Mientras el régimen cubano maniobra para perpetuarse en el poder con una posible "falsa apertura", una vía legal ya aprobada por el Congreso de Estados Unidos ofrece desde hace casi tres décadas una salida democrática a la crisis cubana: el Capítulo II de la Ley Helms-Burton. Así apunta el más reciente dossier publicado por el laboratorio de ideas Cuba Siglo 21, titulado "La Ley Helms–Burton, deal para el cambio".
Su autor, el politólogo Juan Antonio Blanco, señala que esta legislación contiene una hoja de ruta integral y no violenta para una transición real hacia la democracia en la Isla, un camino que sigue vigente, pero que ha sido políticamente ignorado.
Blanco alerta sobre los intentos del aparato de inteligencia del Ministerio del Interior —apoyado por "intelectuales orgánicos"— de diseñar una transición fraudulenta que maquille el autoritarismo con reformas superficiales.
A su juicio, hay un objetivo de ofrecer a Washington, y en particular a Donald Trump, una supuesta victoria que en realidad permitiría a la elite militar y partidista conservar intacto su poder. Frente a ese escenario, la Helms-Burton no plantea castigo ni revanchismo, sino incentivos concretos a un cambio real: "alivio humanitario inmediato, incluyendo alimentos, medicinas y asistencia energética; asistencia técnica para reformas institucionales, económicas y judiciales; apoyo a las Fuerzas Armadas para su integración en una nueva etapa democrática".
El analista político añade que, una vez realizadas elecciones libres e instalado el primer gobierno electo democráticamente, se contempla el levantamiento total del embargo; el apoyo de Washington para acceder a fondos internacionales del Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo; inversiones directas estadounidenses garantizadas por agencias federales; relaciones comerciales plenas, que podrían evolucionar hacia el otorgamiento de "nación favorecida" e incluir la eventual participación en una zona de libre comercio con Estados Unidos.
Contrario a lo que suele afirmar el régimen cubano, la Helms-Burton no impide el comercio de alimentos o medicinas, ni cierra la puerta a un verdadero sector privado, aclara Blanco. Más allá de las sanciones del Capítulo III —que han cobrado relevancia por recientes fallos judiciales—, el dossier subraya que el valor estratégico de la ley reside en su Capítulo II, que detalla el único deal ya aprobado por Estados Unidos para apoyar la reconstrucción de Cuba.
Blanco insta a militares, funcionarios y cuadros medios a tomar decisiones antes de verse arrastrados por un poder en decadencia.
Insiste en que la Ley Helms-Burton ya existe como propuesta seria para un cambio democrático. "Lo que hasta ahora ha faltado es una administración en Washington dispuesta a impulsarla con firmeza, creatividad y persistencia, algo que el presidente Trump podría hacer", concluye.
Castillos en el aire. A Trump Cuba le importa entre nada y menos aunque firmaría acuerdos con cualquier gobierno, incluido el actual, que le dé algo como la explotación de toda la cayería norte, el 50% de las remesas o algo así. La democracia no le importa en USA qué le va a importar en Cuba.
La Helms-Burton debio llamarse Linclon Diaz Balart, el verdadero arquitecto en conseguirla.
Cuando se aprobo se decia que Cuba recibiria $8mil millones de ayuda inmediata. Despues de 30años adicionales de destruccion eso no alcanza ni para reparar baches.
Los biranos no se van a ir por voluntad, hay que removerlos, y para ello no es necesario que los marines desembarquen (un par de docenas de drones descabeza la hidra, y despues los demas entraran por el aro solitos.....
Siglo XXI y sus analistas a cada rato descubren el agua tibia.
La ley Helm Burton es sólo un complemento obligado de la Ley Torricelli que fue diseñada para blindarla contra los que desde USA pretendían dar oxigeno al Castrofascismo. Ver que la ley Helm Burton tiene implícita una ruta para devolver la estabilidad democrática a Cuba es estar de espaldas a lo que es la realidad del Castrofascismo. Además de ser una apreciación que se deja en teclado el articulado donde se delinea esa supuesta " hoja de Ruta "
Señor Robinson, más allá de que considere atinada o no esa propuesta --que es su derecho elemental-- el trabajo de Siglo 21 cuando se lee en su totalidad deja muy claro en sus notas al pie 13, 14 y 15, las secciones 201, 202 y 206 del Capítulo II de la Ley, donde se pormenoriza la ayuda que establecería USA al pueblo cubano, y la política que establecería hacia Cuba si se cumplieran los requisitos --también descritos en la sección 206-- de llevar a cabo elecciones libres. En mi criterio, eso es una hoja de ruta. Que la establece la ley, al menos a mí no me caben dudas.
