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Brasil

Emerge otro mapa político en Brasil que da al traste con el PT de Lula da Silva y los partidos tradicionales

Si Lula llegase a ganar el balotaje, se generaría un período de ingobernabilidad con mayoría del Congreso en contra suya.

Buenos Aires
Lula da Silva.
Lula da Silva. Xinhua

Las siglas de los partidos políticos que hicieron historia, tras la dictadura militar, han quedado desdibujados o en roles secundarios en las elecciones generales de este pasado domingo. En Brasil emerge un nuevo mapa político que tiene como punto central al Partido Liberal (PL), controlado por la familia Bolsonaro, y otros movimientos que hacen parte de un nuevo espectro conservador.

Flávio Bolsonaro, senador del PL e hijo del expresidente Jair Bolsonaro, cerró la jornada de votaciones con alrededor del 47% de los votos válidos, frente al 45% del octogenario presidente e icono de la izquierda latinoamericana, Luiz Inácio Lula da Silva. En vista de que ninguno alcanzó la mitad más uno de los votos, la Presidencia se definirá en un balotaje previsto para el 25 de octubre, en el cual el senador de 45 años es favorito según diversos análisis y lecturas.

Si la Presidencia se define en tres semanas, lo que sí quedó resuelto ya, en 20 de los 27 estados (provincias) de Brasil, es quién gobernará en las regiones a partir de 2027. En ese tablero el PT quedó reducido a tres gobiernos del Nordeste, mientras el PL se quedó con cinco y sumó, en manos de aliados, otras seis incluyendo las dos plazas más pobladas del país.

El resultado presidencial contradijo la lectura que las principales encuestadoras ofrecían en la víspera. La histórica empresa Datafolha, con resultados del 2 y 3 de octubre daba a Lula da Silva el 45% de los votos válidos y a Flávio Bolsonaro el 42%. La realidad en las urnas fue otra.

Un total de 11 gobernadores electos o reelectos hicieron campaña a favor de Bolsonaro, incluyendo a tres del Partido Republicanos, una nueva agrupación conservadora que tiene como figura central al reelecto gobernador de São Paulo, Tarcísio de Freitas, quien arrasó con el 62,65% de los votos válidos, frente al 36,4% de Fernando Haddad (PT), un delfín de Lula Da Silva.

En el estado de Rio de Janeiro la definición formal quedó para el 25 de octubre, pero el candidato del PL entra como favorito claro. Douglas Ruas, presidente de la Asamblea Legislativa y apoyado por Flávio Bosonaro, obtuvo el 49,27% de los votos válidos, contra el 42,76% de Eduardo Paes, del PSD. Rio de Janeiro, el tercer colegio electoral del país, no es hoy una plaza petista.

El PSD, Partido Social Democrático, así como el MDB, Movimiento Democrático Brasileño, y el PSDB, Partido de la Socialdemocracia Brasileña, que fundara el expresidente Fernando Henrique Cardoso, han perdido tracción electoral y están relegados en la nueva dinámica política de Brasil.

Por su parte, São Paulo es la herida más visible para el PT. Fernando Haddad, exalcalde, ex candidato presidencial en 2018 y hasta hace poco ministro de Hacienda de Lula da Silva, perdió la gobernación con el 36,4%. No fue una derrota estrecha ni un accidente de segunda vuelta, pero el octogenario presidente en post de un cuarto período presidencial no hizo ninguna autocrítica sino que aseveró que "quien perdió fue el pueblo de São Paulo".

São Paulo eligió al PT para la Presidencia en otras épocas y dio a Haddad la alcaldía de la capital en 2012. En 2026 el partido no gobernará ni el estado ni, por lo que muestran las bancas, la representación paulista en el Senado, ya que las dos candidatas de izquierda, colaboradoras estrechas de Lula da Silva, quedaron fuera.

El mapa que resulta de todo esto, según observadores, es el de un PT arrinconado en la periferia geográfica, limitado al nordeste, la zona más pobre de Brasil. Entretanto, siete gobernaciones se definirán el mismo 25 de octubre, cuando se elija al presidente que asumirá por un periodo de cuatro años a partir del 1 de enero de 2027.  Estos son Acre, Amazonas, Espírito Santo, Rio Grande do Norte, Tocantins, Rio de Janeiro y el Distrito Federal, y en varias de ellas el PL tiene chance de ganar.

En tanto, el sureño estado de Paraná concentra, en una sola elección, el símbolo de los nuevos tiempos políticos. Sergio Moro, exjuez de la Operación Lava Jato y exministro de Justicia de Jair Bolsonaro, ganó la gobernación con el 50,10% de los votos válidos.

Moro fue la figura judicial que encarceló a Lula da Silva en 2018, antes de que el Supremo anulara esas condenas. Su paso al PL y su victoria ajustada, pero en primera vuelta, cierran un ciclo que el PT leyó durante años como persecución y que el electorado paranaense leyó, al menos esta vez, como credencial para gobernar.

Moro, según la lectura simbólica que se hace de su nuevo rol, no es un aliado reciente ni un gobernador de ocasión, se trata del adversario histórico del presidente sentado ahora en un ejecutivo regional del Sur, donde el rechazo al PT ha revivido con fuerza.

La campaña oficial apostó durante semanas a una victoria en primera vuelta que las propias encuestas de víspera ya no garantizaban más que como empate técnico. Lula da Silva, en su discurso para reconocer la derrota, se preguntó en voz alta si "hicimos las cosas correctas" y si "acertamos en nuestras decisiones".

Desde sectores progresistas el reproche apunta a tres flancos. El primero es la lectura de las encuestas: tratar un empate técnico como antesala de victoria en primera vuelta dejó a la campaña sin plan para un balotaje que ahora empieza con desventaja de máquina territorial.

El segundo es São Paulo. Perder el estado por 26 puntos, con el exministro de Hacienda como candidato, debilita el relato de la fortaleza de un Gobierno del PT en la principal plaza electoral del país.

El tercero es la composición del Congreso. Una bancada de 28 senadores del PL y 121 diputados no se desarma en tres semanas de campaña. Aunque Lula da Silva gane el 25 de octubre (lo cual es matemáticamente posible), el mapa que emerge ya condiciona el mandato.

El PT apenas contará, desde el 1 de enero de 2027 con nueve senadores (de un total de 81) y 70 diputados (de un total de 513). Si Lula da Silva llegase a ganar (lo cual luce cuesta arriba) se generaría un período de ingobernabilidad dado que el Congreso en su gran mayoría es anti PT.

El escenario más probable, según analistas, es un triunfo de Flávio Bolsonaro en la segunda vuelta. El amplio apoyo que tendría en el Congreso hace prever dos decisiones que generarán discusión pública: la destitución de magistrados del Supremo Tribunal Federal y un indulto para su padre, Jair Bolsonaro, actualmente en prisión domiciliaria e inhabilitado político, señalado de haber orquestado un intento de golpe de Estado en 2022.

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