En una democracia, una encuesta suele bastar para saber qué piensa la población. En Cuba, donde expresar opiniones políticas puede traer consecuencias laborales, académicas o incluso penales, la realidad es mucho más compleja.
Por eso la tercera encuesta de DIARIO DE CUBA, aplicada por el proyecto Cubadata bajo la dirección del investigador Arístides A. Vara Horna, no se limita a preguntar qué opinan los cubanos. Su objetivo también es medir cuánto influye el miedo en las respuestas que dan, y hasta qué punto el silencio público oculta una inconformidad mucho mayor.
Los resultados del sondeo, titulado Foco Cuba: Opinión, autocensura y acción cívica, muestran una paradoja reveladora: el 57,9% de los participantes declara estar insatisfecho con el sistema político y el 60,4% considera urgente un cambio en Cuba; sin embargo, el 54,6% reconoce que evita casi siempre expresar opiniones políticas y el 58,8% teme sufrir represalias contra sí mismo o su familia.
Para Vara Horna, esos datos indican que una parte importante del descontento permanece oculta.
"En Cuba el silencio no puede interpretarse como apoyo al sistema. Muchas personas callan porque consideran que hablar tiene un costo demasiado alto. La pregunta no es solo cuántos disienten, sino cuántos no pueden expresar esa disidencia", explica el experto en análisis estadístico.
Una encuesta pensada para un país donde hablar tiene consecuencias
El estudio se desarrolló entre el 20 de mayo y el 8 de junio de 2026 mediante tres rondas de entrevistas realizadas a un mismo panel de 2.214 cubanos residentes en todas las provincias del país.
En lugar de entrevistar personas distintas cada vez, DIARIO DE CUBA y Cubadata siguieron a los mismos participantes de las dos encuestas anteriores para observar cómo evolucionaban sus opiniones y comprobar si las respuestas permanecían estables pese al agravamiento de la crisis.
Se trata de una muestra de cubanos conectados a internet, por lo que no representa estadísticamente a toda la población cubana, pero sí permite analizar con rigor cómo se comportan el miedo, la autocensura y el descontento dentro de ese segmento de la sociedad. Como recuerda el propio informe metodológico de la encuesta, sus porcentajes no deben interpretarse como "lo que piensa toda Cuba", sino como evidencia sobre un grupo de ciudadanos que acepta responder preguntas especialmente sensibles.
[ACCEDE AQUÍ A LOS RESULTADOS COMPLETOS DE LA ENCUESTA 1, LA ENCUESTA 2 Y LA ENCUESTA 3 DE DIARIO DE CUBA, REALIZADAS POR CUBADATA]
El silencio también es una respuesta
Una diferencia en el análisis de los resultados respecto a una encuesta convencional es el valor que se le da a la opción de no responder aquellas preguntas que los participantes consideran demasiado comprometedoras.
Lejos de tratar esas abstenciones como datos perdidos, los investigadores las incorporaron al análisis. En un contexto donde expresar determinadas opiniones puede acarrear represalias, guardar silencio también comunica información.
"La ausencia de respuesta no significa necesariamente conformidad con el sistema", explica Vara Horna. "Muchas veces refleja una estrategia racional de protección personal", añade.
Esta idea aparece reforzada por otra de las preguntas del estudio. El 67,8% de los participantes considera que las respuestas políticas de los cubanos serían muy distintas si pudieran hablar sin miedo, mientras el 63,1% afirma sentirse seguro respondiendo una encuesta completamente anónima.
Tres maneras de hacer la misma pregunta
Para comprobar hasta qué punto influye la forma de preguntar, la tercera encuesta utilizó tres versiones diferentes del cuestionario.
Un grupo recibió preguntas formuladas de manera directa; otro respondió versiones más neutrales; y un tercero contestó preguntas indirectas, diseñadas para reducir la sensación de riesgo.
La comparación permitió medir cuánto cambia una respuesta según el grado de protección que percibe el entrevistado.
