Cuando la iglesia ortodoxa griega de La Habana estuvo terminada, Rusia exigió una propia para dar servicio a la comunidad de feligreses que habita la capital cubana. Esto puede percibirse como un capricho, sabiéndose además matizado el proceso por las estrechas relaciones políticas de ambos países. Sin embargo, en Cuba, donde las religiones han enfrentado un largo periodo de censura y aislamiento, la inauguración de un templo y la revitalización de comunidades religiosas asentadas históricamente en la Isla son un evento extraordinario, digno de celebración. Significa proteger el derecho de cada ciudadano a profesar su fe, responsabilidad relegada hasta ahora por el Gobierno revolucionario.
La Sacra Catedral Ortodoxa Rusa Nuestra Señora de Kazán, inaugurada el 19 de octubre de 2008 en La Habana, ha sido reconocida como la obra arquitectónica de nueva factura más compleja asumida por la Oficina del Historiador de la Ciudad y, según se dice, la mayor de su tipo en América. Está subordinada directamente al Patriarca de Moscú. Su veloz proceso constructivo tiene varias notas interesantes que, junto a su singular diseño dentro del contexto habanero, la convierten en un inmueble excepcional.
Los especialistas principales fueron los mismos que habían realizado la griega, el arquitecto Jaime Rodríguez y el ingeniero Pedro Rodríguez. Pues, a pesar de que la iglesia rusa tiene otras peculiaridades, resultaba útil aprovechar la experiencia de la recién construida, aplicando y perfeccionando los sistemas constructivos antes utilizados.
A diferencia de la ortodoxa griega, en este nuevo templo hubo una participación más activa de la Iglesia rusa en la toma de decisiones, diseño definitivo del proyecto y elaboración de algunas partes, como las típicas cúpulas en forma de bulbo. Asimismo, los especialistas cubanos pudieron estudiar directamente inmuebles similares construidos y en ejecución.
Desde la ubicación hasta la cantidad de cúpulas de la iglesia cubana fueron determinadas por la parte rusa. Ellos solicitaron que se emplazara frente al mar en el centro histórico. Entre tres propuestas, eligieron la más grande (1.500 metros cuadrados aproximadamente), en la calle San Pedro esquina a Santa Clara, donde finalmente se erigió la iglesia y un edificio contiguo para la diócesis. La primera ocupó un lote vacío, mientras que la diócesis requirió la demolición de un edificio de viviendas. Este inmueble no estaba incluido en el primer proyecto realizado en 2004. Al diseño original los arquitectos rusos le eliminaron también una zona ajardinada perimetral, situando la fachada de la iglesia junto a la acera, y retiraron al fondo la torre campanario para que le antecediera la escalinata.
La primera piedra se colocó en noviembre de 2004 en una ceremonia solemne dirigida por el actual patriarca Kirill, que involucró una procesión por la Avenida del Puerto y una misa en la Iglesia de San Francisco. Por los cambios solicitados en 2005, la obra no comenzó hasta 2006.
La construcción de la iglesia rusa no presentó, a diferencia de la griega, grandes retos en la cimentación, pues se encontraba en un terreno estable y homogéneo. Por otra parte, tomando experiencia de las fisuras que generaron en el templo griego la combinación de materiales incompatibles como ladrillos de barro y bloques de hormigón, en el nuevo edificio se decidió emplear exclusivamente el ladrillo, que facilitaría además la ejecución de los muros curvos de los ábsides. Las bóvedas y cúpulas emplearon la misma técnica de la iglesita griega, la bóveda extremeña con ladrillos aligerados. Para que se tenga una idea de la monumentalidad de la obra, en total se utilizaron 2.500.000 de ladrillos en las paredes y 60.000 en la cubierta.
La iglesia ortodoxa rusa de La Habana replicó con exactitud el modelo tradicional de planta en cruz y acentuada verticalidad, reforzada por las cinco cúpulas acebolladas situadas sobre altos tambores. Un sexto elemento vertical, el más alto, es la torre campanario que también termina en una pequeña cúpula. Sobre las seis se elevan cruces enchapadas en oro, apuntando más al cielo. A su vez, la iglesia gana altura al elevarse la planta principal del suelo. Por tradición esta nunca se encuentra a nivel de la calle, y en el caso de la cubana está a cuatro metros.
Otra peculiaridad es que el altar debe estar situado hacia el este, por lo que la iglesia habanera da su espalda a la calle. Es decir, la fachada principal es la de los ábsides donde está situado el altar. Es por eso que la amplia escalera de granito conduce a la parte trasera del edificio desde donde se entra al templo. Según el ingeniero estructural, el entresuelo de esta estancia requirió un mayor refuerzo del habitual porque la distancia entre las columnas es de unos siete metros y los fieles asisten de pie a la misa, ofreciendo una mayor carga que si estuvieran sentados.
Otro elemento que requirió la pericia de los técnicos cubanos fue el pináculo de la torre. Con una base octogonal y tres óculos en cada lado, su fábrica constituía un reto. Finalmente, se decidió crear un bastidor de acero con todos los elementos sobre el cual se pusieron los ladrillos, quedando la estructura metálica al interior como refuerzo.
