China ha dado otra muestra de que su política es evitar que Taiwán conserve canales institucionales en América Latina. La decisión de la Asamblea Nacional de Panamá de conformar un grupo parlamentario de intercambio con el Yuan Legislativo de Taiwán generó comunicados, llamados a rectificar y una advertencia de "graves consecuencias".
Tras nueve años de la alineación de Panamá con China y la ruptura de relaciones con Taiwán, este 8 de septiembre finalmente se conformó el grupo parlamentario binacional que no tiene capacidad ni potestad para reestablecer las relaciones diplomáticas, tal como se encargó de precisarlo el presidente panameño José Raúl Mulino.
Los propios impulsores, los legisladores de distintos partidos Medin Jiménez, José Antonio Pérez-Barboni y Joan Guevara, entre otros, se mantienen firmes en la decisión que lograron aprobar en el seno del Parlamento, pero distinguen que se trata de diplomacia parlamentaria, no reconocimiento de Estado.
Para China esa distinción no existe. La Embajada de China en Panamá sostuvo que "se opone categóricamente a que países que mantienen relaciones diplomáticas con China desarrollen cualquier forma de contacto oficial con la región de Taiwán". Añadió que la Asamblea Nacional de Panamá forma parte de las instituciones del Estado y, por tanto, debe aplicar "de manera plena y precisa" la política exterior del país.
Luego, en otro comunicado, Beijing elevó el tono de su disgusto y pasó a la amenaza: el grupo "viola gravemente el principio de una sola China que sostiene Panamá" y "cruzar la línea sobre la cuestión de Taiwán conducirá a graves consecuencias". También pidió a Washington dejar de enviar "mensajes equivocados". Varios diputados panameños han denunciado injerencia china en los asuntos del Estado.
Panamá mantuvo relaciones con la República de China (Taiwán) durante más de un siglo. Ese vínculo se rompió en 2017, cuando el entonces presidente Juan Carlos Varela reconoció a la República Popular China, aceptó que "existe una sola China" y se comprometió a cesar "toda relación o contacto oficial" con Taipéi.
El argumento oficial combinaba realismo económico y peso demográfico: China era ya el segundo usuario del Canal de Panamá y el primer proveedor de la Zona Libre de Colón. Se anunciaron inversiones, infraestructura y un salto comercial.
Nueve años después, el balance es más ambiguo de lo prometido. El comercio y la presencia empresarial china crecieron, pero también lo hicieron las fricciones, que pasaron a involucrar a EEUU una vez que asumió el presidente Donald Trump, quien públicamente presionó al Gobierno de Mulino para evitar que China tuviese injerencia en el manejo operativo y logístico del Canal.
En paralelo, los lazos privados con Taiwán nunca desaparecieron del todo. El analista y exdiplomático Luis Zúñiga cifra en unos 2.000 millones de dólares las inversiones taiwanesas acumuladas en transporte, manufactura, finanzas y seguros, y recuerda el peso del mercado de la isla para exportaciones panameñas como el camarón. Taiwán sigue siendo un socio comercial relevante y un inversionista de largo plazo, aunque sin bandera diplomática.
Esa dualidad explica la estrategia de Taipéi. Perdida la embajada, apostó por visitas legislativas, cooperación técnica y grupos de amistad. En los seis meses previos a septiembre de 2026, más de 20 diputados panameños viajaron a Taiwán. Hubo delegaciones en noviembre de 2025, febrero y julio de 2026, con agendas que incluyeron semiconductores, el puerto de Kaohsiung, salud e infraestructura.
Varios de esos legisladores panameños pertenecen a la Alianza Interparlamentaria sobre China (IPAC), red de más de 300 parlamentarios que coordina respuestas a la política exterior de Beijing. En tanto, Zúñiga sostiene que la reacción china "desconoce la separación de poderes y las facultades independientes de la Asamblea Nacional".
Esa tensión se ve también dentro del hemiciclo. En 2025 se conformó un Grupo Parlamentario de Amistad entre Panamá y China, con un número reducido de diputados y un discurso de complementariedad con la Cancillería. En 2026 coexisten, por tanto, dos lógicas: un grupo pro-Beijing de menor tamaño y un grupo de intercambio con Taiwán que agrupa a una mayoría multipartidista.
La presidenta de la comisión de Relaciones Exteriores, Joan Guevara, precisó que el mecanismo con Taiwán "no es un grupo de amistad interparlamentaria" en el sentido diplomático clásico, precisamente porque Panamá no reconoce a Taipéi. El matiz lingüístico —"intercambio" en lugar de "amistad diplomática"— no bastó para apaciguar a Beijing.
Y en medio de esta controversia, EEUU terció. El congresista republicano Mario Díaz-Balart felicitó a la Asamblea Nacional de Panamá, mientras que el embajador estadounidense Kevin Marino Cabrera ironizó sobre las quejas chinas y cuestionó las amenazas. La Embajada china replicó con un mensaje personal contra el diplomático.
Para observadores, el Canal y los puertos de Panamá, insertos ya en la rivalidad estratégica entre EEUU y China, exaltan y tensionan un gesto parlamentario como el aprobado dado que esto se inscribe dentro de un tablero geopolítico más amplio.
Zúñiga sitúa el caso panameño en una secuencia: Costa Rica, República Dominicana, Guyana y Argentina han visto a representaciones chinas intentar frenar actividades oficiales o parlamentarias vinculadas a Taiwán. El instrumento suele ser el mismo: recordar el reconocimiento de "una sola China", presentar cualquier contacto como injerencia en "asuntos internos" de China y sugerir costos para la relación bilateral.
Panamá no discute hoy un cambio de reconocimiento de Estado, ciertamente, pero el caso ejemplifica las tensiones. El Gobierno ha mantenido el principio de una sola China y evitó avalar los viajes de los congresistas. Al mismo tiempo, no puede ignorar que una porción mayoritaria de sus diputados ve en Taiwán un socio en varios sectores, donde la isla tiene capacidades concretas.
Tampoco puede ignorar que China considera esos contactos una línea roja y que ha mostrado disposición a usar palancas comerciales y diplomáticas cuando percibe lo que considera un desliz.
En tanto, Taiwán, sin reconocimiento de Estado en la región, convierte cada acuerdo de "intercambio" parlamentario en prueba de que su presencia en América Latina no se extinguió con la ruptura formal de relaciones bajo la presión de China.