de la ruta ferroviaria. "La esperanza era que el tren pudiera reactivar esto, pero sigue viniendo un 'buchito' de personas", comentó una empleada que se desplazaba de una puerta a otra, fiscalizando la cantidad de tickets de acceso vendidos.

El domingo al recinto ingresaron menos personas de las que pueden llegar en el nuevo transporte, aseguró la empleada. Añadió que en los últimos tres años el número de trabajadores de Expocuba supera a la cantidad de personas que asisten cada jornada. "Esto ha ido de mal en peor, es normal que la gente ya no quiera venir", señaló entre dientes, pidiendo proteger su identidad.

Desde su inauguración, el 4 de enero de 1989, el centro expositivo se ha mantenido como una de las entidades presupuestadas por el Consejo de Estado, condición que a largo plazo dejó de ser un privilegio para convertirse en un factor negativo.

En octubre de 2022, durante una de las visitas de supervisión a los preparativos de la Feria Internacional de La Habana (FIHAV), el primer ministro, Manuel Marrero, se quejó del deterioro de las instalaciones y lo justificó con la escasez de recursos a disposición de la Administración Central del Estado para acometer las reparaciones necesarias.

En enero de este año, en una reunión con autoridades locales, el funcionario volvió a insistir en la recuperación de espacios recreativos como el Parque Lenin, el Zoológico Nacional y Expocuba.

Una década atrás, Expocuba generaba ingresos que le permitían financiar los mantenimientos, pero en los últimos años las reparaciones nada más se efectúan cuando se realizan los preparativos para FIHAV, y con frecuencia se limitan a tapar con pintura el óxido de las estructuras metálicas.

La mayor parte del tiempo, el desgaste general de las instalaciones contrasta con la fachada del lugar, siempre cuidada.

Gabriel Macías González, quien junto a su novia fue uno de los pocos visitantes de Expocuba el domingo, contó que desde niño no visitaba el recinto. En su memoria, guardaba recuerdos deslumbrantes. "Todo está muy diferente, la verdad es que es una vieja con colorete. Se puede sentir el olor a óxido viejo, a humedad. No hay casi nada que comprar y el parque de diversiones está desbaratado", señaló.

Del que fuera uno de los principales sitios de esparcimiento familiar en la capital, "nada más se puede agradecer por los espacios abiertos y la seguridad que ofrece —el recinto ferial—, a diferencia de otros lugares", acotó haciendo alusión a la trifulca ocurrida el pasado año durante una actividad por el inicio del verano en la Finca de los Monos.

Por su parte, David Alonso Consuegra criticó la ausencia de opciones para el esparcimiento de los niños. Sin repuestos y con los componentes desgastados, practicamente todas las atracciones del parque de diversiones, de tecnología china instalada hace tres décadas, están cerradas.

Las bicicletas fueron el primer equipo clausurado, luego tocó el turno a los carruseles, carritos locos y juegos acuáticos, estos últimos por filtraciones y problemas de impermeabilización. Por el momento, apenas se mantienen operando unos pocos de los botes que ofrecen paseos en la laguna artificial, más una línea de canopy, o tirolesa, como también se le conoce.

"Los dejaron morir, hasta las barandas de seguridad están podridas. Da miedo pasar con los muchachos por al lado de la oruga —montaña rusa infantil—, en cualquier momento se cae. Lo único que queda es montarlos en el parque inflable que pusieron, pero ahí no hay quien aguante dos horas por los precios", resaltó Alonso.

A pesar de la decadencia, el potencial de Expocuba llama la atención al sector privado. En el caso particular del parque de diversiones, bajo condición de anonimato una de las empleadas del sitio expuso que varias MIPYMES han intentado negociar su arrendamiento, para el montaje de un nuevo parque temático.

"El problema es que esto lo opera el Grupo Empresarial PALCO, que pertenece al Consejo de Estado. Aquí es donde se hace la Feria Internacional de La Habana. Se puede caer a pedazos y no se lo dan a nadie. No importa que no venga público. Entre septiembre y octubre le pasan un poco la mano, para que luzca bien en la feria, y así se va otro año", precisó.

Entre pabellones cerrados y un parque de diversiones fantasma, Damaris Méndez Balbosa dijo que en una visita a Expocuba las actividades se concentran en el área central del recinto, que es donde se encuentran la mayoría de cafeterías, restaurantes y el parque inflable.

"Un día aquí se reduce a eso, complacer a los niños, que salten un rato en los inflables; caminar y conversar un rato, almorzar y tomar algo... No hay mucho más. Eso sí, tienes que venir preparado para gastar unos cuantos pesos, porque ya no es como antes que había precios diferenciados. Ahora todo vale como en la calle o está racionado", resumió la mujer.

El Mirador, La Solera, La Riviera, El Tren, El Tauro y La Hamburguesera son los bares, restaurantes y cafeterías que funcionan con regularidad, y cuyos trabajadores tratan de cazar como moscas a los escasos visitantes que transitan por sus alrededores.

El menú suele ser el mismo —o parecido— en todos, así como los precios: platos confeccionados a base de pollo, cerdo y res, con una ración muy pequeña de arroz blanco, vianda y ensalada, cuestan desde 750 pesos en adelante. "El gancho para atraer es un refresco de lata que venden a 130 pesos por cada niño, y un 'tarrito' de cerveza dispensada —dos litros— en 600 pesos", continuó Méndez.

El bar El Mirador es el único punto de venta que todos desean visitar, debido a la vista panorámica que ofrece desde lo alto. Allí las únicas ofertas de comestibles son bocaditos de queso y de jamón, a 300 y 350 pesos, respectivamente, mientras el precio de la coctelería se eleva casi tanto como la torre sobre la que gira el bar.

"Es lo más atractivo que tiene, subir y ver todo desde arriba. Pero un pan con queso y una piña colada valen de mil pesos. Luego bajas y ya no tienes mucho más que hacer. Caminas un rato, si tienes dinero comes algo más, y se acabó, te aburres y te vas. Expocuba no es un lugar para pasar el día", sentenciaba Irma Aballe Cardoso, una visitante.

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