En el conjunto monumental y hermosísimo de este tipo de construcciones, el protagonismo lo tienen siempre las cúpulas. Su estructura es doble: una interior de ladrillo y otra exterior de acero cubierta con planchas de cobre, que es la que adquiere la típica forma de bulbo y van ancladas al anillo de arranque de la cúpula interior. En la iglesia cubana, las cúpulas exteriores fueron realizadas por artesanos rusos. Construidas en un espigón de la Aduana y colocadas todas en dos días, luego se procedió a su dorado.
Se cuenta que este proceso debió hacerse de madrugada para evitar el excesivo calor del día, pues las cúpulas estaban completamente cubiertas para evitar el viento y el polvo. Aunque las seis debieron cubrirse con láminas de oro, solo se doró la más grande y la pequeña del pináculo. Las cuatro cúpulas de los extremos siguen pendientes hasta hoy. Ese carácter inacabado también se percibe en el interior de la iglesia, predominantemente blanca. Solo está el panel central del bellísimo iconostasio realizado en el Monasterio de la Santísima Trinidad y San Sergio, en Moscú. Le acompañan varios íconos en las paredes, lámparas y lampadarios, sin embargo, se echa en falta una mayor congruencia decorativa en un espacio tan diáfano y tradicionalmente más bondadoso de ornamentación.
Al igual que la iglesia ortodoxa griega que se encarga de transmitir la cultura helenística en Cuba, la rusa se ha convertido en un centro de extensión cultural donde se fomenta el estudio de la cultura, la religión y la lengua rusa. También funciona como un importante espacio para reuniones diplomáticas.
Como inmueble se integra con elegancia al litoral habanero, sumando un nuevo punto de interés en un contexto urbano altamente valioso. Allende los mares, probablemente haya servido de inspiración a la construcción en 2013 de la Catedral Ortodoxa de Madrid, Santa María Magdalena, con la cual guarda estrecha similitud.
La iglesia ortodoxa rusa de La Habana no es tanto un capricho como una incógnita mayor: ¿quién se encarga de su mantenimiento? Me refiero al mantenimiento constructivo. Por la ubicación en la que está, si no se cuida con rigor frente al agua y al salitre, muy pronto terminará igual o pero que las construcciones vecinas.
Otro delicioso ejemplo del supersincretismo caribeño... La Habana exhibe tantos y tantos edificios similares a los de España, Italia, Francia, etc.
Gracias Yaneli. Disculpa a los timoratos que pretenden que una iglesia ortodoxa rusa sea parecida a una iglesia católica colonial, simplemente porque no se construyó en Rusia.
Estimado Weston, tal vez lo que ellos necesitan es un muro para los lamentos.
😊
En el fondo lo que hacen es criticar a Eusebio Leal. La política los ciega.
Muy bonita.
Es un pegote en medio de Lahabana y mucho más en la Habana Vieja, nada que ver con la cultura y los inmuebles de alrededor, rompe totalmente de manera abrupta la belleza de la Habana vieja. pero como ni a Eusebio Leal le interesaba realmente la Habana Vieja, y mucho menos a los comunistas en el poder la hicieron, fue el preámbulo de otro desastre arquitectónico de mayor tamaño y connotación en la ciudad: el "tolete de Callejas" o la Torre K... así va La Habana, siendo destruida por el comunismo
No llegué a ver esa construcción, excepto en fotos, que se ve bonita, blanca como una paloma. Me recuerda las fotos turísticas de Santorini. Por suerte el laminado de oro, como dice la autora, no se llegó a terminar en todas las cúpulas, porque semejante ostentación en una ciudad que ya entonces se caía a pedazos hubiera sido brutal. Sin lugar a dudas, los creyentes ortodoxos se sintieron complacidos, al menos tenían un templo. Pero, por lo que se narra aquí, se hizo de la mano de los rusos y está ausente la arquitectura cubana de la que Yaneli Leal tanto nos ha enseñado. (Cont.)
(cont) Por ejemplo, en un artículo dedicado al uso de vitrales en la arquitectura que se desarrolló en Cuba, religioso o no, Yaneli Leal nos dice de "los mediopuntos y lucetas de vidrios de colores sobre puertas y ventanas", y añade sobre la función doble del vitral:" tamizar la luz y decorar. Asimismo, en dependencia del diseño, también puede transmitir un mensaje (religioso, de poder político o económico...)" Es a este tipo de elemento de la arquitectura en Cuba a lo que me refiero, a la incorporación de elementos como este, al margen de que en Rusia el vitral haya sido utilizado sobre todo en altares y solo a partir del XIX en lo que se dice fue una influencia occidental. No hay que usar mucha ventana en un clima predominantemente frío, digo yo. Pero en Cuba la arquitectura es muy diferente. Adaptar la construcción de una iglesia al entorno del país donde se alza, no disminuye el respeto que esa y cualquier otra religión merece.
Lo único que faltaba!