El pasado sábado 24 de mayo se realizó la habitual actividad Sábado del Libro en el casco histórico de la ciudad de La Habana. Esta vez se presentó el libro Los albores de una época en Cuba, de la autoría del historiador Jorge Ibarra Guitart. Se trata de una biografía del ilustre coronel del Ejército Libertador Cosme de la Torriente, que tuvo igualmente una destacada labor política y diplomática durante la República.
A diferencia de otras actividades de este tipo, esta vez no hubo cámaras de televisión ni participación de figuras importantes del Instituto Cubano del Libro o del Ministerio de Cultura. Cualquiera podría decir que se trató de un evento para salir del paso, y desprovisto de interés por parte de los jerarcas de la cultura oficialista.
Cosme de la Torriente es una figura casi desconocida para las nuevas generaciones de cubanos, a pesar de su destacada trayectoria. En la gesta independentista de 1895 obtuvo los grados de coronel, y después de instaurada la República ocupó varios cargos en el servicio diplomático.
Muy destacada fue su labor como embajador de Cuba ante el Gobierno de Estados Unidos en 1925, para que el Congreso de ese país reconociera el Tratado Hay-Quesada y aceptara la soberanía cubana sobre la Isla de Pinos.
En reconocimiento a tan loable desempeño, el pueblo pinero, aun en vida de Cosme de la Torriente, le erigió un monumento en el Parque Lacret de Nueva Gerona el 24 de junio de 1951.
Posteriormente, en 1934 y actuando como secretario de Estado de la República, Cosme de la Torriente fue figura central por la parte cubana en las negociaciones que culminaron con la abrogación de la Enmienda Platt.
Ya en la década del 50, como presidente de la Sociedad de Amigos de la República (SAR), fue organizador del diálogo cívico que se convocó entre el Gobierno de Batista y la oposición con vistas a resolver en un clima de paz los problemas del país. Pero el asalto al cuartel Moncada primero, y después la entrada de la célula cancerosa al país el 2 de diciembre de 1956, echarían por tierra esos intentos de paz.
La figura de Cosme de la Torriente también fue víctima de la furia castrista desatada a partir de enero de 1959 contra todas las estatuas y monumentos que homenajeaban a personalidades republicanas. Su busto en el Parque Lacret en Nueva Gerona fue eliminado, y hasta hace muy poco no se sabía cuál había sido su destino. Más o menos corrió la misma suerte que las estatuas de Estrada Palma, Alfredo Zayas, Mario García Menocal, y quién sabe cuántas otras.
Únicamente se mantiene en pie la enigmática estatua de José Miguel Gómez, en el Vedado habanero. Se dice —según Eusebio Leal— que fue por sugerencia del propio Fidel Castro que se respetó el complejo monumentario en homenaje al general Gómez.
Castro, tan antinorteamericano como siempre, tal vez habría tenido en alta estima la respuesta de Gómez al presidente William Taft, en el sentido de que no hacía falta una nueva intervención militar de EEUU en Cuba porque el Ejército cubano acabaría con la rebelión de los independientes de color, que ya amenazaba a empresas y bienes estadounidenses en el oriente del país. Ello a costa de la muerte de más de 3.000 negros y mulatos.
Ha trascendido que los habitantes de la hoy Isla de la Juventud han recuperado la tarja que acompañaba el monumento a Cosme de la Torriente en el Parque Lacret, y que el pasado 13 de marzo, a 100 años de que la Isla de Pinos fuera devuelta a Cuba, se realizó un acto en honor del ilustre patriota.
Sin embargo, lo realizado hasta ahora es insuficiente. Tanto Cosme de la Torriente como el resto de los cubanos que le dieron lustre a nuestra nación en la etapa republicana merecen el respeto y la admiración de todos los cubanos.
Don Cosme de la Torriente fue un cubano digno, que siempre le prestó servicios a la República. Desde posiciones de reconciliación y no violencia, en su última etapa de vida se opuso al régimen de Batista y al mismo tiempo intentó que no ganara espacio la rebelión, de los estudiantes de la FEU por un lado, y de la Sierra por otro. Bien merece que se conozca su obra política, porque en la sociedad binaria en la que se han educado los cubanos desde el 59, se desconocen opciones válidas para la nación que merecen ser consideradas. En los 50 fue muy activo en la sociedad civil que existió bajo el batistato, hasta su muerte.
Don Cosme de la Torriente vió en sus postrimerías la....que se avecinaba.Ya el resto se ve ahora ...
.
... pero hay estatuas de hombres malvados: Che Guevara, Lenin, Salvador Allende...