La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, anunció este lunes la fusión de los ministerios de Relaciones Exteriores y Comercio Exterior en un solo ente, y —lo más importante— designó a Félix Plasencia como su titular. Salió Yván Gil, figura cercana a Nicolás Maduro, quien había demostrado sus simpatías por el régimen cubano.
El relevo no es un simple ajuste de gabinete. Marca un ajuste de poder interno y un reordenamiento de prioridades en la política exterior del chavismo en su fase post-Maduro. Con la salida de Gil, el régimen castrista en Cuba pierde a un aliado estratégico en Caracas. Su reemplazo, Plasencia, es un colaborador de larga data y confianza de Delcy Rodríguez, pero con un perfil más pragmático y menos ideologizado que el de su predecesor.
Todo esto, además, tiene como telón de fondo el contexto de la Venezuela posterior al 3 de enero de 2026, cuando tropas militares capturaron a Maduro, y tras el restablecimiento de relaciones diplomáticas con EEUU bajo la administración de Donald Trump.
Plasencia era el hombre del Gobierno Rodríguez ante la Casa Blanca tras el 3 de enero, con lo cual quedó en evidencia la confianza que la otrora vicepresidenta de Maduro ha colocado en manos de este diplomático con formación universitaria en el área y amplia experiencia internacional, otra notable diferencia con Gil, según apuntan observadores en Venezuela.
La salida de Gil resultaba previsible. Desde los primeros movimientos de Delcy Rodríguez en la Cancillería, se designó como viceministro para Europa y América del Norte a Oliver Blanco, una figura política, otrora opositor, y sin filiación chavista.
Durante estos primeros meses de este 2026, la diplomacia venezolana funcionó de forma bicéfala: Yván Gil mantenía reuniones y firmaba declaraciones con los embajadores de los aliados tradicionales —Rusia e Irán, por ejemplo—, con un tono más cercano a la retórica izquierdista clásica del chavismo, aunque evitaba confrontaciones directas con Trump. Paralelamente, Oliver Blanco recibía en las escalerillas del avión a altos funcionarios de la Administración Trump que visitaron Caracas tras la caída de Maduro, y sostenía diálogos cordiales con embajadores europeos occidentales acreditados en la capital.
Esta división interna en la Cancillería evidenciaba tensiones entre la línea ideológica dura y las necesidades de adaptación a un nuevo escenario interno e internacional.
La gota que parece haber derramado el vaso fue el último comunicado firmado por Yván Gil, en el que cuestionaba al presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella. En un momento en que Venezuela busca recomponer puentes con actores regionales y occidentales, ese tipo de declaraciones resultaba contraproducente para la estrategia de Delcy Rodríguez. Pese a las diferencias entre el mandatario electo de Colombia y la presidenta interina de Venezuela, ambos parecen depender para su gestión de la bendición de Trump y del respaldo de Washington.
Yván Gil representó la continuidad de la política exterior más alineada con el eje ideológico del chavismo madurista. Su gestión se caracterizó por comunicados de alto voltaje contra "agresiones imperialistas" y por el mantenimiento de vínculos estrechos con La Habana, Moscú y Teherán. Era percibido como un estrecho colaborador de Maduro y un puente natural con el régimen cubano, que durante años ejerció una influencia significativa en la estructura de poder venezolana.
Félix Plasencia, en cambio, es un diplomático de carrera con formación europea (maestría en Estudios Europeos en Lovaina y posgrado en Oxford). Ingresó al servicio exterior en 1991, antes del chavismo, y coincidió con Delcy Rodríguez en la Embajada de Venezuela en Londres durante el segundo gobierno de Rafael Caldera (1994-1999). Esa relación de más de tres décadas lo convirtió en uno de los operadores más cercanos y confiables de Rodríguez.
Fue canciller brevemente entre 2021 y 2022, pero su estilo no parecía estar alineado con la altisonancia de Maduro. También fue embajador en China, Colombia y Reino Unido. En febrero de 2026 fue designado representante ante EEUU para gestionar el reestablecimiento de relaciones.
El estilo de Plasencia es el de un negociador pragmático, más orientado a resultados concretos que a proclamas ideológicas. La designación de un perfil así al frente de una Cancillería fusionada con Comercio Exterior no es casual: apunta a priorizar la diplomacia económica y la búsqueda de espacios de cooperación pragmática por encima de la confrontación retórica, teniendo a Washington como centro de gravedad.
El cambio trasciende lo personal. En las posiciones estratégicas de la economía, con Calixto Ortega como vicepresidente sectorial y representante de Caracas ante el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, y ahora en política exterior (Plasencia), se instalan figuras de confianza de Delcy Rodríguez en el alto Gobierno, teniendo en común sus perfiles pragmáticos. Este movimiento profundiza la distancia entre Caracas y La Habana en los tiempos que corren tras la caída de Maduro.
El régimen cubano pierde –sin duda— un canal privilegiado representado por Yván Gil. Históricamente, la alianza con Cuba fue uno de los pilares ideológicos y operativos del chavismo. Sin embargo, en la Venezuela post-3 de enero, las prioridades parecen inclinarse hacia la recuperación económica y la búsqueda de legitimidad internacional, objetivos que exigen un tono menos confrontacional con Occidente.
El giro no implica una transformación estructural del régimen. Sigue siendo un gobierno de origen chavista que busca sobrevivir y estabilizarse tras la salida de Maduro. La fusión de Cancillería y Comercio Exterior responde a una lógica de eficiencia en un contexto de crisis económica agravada por los terremotos de junio de 2026 y a la necesidad de aprovechar cualquier ventana de cooperación internacional.
Sin embargo, para observadores, la salida de Gil y el ascenso de Plasencia revelan las tensiones inherentes al chavismo: la dificultad de mantener una política exterior puramente ideológica cuando las circunstancias exigen pragmatismo.
El Gobierno de Delcy Rodríguez demuestra capacidad de adaptación —colocando operadores flexibles en puestos clave y gestionando una transición controlada—, pero también expone su fragilidad interna y la subordinación de las alianzas ideológicas (como la cubana) a las necesidades de supervivencia del poder en lo que analistas como Fernando Mires han denominado "el tercer chavismo".
La presencia de figuras como Oliver Blanco en roles de interlocución con Occidente y la designación de Plasencia al frente de una diplomacia más orientada al comercio sugieren un intento de reposicionamiento.
En definitiva, el relevo en la Cancillería ilustra cómo el chavismo post-Maduro intenta reconfigurarse: conservando el control del poder a través de lealtades personales, consolidándose el círculo de confianza de Delcy Rodríguez. La ideología cede terreno a la supervivencia, pero el sistema de poder permanece intacto en su esencia autoritaria, ya que no se planean elecciones en el corto o mediano plazo y el sistema represivo heredado de Maduro sigue intacto, como han señalado diversas ONG de derechos humanos.
MENTIRA. Estan esperando que Trump y marquito se olviden de ellos para seguir la pachanga con "labana."