La reconstrucción de las áreas más afectadas en Venezuela por los terremotos del 24 de junio requerirá una inversión estimada entre 13.000 y 15.000 millones de dólares, según proyecciones de economistas y organismos multilaterales. Esta cifra representa un desafío de enorme magnitud para una economía endeble y con problemas estructurales previos a los sismos, herencia de los años del chavismo en el poder.
Las estimaciones preliminares de daños directos físicos oscilan entre 6.700 y 9.000 millones de dólares. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) calculó, mediante una evaluación satelital rápida, daños físicos directos por 6.700 millones de dólares, equivalentes a cerca del 6% del Producto Interno Bruto (PIB) venezolano, con un rango que va de 4.700 a 8.700 millones. Estas pérdidas se concentran principalmente en viviendas y activos económicos de los estados más golpeados: La Guaira, Caracas, Miranda y zonas aledañas.
El economista Asdrúbal Oliveros, una de las voces más respetadas del país en las ciencias económicas, elevó la estimación de daños directos a un rango de 7.500 a 9.000 millones de dólares, equivalente a aproximadamente el 8,5% del PIB. Oliveros precisó que la reconstrucción propiamente dicha —que incluye no solo la reposición de lo destruido, sino también la corrección de fallas estructurales, el refuerzo de edificaciones y la adaptación a nuevos estándares de seguridad— elevaría la necesidad de recursos a entre 13.000 y 15.000 millones de dólares.
La Corporación Andina de Fomento (CAF), a través de su vicepresidente Christian Asinelli, proyectó que la reconstrucción de las zonas afectadas demandará más de 15.000 millones de dólares. Entre los daños materiales más visibles se cuentan al menos 189 edificios colapsados por completo, más de 50.000 estructuras en riesgo por las réplicas, la destrucción total de viviendas para unas 20.000 familias y alrededor de 1,2 millones de toneladas de escombros que deben ser retirados.
El aeropuerto internacional de Maiquetía, el más importante del país, y el puerto de La Guaira, el segundo en importancia de Venezuela, sufrieron afectaciones significativas que complicaron inicialmente la llegada de ayuda humanitaria.
Consultado por DIARIO DE CUBA, el economista Omar Zambrano advirtió que cualquier estrategia de recuperación debe partir de una evaluación técnica e independiente de los daños. "Cuantificar lo que dejó el terremoto es catastrófico. En una economía como la venezolana, que apenas muestra signos de recuperación incipientes, es un golpe durísimo", señaló el profesor de la Universidad Católica Andrés Bello.
A juicio de Zambrano, el punto de partida es la convocatoria urgente que debe hacer el Gobierno de la presidenta interina Delcy Rodríguez para que vengan al país misiones técnicas especializadas del Banco Mundial y de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) para realizar una evaluación integral de pérdidas en infraestructura, capital físico, actividad económica y servicios públicos.
"Es tiempo de empezar a buscar y evaluar el impacto de los daños con métodos, instrumentos y técnicas específicas. El Gobierno tiene que recibir misiones técnicas como del Banco Mundial y la CEPAL", afirmó el economista jefe de Think Anova, un think tank especializado en estudios económicos y relacionado con diversos organismos internacionales.
"El costo será muchísimo mayor al que dijo el Programa de Naciones Unidas", advirtió Zambrano, y Venezuela no tiene capacidad para financiar sola la reconstrucción.
Por su parte, Asdrúbal Oliveros coincidió en que la magnitud de los recursos necesarios supera ampliamente la capacidad financiera del Estado venezolano. "Dada la situación financiera del Estado venezolano, no tenemos hoy recursos para manejar directamente esta reconstrucción. Vamos a depender mucho de financiamiento y de ayuda internacional", sostuvo.
Oliveros explicó que el impacto de los dos terremotos consecutivos del 24 de junio va más allá de la destrucción física: destruye productividad, empleo, ingresos fiscales, cadenas logísticas y confianza. "Miles de empresas interrumpen operaciones, las familias posponen decisiones de consumo e inversión, y la actividad económica pierde dinamismo durante meses e incluso años", alertó.
Tanto Zambrano como Oliveros, por separado, han coincidido en la urgencia de movilizar apoyo externo de manera coordinada. Zambrano propuso que EEUU encabece una conferencia global de donantes para la reconstrucción de Venezuela. Esta iniciativa, según el economista, debe canalizar recursos de manera transparente y eficiente. La experiencia de otros desastres, como el terremoto de Haití en 2010, muestra que la efectividad de la ayuda internacional depende en gran medida de la capacidad del Estado receptor para ejecutar los proyectos.
En el caso venezolano, Zambrano alertó que "este terremoto desnudó que el Estado venezolano no tiene capacidades públicas en respuesta y preparación".
El impacto económico de los terremotos terminará por afectar a todos los venezolanos, no solo a las víctimas directas de los seísmos. Zambrano advierte que el Gobierno interino, bajo la tutela de EEUU, tendrá que aumentar sus gastos para responder a la emergencia.
En un contexto de déficit fiscal persistente, el especialista consideró probable que el Gobierno de Delcy Rodríguez opte por incrementar el gasto público de forma inorgánica, es decir, mediante mayor emisión de dinero.
"Habrá una presión gigante sobre el Estado venezolano para reconstruir la economía. Eso llevará a la producción de más dinero sabiendo que el Gobierno tiene años en déficit, eso es gastar más, eso presiona en la inflación y en el dólar y ya eso (en el pasado, con Nicolás Maduro) nos llevó a una hiperinflación", alertó Zambrano.
El economista jefe de Think Anova recordó que Venezuela ya era un país endeudado antes del desastre y que su fragilidad estructural se agrava ahora con la destrucción de infraestructura y la interrupción de actividades productivas en zonas clave del litoral central. Aunque el peso del estado La Guaira en el PIB nacional no es determinante, la concentración de población y la fragilidad de las familias afectadas amplifican el impacto social.
En el corto plazo, el especialista prevé que el segundo semestre de 2026 estará marcado por un repunte de la inflación y una mayor devaluación del bolívar, como consecuencia del aumento del gasto público sin un respaldo productivo equivalente y de las presiones sobre el mercado cambiario, lo cual impactará negativamente a toda la población.
La reconstrucción de Venezuela tras los terremotos del 24 de junio representa, por tanto, no solo un desafío de ingeniería y recursos, sino también una prueba decisiva para la capacidad del chavismo en el poder de articular una respuesta técnica, transparente y coordinada con la comunidad internacional.
Mucho cuidado con el destino de esos fondos. No olvidar que la corrupción está a la orden del día.