Sra. Ana :
El título 2 Arts. 201-202 de dicha Ley si UD. Lo desea ver como hoja de Ruta es su apreciación y yo creo que es válida, pero yo lo veo como a lo que vendría obligado el Congreso de haber elecciones democráticas y libres en Cuba, a cuya realización estoy segurísimo que nunca accederá el Castrofascismo mientras se encuentren los actuales equipos de poder que conforman el desastre cubano.
Acuérdese del lema de Castro I de Biran " Las banderas del socialismo no se entregan sin luchar "
Señor Robinson, la ley H-B traza una política clara para Cuba, que no la acepte el régimen cubano es otra cosa, pero la traza, dice, “si hacen esto, hacemos esto otro, si van por aquí, los conduzco por acá”, “si hacen esto, levanto estas sanciones” y me parece que a la descripción de ese proceso se le llama Hoja de Ruta. Para mí es más que obvio, pero si usted no lo ve así, no hay problema alguno. Tenga buenas noches.
Durante décadas, el accionar de los marines para llevar libertad y democracia a no pocas naciones, ha traído los chillidos más agudos del izquierdismo internacional y local en todas sus variantes, siendo objeto de rechazo por casi todos, salvo de los pueblos liberados.
La lección aprendida en Irak y Afghanistan, tanto en forma de invasiones, inversiones como de embargos, dejó claro que impulsar la civilidad democrática y la prosperidad en ciertas naciones y culturas ancladas en el primer milenio, es un ejercicio de buenas intenciones pero infructuoso y costoso.
En relación al campo de concentración antillano, el anclaje de la política estadounidense ha sido más de condescendencia pasiva que de paracaidistas. Por eso, los hampones socialistas, con o sin Ley Helms Burton, saben que las posibilidades de que un pueblo hambreado, indefenso, apolítico y en fuga los derrote, son casi cero, así que todo parece indicar que el riddle seguirá sin resolverse.
Estas es otras de las narrativas que subyace en el imaginario cubano. Se repite en los artículos de opinión, en las redes y sobre todo en los espacios de intercambio de puntos de vistas. Comienza con las múltiples propuestas para “una transición” que parece que esta a la vuelta de la esquina. También propuestas para “ una Cuba libre” cuando no hay ni el más mínimo remedo de libertad. ¿Alguien puede asegurar que el régimen prepara un “cambio fraude”? ¿Alguien puede asegurarme que hay una transición – fraudulenta- en camino? ¿ Quiénes están preparados , aquí y allá para un cambio-fraude? A esto se suma que ya tenemos una estructura institucional trayendo de inmediato a la Constitución del 40 , que para unos y otros está en discusión , sumando otro campo de batalla que solo esta en las mentes calenturientas de algunos del exilio. No veo nada en el panorama como no sea , mas represión, mas calamidad publica y mas engaños.
Se dice, "la peor gestión es la que no se hace", y bien se aplica a este trabajo de Siglo 21. El análisis es extenso, pormenorizado y ofrece una lectura de la Helms-Burton que confieso no había visto. Porque como dice Blanco, pocas personas se han detenido a leer la ley en su totalidad. Bien se agradece este llamado a seguir esa hoja de ruta. Es lo que desearíamos los que aspiramos a una Cuba abierta y democrática. Pero el dicho se aplica, porque puede que el Secretario Marco Rubio se incline hacia esa propuesta que existe desde el 96 en Washington, pero no hay garantías de que su presidente lo siga... (cont)
(cont)... El reciente acuerdo con Siria indica que Trump sella acuerdos por intereses muy puntuales para EEUU, no busca cambio de régimen, pueden dejar a aliados --Israel-- colgados de la brocha, y no tienen las complicaciones de la H-B, aprobada por el Congreso, y sobre todo requiere de un grupo de poder en Cuba dispuesto a llevar a cabo los cambios que la ley describe. Ese grupo de poder tendría que cortar actuales alianzas y, sobre todo, tendría que crear mecanismos democráticos que se darían de narices con los enrevesados negocios en los que muchos están. No obstante, no es fútil el esfuerzo de Siglo 21, abrir los ojos en Washington y en Cuba sobre esta ley puede ser un primer paso en el viaje más largo hacia una Cuba próspera y libre.