Ante una misma pregunta relacionada con las sanciones estadounidenses, una proporción claramente mayor apoyó aliviar las medidas cuando la pregunta era directa, mientras que ese apoyo se redujo de forma notable con una formulación neutral. La diferencia demuestra que el modo de preguntar puede modificar significativamente las respuestas en contextos de fuerte autocensura.
Sin embargo, el estudio también encontró el efecto contrario. En las preguntas sobre instituciones centrales del sistema político cubano, la forma de formular la pregunta apenas modificó las respuestas. El respaldo a eliminar el partido único se mantuvo prácticamente invariable: en torno a un 57% cuando la pregunta se formuló de manera directa, al 56,6% con una redacción neutral y al 57,6% con una formulación indirecta. Un comportamiento similar se observó respecto a la Seguridad del Estado.
Esta estabilidad demuestra que, cuando existe una preferencia muy consolidada, el modo de preguntar deja de influir de manera significativa y permite afirmar con mayor certeza cuál es la posición real de los encuestados.
Cómo informar sin exagerar los resultados
El estudio también propone una forma más transparente de presentar los resultados de preguntas especialmente sensibles. Esa lógica también se observó en las preguntas sobre las instituciones que sostienen el sistema político cubano.
Entre quienes respondieron, alrededor del 57% apoyó eliminar el partido único y cerca del 50% se manifestó a favor de eliminar la Seguridad del Estado. Otra parte de los encuestados prefirió reformar esas instituciones, mientras que solo una minoría defendió mantenerlas sin cambios. Paralelamente, alrededor del 37% evitó responder sobre el partido único y cerca del 28% hizo lo mismo respecto a la Seguridad del Estado, abstenciones que los investigadores interpretan como un indicador adicional del peso de la autocensura.
Además, el hecho de que el apoyo a eliminar el partido único permaneciera prácticamente idéntico en las tres versiones del cuestionario constituye una prueba adicional de la consistencia del estudio: esa preferencia no depende de cómo se formule la pregunta, sino que aparece de manera estable incluso cuando cambia el nivel de protección percibido por el entrevistado.
Las cifras describen fenómenos distintos: reflejan hacia dónde se inclinan quienes aceptan responder, muestran el peso real de esa posición dentro de toda la muestra y cuantifican el silencio político, que forma parte del fenómeno que pretende medir la investigación.
Mucho más que medir opiniones
Más que ofrecer una fotografía puntual del clima político, la investigación intenta explicar cómo funciona el descontento bajo un régimen autoritario.
El estudio concluye que el malestar no desaparece porque no se vea en las calles. Antes de convertirse en protesta atraviesa varias etapas: primero surge la inconformidad privada; después aparece el miedo; más tarde la búsqueda de espacios seguros donde hablar; luego acciones de baja exposición —como responder una encuesta anónima o compartir información—; y solo finalmente, en un grupo muy reducido, la disposición a una acción organizada.
Para Vara Horna, esa es la principal enseñanza del estudio.
"Las protestas visibles son solo una parte del fenómeno. Lo que muestran los datos es que existe una disidencia mucho más amplia, pero fundamentalmente latente. El miedo no elimina el descontento; simplemente cambia la forma en que se expresa".
No es la primera vez que investigaciones sobre regímenes autoritarios concluyen que existe una brecha entre lo que las personas piensan y lo que se atreven a decir en público. Lo novedoso de la encuesta realizada por DIARIO DE CUBA es que no se limita a constatar esa "falsificación de preferencias", sino que intenta medir su magnitud, identificar en qué sectores sociales se concentra y analizar qué factores la alimentan. Para ello combina distintas técnicas de medición y contrasta los resultados obtenidos mediante preguntas formuladas de diferentes maneras.
Cuando las respuestas cambian, el estudio permite detectar el efecto del miedo sobre la expresión pública; cuando permanecen estables, como ocurre con el rechazo al partido único, ofrece una evidencia especialmente sólida de que esas preferencias existen con independencia de la forma de preguntar. Esa doble comprobación constituye una de las principales fortalezas metodológicas de la investigación.
