El presidente Luiz Inácio Lula da Silva (Partido de los Trabajadores), de 80 años, y el senador Flávio Bolsonaro (Partido Liberal), de 45 años e hijo del expresidente Jair Bolsonaro, llegan este domingo en un empate técnico según las principales encuestadoras. La respetada Datafolha mostró a ambos con el 50% de los votos válidos, excluidos blancos y nulos, que es criterio que usa la Justicia Electoral en Brasil.
Otras mediciones (Quaest, PoderData, Indexa) confirman el mismo cuadro de paridad extrema. Brasil se encuentra en uno de los escenarios más abiertos y polarizados de su historia reciente. En la primera vuelta, el 4 de octubre, el senador liberal sorprendió al obtener el 47,03% de los votos válidos frente al 45,16% de Lula da Silva. La mayoría de las encuestas había subestimado al hijo del mandatario, hoy inhabilitado y privado de libertad bajo la acusación de propiciar un golpe de Estado.
Desde victoria inesperada, según analistas, el candidato del PL perdió algo de fuelle mientras la izquierda en el poder, con un mandatario octogenario que busca un cuarto periodo presidencial, activó una máquina de respuesta.
Brian Winter, editor de Americas Quarterly y observador habitual de la política brasileña, lo resumió de esta manera: las encuestas no deben tomarse al pie de la letra, pero Lula da Silva y sus aliados "se despertaron" tras la derrota de la primera vuelta, con una campaña digital eficaz que elevó los aspectos negativos de Flávio Bolsonaro. Añadió un detalle revelador: Lula da Silva admitió haber empezado a usar smartphone por primera vez en su vida en esta semana.
El Gobierno desplegó un paquete de medidas que combinan populismo clásico con presión electoral. En septiembre anunció un reajuste del 15% en el programa asistencialista Bolsa Família, el primero en casi cuatro años. Luego anticipó el pago de octubre para que todos los beneficiarios lo recibieran antes del balotaje, alegando riesgos del "super El Niño". Según reportes, se sumaron cerca de 3.000 millones de dólares en condonación de deudas a pequeñas empresas y unos 800 millones en subsidios a combustibles.
Una estimación de la Instituição Fiscal Independente (IFI), vinculada al Senado afirma que el costo total de las "bondades", ayudas anunciadas o implementadas en plena campaña electoral, rondaría los 59.000 millones de dólares, tal como reseñó previamente DIARIO DE CUBA. El presidente, en una entrevista reciente, dijo no saber que el beneficio no se había reajustado durante su tercer mandato.
Estas medidas se acompañaron de una ofensiva de denuncias y medias verdades contra Bolsonaro. La campaña del PT insistió en la figura de su padre y sus medidas controvertidas cuando fue presidente.
En tanto los debates televisados, que Lula da Silva rehuyó antes de la primera vuelta, estuvieron marcados por acusaciones cruzadas de corrupción. Dos medios internacionales de prensa con versiones propias para el país sudamericano, CNN Brasil y BBC News Brasil, describieron a estos debates como una contienda de ataques más que de propuestas estructurales, en un país donde la seguridad pública, el costo de vida y el ajuste fiscal aparecen como preocupaciones centrales.
En lo que termine ocurriendo en las urnas este domingo, un factor clave será el comportamiento de la base de izquierda. Analistas citados por medios informativos brasileños señalan que sectores molestos con Lula da Silva —por la gestión económica, la polarización o la falta de renovación— se abstuvieron o votaron nulo en la primera vuelta. Ahora, ante la posibilidad real de un Gobierno Bolsonaro, muchos habrían decidido votar el domingo para impedir su llegada al poder. Esto ayuda a explicar el estrechamiento de la brecha.
Brian Winter, sin embargo, recuerda que las elecciones generales del 4 de octubre en realidad han dejado al descubierto un país de centroderecha. A juicio de este veterano analista estadounidense, para que Lula da Silva gane necesitaría capturar la mayoría de los votos de candidatos de tercera vía (todos más identificados con banderas liberales y conservadoras, no de izquierda), movilizar abstencionistas y "robar" algunos votos a Flávio Bolsonaro. La matemática sigue siendo difícil.
En la medición del debate del pasado viernes por la red de televisión TV Globo, el último antes de las votaciones, un estudio de la Sala de Debate de la firma Quaest mostró que el senador liberal quedó mejor posicionado entre los votantes que se definen como independientes. Entre lulistas y electores de izquierda, Lula da Silva puntuó más alto; entre conservadores y bolsonaristas, Flávio Bolsonaro arrasó. Los independientes son el segmento decisivo y, en mediciones previas de Quaest, mostraban empates técnicos.
Entretanto, algunas plataformas de predicción, que no son un predictor científico, pero la interpretación que hacen los mercados, siguen a favor de Flávio Bolsonaro. Polymarket lo situaba en torno al 76-78% de probabilidad de victoria el jueves y viernes, con volúmenes de cientos de millones de dólares. Kalshi mostraba cifras similares. Esto contrasta con el empate de las encuestas y refleja la cautela tras el error de la primera vuelta, donde el senador fue subestimado por los sondeos.
Winter describe esta elección de 2026 como una "polarización apática". Un país 50-50, pero con un tercio aproximado de votantes poco inspirados por ninguno de los dos. Algunos de estos votantes podrían cambiar en las últimas horas.
Otro tema de esta campaña, aunque no ha sido el centro de la discusión, está en torno a la edad del presidente que busca la relección. Para diversos observadores, el empeño de Lula da Silva de buscar otros cuatro años en el poder plantea una cuestión generacional. A los 80 años busca un cuarto mandato presidencial (el segundo consecutivo). Si gana y completa el periodo, será el segundo presidente que más tiempo haya gobernado Brasil (16 años) y el más longevo en el cargo.
Críticos señalan que un octogenario en busca de continuidad refuerza la sensación de estancamiento en un sistema político que ya mostró, en 2022 y ahora, la dificultad de construir mayorías amplias más allá del rechazo mutuo. Por otra parte, Lula da Silva, candidato sempiterno del PT, ha cerrado las puertas a nuevos liderazgos en el emblemático partido de izquierdas, hoy venido a menos cómo mostró el resultado territorial en las elecciones generales del 4 de octubre.
Finalmente, lo que ocurra en Brasil tendrá un impacto en América Latina, en medio de una nueva ola de mandatarios electos que se identifican abiertamente con la Administración de Donald Trump. Estamos ante la contienda más reñida de la historia reciente del mayor país de la región, con más de 158 millones de electores y urnas electrónicas en todo el territorio.
El resultado, cualquiera que sea, tendrá impacto regional: de ganar Bolsonaro la Casa Blanca ganará un aliado como lo son Javier Milei (Argentina), José Alberto Kast (Chile) o Abelardo De La Espriella (Colombia), pero si gana Lula da Silva, Trump no tendrá necesariamente un adversario como ha quedado en evidencia en los últimos meses, pero sin duda será una voz distinta (y a veces incómoda) desde Sudamérica.
Q mierda de artculo https://x.com/Polymarket/st…