Medio año después de la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses el 3 de enero, Delcy Rodríguez parece haber consolidado su posición como presidenta interina de Venezuela. Su respuesta al doble terremoto del 24 de junio y a las críticas a la respuesta que generó su gestión, ha sido cerrar filas con las Fuerzas Armadas en un giro militarista después de seis meses.
Este 5 de julio, en un acto en conmemoración del aniversario de la Firma del Acta de la Independencia y el acto de graduación de la Universidad Militar Bolivariana de Venezuela, Rodríguez pronunció un mensaje enérgico y defensivo ante nuevos oficiales. Lejos de los llamados a la paz y la reconciliación que venían caracterizando sus mensajes tras asumir el cargo, esta vez enfatizó su condición de comandante en jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y advirtió contra cualquier intento de desestabilización.
"Recientemente un periodista me preguntó quién había dado la orden de desplegar a la FANB en La Guaira y en los sitios de desastre. ¡La orden la di yo como comandante en jefe de nuestra FANB", exclamó de forma enfática: "¡La orden la di yo y me hago responsable por nuestra FANB, que está allí en el territorio, está allí abrazando a los familiares que esperan recuperar a sus seres queridos debajo de los escombros!", añadió.
Este tono, asumido tras los dos terremotos del pasado 24 de junio, contrastó con sus intervenciones anteriores. Tras la captura de Maduro, Rodríguez había pedido fe de vida para el expresidente y se mostró dispuesta al diálogo, aunque siempre bajo el marco de la continuidad chavista. Ahora, ante las críticas por la gestión de la catástrofe, recurrió al viejo libreto de "conspiraciones internas y externas".
"No entiendo cómo en estos momentos de dolor para Venezuela, de duelo nacional, hay quienes se atreven a la miseria, se atreven a planificar estallidos sociales. Aquí no habrá estallido social. Aquí lo que hay es solidaridad social profunda de nuestro pueblo", sentenció. "Igualmente hoy se pretende atacar la institucionalidad venezolana. No puede haber espacio para ningún tipo de conspiración, ni interna ni externa, venga de donde venga", remarcó acompañada de su gabinete del alto mando militar y de centenares de graduandos de la academia militar.
El 5 de enero de 2026, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) la designó presidenta encargada por "ausencia forzosa" de Maduro, con un mandato inicial de 90 días prorrogables. Ese plazo (extendido hasta aproximadamente seis meses) venció alrededor del 3 de julio sin que el TSJ emitiera una decisión sobre vacancia absoluta o convocatoria a elecciones. Rodríguez continúa en el cargo sin nuevo marco legal explícito.
En estos seis meses ha realizado cambios profundos en las Fuerzas Armadas: destituyó al ministro de Defensa Vladimir Padrino López y a varios comandantes de regiones estratégicas, nombrando figuras más cercanas a su círculo. El 29 de enero, la cúpula militar la reconoció formalmente como comandante en jefe, la primera mujer en ocupar ese cargo en la historia de Venezuela.
Analistas independientes coinciden en que ha logrado una consolidación interna relativa, aunque frágil. David Smilde, de la Universidad de Tulane, señala que la otrora vicepresidenta de Maduro ha logrado establecer efectivamente su liderazgo dentro del círculo dirigente, pero advierte que ahora enfrenta la fase más difícil: aplicar reformas impopulares. A esto se suma gestionar crisis post terremoto y su impacto económico.
Michael Shifter, quien encabezó largamente el think tank Inter-American Dialogue, en Washington, considera que Rodríguez "ha acabado por ser más hábil de lo que muchos observadores esperaban" para consolidar su posición.
Para muchos observadores lo que explica la permanencia y consolidación como figura de poder de Delcy Rodríguez, está precisamente en Washington y la decisión de la Administración Trump de respaldarla de forma inequívoca, hasta ahora.
La gestión del terremoto del 24 de junio —que dejó más de 3.500 muertos según cifras oficiales y miles de damnificados en La Guaira y zonas aledañas— ha sido el mayor desafío. Testimonios recogidos por periodistas en el terreno denuncian lentitud en las primeras 72 horas, falta de maquinaria y percepción de abandono, pese al despliegue posterior de miles de efectivos. Rodríguez ha defendido que la respuesta fue "inmediata" y ha atribuido las críticas a "matrices mediáticas elaboradas en laboratorios".
Medios internacionales como El País, CNN y Telemundo la pusieron contra las cuerdas en la rueda de prensa del 2 de julio, cuestionando la descoordinación y la presencia de militares "con armas y no con palas". La desaprobación de su gestión subió según encuestas recientes (hasta 63% en un sondeo posterior a los seísmos de la brasileña de Atlas Intel para la agencia Bloomberg). Expertos ven en la tragedia una prueba de fuego para el interinato.
La académica Julia Buxton resume una visión extendida: el poder de Rodríguez depende en gran medida del apoyo de EEUU. A seis meses de la captura de Maduro, Delcy Rodríguez ha demostrado capacidad de maniobra: purgó sectores maduristas duros, abrió canales con Washington (incluyendo envíos de dólares en efectivo y acuerdos petroleros), y ahora utiliza la crisis para reafirmar su autoridad militar y política.
En medio de la tragedia se apuntó un éxito político, logró que la Casa Blanca frenara el anunciado regreso de la líder opositora María Corina Machado a Venezuela, quien permanece exiliada en Washington y según medios internacionales el Gobierno de Trump abortó tres intentos de que la Premio Nobel de la Paz pudiera regresar a su país, tras los dos terremotos.
Pese al respaldo de Trump, el alejamiento momentáneo de Machado y el cierre de filas de las Fuerzas Armadas en torno suyo, no le garantizan per se una larga estadía en el poder. Cada tanto el secretario de Estado, Marco Rubio, le recuerda al público que se extrajo a Maduro para que a fin de cuentas Venezuela se condujera a una transición democrática y esta aún no llega a Caracas.
Sobre la presidencia de Delcy Rodríguez, en tanto, gravitan la falta de una solución institucional clara sobre su mandato, el malestar por la respuesta al sismo y las divisiones latentes dentro del chavismo mantienen abierto el escenario.
Su discurso del 5 de julio marcó un giro, el endurecimiento: de la prudencia y apertura al diálogo se pasó a la reafirmación dura del poder. Si Delcy Rodríguez logra capitalizar la emergencia para centralizar aún más el control institucional, junto con la llegada de recursos extraordinarios de la cooperación para reconstruir las zonas devastadas, eso le dará mayor margen de maniobra en su gestión que hasta este 5 de julio pretendía presentarse como una tecnocracia. Pero ese día ha sumado el factor militarista como base de su sostenibilidad.