En una población propensa a la doble moral como la cubana, los resultados arrojados por esta encuesta no son muy fiables, su margen de error debe ser alto, y más, cuando se realiza a través de la internet por la desconfianza del encuestado a ser descubierto.
Hacer preguntas directas no funciona, aunque sea por internet los encuestados tienden a sufrir el sesgo de deseabilidad social, y lo peor de todo, es cómo saber si quienes no responden a preguntas (sesgo de no respuesta) son distintos de los que sí responden y en qué medida.
Para medir el grado satisfacción o malestar, el experimento de lista (List Experiment) es la técnica más apropiada para ocultar la opinión. El encuestado nunca va a confesar abiertamente su disidencia, solo dirá cuántas cosas le disgustan o molestan.
Y como la muestra es bastante limitada, si se quiere reducir más el margen de error estadístico sin perder el poder de protección, entoces se puede utilizar el experimento de lista doble (Double List Experiment).
Basta recordar con los fusilamientos de la Cabaña, en aquel período temprano de la revolución, para pensar que el ADN Cubano fue modificado para disimular sus pensamientos, y decir y actuar, sin disentir. Si fuéramos a cualquier país de América latina, donde hubo militares que manejaron el gobierno a su antojo, diría que ya no quedan vestigios sicológicos porque esas dictaduras fueron más cortas y llevaderas, e incluso con libertad comercial. Pero el caso de la isla, durante estos 67 años de martirio, marcaron generaciones de autómatas, sin opinión propia. Hoy día vemos como se transformó todo en una monarquía sangrienta, con una corte de lacayos (GAESA), y muchos aplaudidores reales.
El Sr. Vara como encuestador debía saber que una persona que se autocensura jamás es confiable en sus respuestas, por eso la sociología descarta ese tipo de población como muestra encuestable en cualquier metodología de investigación. Pero el brillante encuestador ha inventado una nueva herramienta: el detector de autocensurados, capaz de hurgar en los pensamientos más profundos del encuestado. Me interesa sobre todo entender cómo ha llegado a la conclusión de que alguien se autocensura. Lo que yo creo es que las encuestas de DDC en general tienen mucho de empeño por demostrar una conclusión pre-concebida y nada de ciencia. Cuba es un paisito lleno de miedo y miseria. Para eso no hace falta una encuesta.
Buen ejercicio.
Puro miedo. Tengo miedo. En los 60 cuando fusilaban y desaparecían gentes también callaban y tenían miedo. El pueblo más cobarde de todo Latinoamérica. Siempre tienen una excusa para no liberarse del yugo que le han impuesto. Siempre se separan del que tiene corajes para alzar su voz en beneficio de todos ellos. Un ejemplo eran las Damas de Blanco, hasta tenían miedo vestirse de blanco para no identificarse con ellas.
Juan, si usted estuviera en Cuba, creo que también vivirías con temor, lo cual es muy normal. Allí la población teme porque el régimen usa el control, la fuerza y el castigo severo ante cualquier señal de disidencia que le incomode.
Son muy pocos los que están dispuestos a perder la poca libertad de la que disfrutan para pasar
años de su corta vida metidos en una cárcel.
A mí me asombra e indigna, cuando leo, miro o escucho a individuos que nunca tiraron ni una cáscara de plátano en la isla frente a la puerta de una oficina del PCC, tildando de cobardes, carneros, esclavos y otros tantos epítetos denigrantes a la gente de allá. Y lo más interesante de todo, es que muchos de ellos son reciclados (antiguos miembros y/o colaboradores del régimen) que fueron cómplices de la coartación de los derechos y libertades de esos compatriotas nuestros.
El Santo, gracias por leer mi nota, pero el último párrafo que escribes a mí no me pertenece. Mi padre estuvo preso en los 60, mi madre estuvo vigilada hasta el último momento que salió del infierno, y no te sigo contando por qué, para qué. Lo único que te digo es que son muy poco los cojonudos en Cuba. Y señaló que estoy escribiendo de los años 60 cuando empezaban a construir la cárcel nación. Los cobardes ayudaron a construir la cárcel. Que se jodan ahora.