La expectativa de que "un nuevo momento político" en Venezuela pudiera ponerle coto a la corrupción que ha caracterizado al chavismo ha terminado por desvanecerse. Y el saqueo del país es una preocupación central para los venezolanos, como dejó en evidencia la encuesta nacional de la brasileña Atlas Intel del mes de julio.
El ascenso de Delcy Rodríguez como presidenta interina de Venezuela, tras la caída de Nicolás Maduro a inicios de 2026, envuelta en una imagen de tecnócrata, junto al consolidado papel de su hermano Jorge Rodríguez al frente de la Asamblea Nacional, generó inicialmente expectativas de una eventual ruptura con las prácticas que marcaron más de dos décadas de chavismo, en particular con el militarismo y la corrupción.
Sin embargo, diversas investigaciones periodísticas difundidas en días recientes revelan una continuidad notable: figuras vinculadas a tramas de corrupción del pasado no solo permanecen impunes, sino que emergen como actores centrales en la nueva etapa, particularmente en la comercialización del petróleo. El caso de Alejandro Betancourt López, conocido como uno de los principales "bolichicos", ilustra con claridad esta dinámica.
El término "bolichico" se utiliza de forma despectiva para referirse a una generación de jóvenes empresarios que se hicieron millonarios de la noche a la mañana gracias a contratos irregulares y sobreprecios con el Gobierno de Hugo Chávez. Muchos de ellos provenían de familias con tradición empresarial y vinculados a los estratos sociales altos de Venezuela.
Es el caso de Betancourt, nacido en 1980 y quien construyó su fortuna en el sector eléctrico durante la emergencia energética decretada por Hugo Chávez hace tres lustros. Su empresa Derwick Associates, fundada junto a su primo Pedro Trebbau y sin experiencia previa demostrada en construcción de plantas termoeléctricas, obtuvo en apenas 14 meses (entre 2009 y 2011) al menos 11 o 12 contratos por adjudicación directa, sin licitación competitiva, por un valor que pudo haber sido de hasta 5.000 millones de dólares, según distintas estimaciones de Transparencia Venezuela e investigaciones periodísticas de El Pitazo.
Según El Pitazo, Petróleos de Venezuela (PDVSA) emitió 17 órdenes de compra de equipos eléctricos bajo un "programa de respuesta rápida" aprobado en noviembre de 2009, con adjudicación directa para aportar más de 1.000 megavatios en un año. Filtraciones de un exempleado de ProEnergy, la firma estadounidense que ubicó las turbinas, reveló que más del 81% de los equipos eran usados, de segunda o tercera mano, cobrados como nuevos e incluso procedentes de lugares como Tanzania.
Un informe interno de la estatal eléctrica Corpoelec de 2018 y análisis del ingeniero José Aguilar indicaban que el 93% de las unidades instaladas por Derwick no generaban energía, o lo hacían a mínima capacidad. Transparencia Venezuela calculó sobreprecios de alrededor de 2.900 millones de dólares.
Las acusaciones no se limitaron a la sobrefacturación y la calidad de los equipos. Investigaciones en Venezuela, Estados Unidos, España y Suiza han señalado posibles sobornos a funcionarios, flujo de fondos a cuentas offshore en Suiza, Panamá, Barbados y Luxemburgo, y blanqueo de capitales. En España, la Audiencia Nacional reabrió en 2026 una causa archivada previamente, que investiga el supuesto pago de 42 millones de dólares en sobornos a tres funcionarios de PDVSA para defraudar 4.850 millones de dólares en operaciones de cambio de divisas canalizadas a través del petróleo.
Este hombre, señalado en múltiples frentes, regresa hoy al centro del poder económico venezolano bajo el Gobierno de Delcy Rodríguez. Tras la captura de Maduro, Betancourt ha emergido como figura central en la comercialización y producción privada de petróleo. A través de North American Blue Energy Partners (NABEP), registrada en Barbados y asociada inicialmente con el empresario estadounidense Harry Sargeant III, obtuvo contratos de participación productiva bajo la Ley Antibloqueo.
Estos acuerdos, impulsados cuando Delcy Rodríguez era ministra de Petróleo, le permiten operar campos en el Lago de Maracaibo y la Faja del Orinoco. Tras la venta de la participación de Sargeant por 300 millones de dólares en agosto de 2026, Betancourt consolidó el control de NABEP, convertida en la segunda mayor productora privada de crudo en el país, con volúmenes reportados cercanos a entre 150.000 y 200.000 barriles diarios, solo detrás de la poderosa transnacional Chevron.
Sendas investigaciones de El País, de España, y la agencia Bloomberg, coinciden en señalar que Betancourt asesora a la presidenta interina Delcy Rodríguez en la reactivación de la industria petrolera, minería y reestructuración de deuda. Vuelos privados lo han llevado a Caracas en fechas como junio y julio de 2026, acompañado de familiares, socios e inversores.
De acuerdo con Bloomberg, fuentes cercanas a círculos de poder en la Casa Blanca lo describen como intermediario útil: entiende el negocio petrolero en ambos países y ha servido de puente entre Washington y Caracas.
Y desde el poder en Caracas se activó una campaña coordinada en redes sociales que busca blanquear la imagen de Betancourt y desacreditar a quienes lo investigan, según confirmó Adrián González, director de la iniciativa Cazadores de Fake News a DIARIO DE CUBA.
Desde inicios de este mes de agosto, "se desplegó una operación digital inauténtica", que reúne al menos 75 cuentas en X (62 simulando personas reales y 13 presentándose como noticieros), muchas compradas en lote (creadas entre 2011 y 2015, con baja actividad histórica y reactivadas en agosto), que publican respuestas hostiles masivas y simultáneas a reportajes sobre el empresario.
Paralelamente, se registraron 13 sitios web en solo dos días (26 y 27 de julio de 2026) que simulan ser noticieros regionales venezolanos (Anzoátegui Noticias, Aragua Noticias, Noticias de Zulia, entre otros). Todos usan el mismo proveedor de alojamiento, carecen de datos editoriales o de contacto, y amplifican narrativas favorables a Betancourt, a NABEP como oportunidad económica y a la gestión de Delcy Rodríguez, mientras rechazan a líderes opositores como María Corina Machado.
Para analistas, este patrón, que combina ausencia de sanciones para la corrupción, reinserción de figuras acusadas en el pasado en las nuevas oportunidades de negocios y, junto a eso, la defensa mediática digital, una estrategia muy común desde el chavismo, pone en evidencia que el Gobierno de los hermanos Rodríguez no ha marcado una ruptura sustancial con los responsables de las grandes tramas de corrupción de los gobiernos de Chávez y Nicolás Maduro.
Según la más reciente encuesta de la brasileña Atlas Intel, la corrupción encabeza las principales preocupaciones de los venezolanos, con un 60,7 % de las menciones. Le siguen la pobreza y el desempleo (35,6 %), el debilitamiento de la democracia (34,9 %) y el deterioro del sistema de salud (31,7 %). Estos datos evidencian el profundo descontento ciudadano frente a fallas institucionales que persisten más allá de los cambios políticos recientes.
Mientras Venezuela enfrenta aún apagones crónicos, de entre cinco y 12 horas al día en gran parte del país, con excepción de Caracas, y una industria petrolera deteriorada, la reaparición de figuras como la de Betancourt plantea interrogantes sobre la profundidad del "nuevo momento político", como definió Delcy Rodríguez a la etapa tras la captura de Maduro por parte de tropas estadounidenses en enero pasado.