Ucrania reivindicó el lunes 13 de julio nuevos ataques contra 15 supuestos buques de la llamada "flota fantasma" de Rusia en el mar de Azov, con la que Moscú busca eludir sanciones internacionales, elevando a más de un centenar los navíos golpeados en la última semana.
Según el balance ofrecido por el comandante de las Fuerzas de Sistemas No Tripulados de Ucrania (SBS), Robert 'Magyar' Brovdy, durante la última noche 15 buques rusos fueron alcanzados por los equipos de drones ucranianos, de los cuales siete son barcos petroleros, cinco navíos de carga seca, un transbordador y dos remolcadores.
"La operación 'MoLocka' continuará hasta que la 'flota en la sombra' de la Federación de Rusia pase a formar parte del 'Libro Rojo' del mar de Azov. Hasta el momento: 105 tarjetas amarillas y rojas y ya se han alcanzado los cuartos de final", ironizó Brovdy.
El militar indicó que entre el 6 y el 13 de julio "hubo resultados contra 105 embarcaciones. La infraestructura de transporte de la península recibe golpes cada noche; el movimiento de mercancías se ha detenido y las operaciones de carga se han reducido al mínimo", señaló, en referencia al aislamiento al que somete Ucrania a Crimea, ocupada por Rusia.
Igualmente, el mando militar ucraniano informó de ataques contra la infraestructura energética rusa en la península. En total, las fuerzas ucranianas golpearon nueve subestaciones eléctricas, así como el nodo estratégico de distribución eléctrica del puente energético Kubán Crimea, en el segundo ataque en 48 horas contra este punto.
"También fueron atacadas cuatro posiciones de defensa antiaérea. Se destruyeron un sistema de lanzamiento del S-400 'Triumf', un sistema de defensa aérea Tor y 2 complejos de radar", especificó Brovdy en un mensaje en redes sociales, para indicar que los drones atacaron 1.725 objetivos en la profundidad táctica de todo el frente en la última jornada.
Según el periodista Nacho Montes de Oca, los ataques forman parte de "un plan mucho más ambicioso, dirigido a completar el daño causado a las refinerías y otras instalaciones del sistema energético que abastecen a Rusia de combustible y divisas", que ya genera escasez de gasolina en todo el país.
De acuerdo con su análisis, "sin combustible, la presencia rusa en Crimea se hace insostenible", si bien el quebradero de cabeza del Kremlin va más lejos, pues apenas "entre el 35% y el 40% de las exportaciones de Rusia salen por la ruta báltica a través de los puertos de Primorsk, Ust-Luga y San Petersburgo, que en invierno dependen de la disponibilidad de rompehielos para salir al mar".
"No es solo eso: además hay una doble pinza, con una parte ucraniana y otra europea. Por un lado, entre marzo y abril de 2026, oleadas de drones ucranianos provocaron graves incendios en los tanques de almacenamiento y terminales de carga de Ust-Luga y Primorsk. La capacidad de exportación de petróleo y gas ya se redujo en un 9% desde que comenzaron los ataques en marzo", recordó.
"Luego está la nueva política de restricción al paso de buques de la 'flota fantasma' rusa. Suecia ya abordó cinco buques rusos y Gran Bretaña hizo lo mismo con el petrolero ruso Smyrtos, identificado como parte de la flota que busca esquivar las sanciones. El barco fue enviado a la costa de Weymouth".
Ante este panorama, el Kremlin se vio obligado a desviar masivamente su crudo hacia el sur y, en consecuencia, las cargas en el puerto de Novorossiysk, en el mar Negro, se dispararon un 68% en el último mes.
No solo el petróleo se ve afectado con la situación: "De los aproximadamente 50 millones de toneladas de trigo que exporta Rusia anualmente, un 20% sale por el mar de Azov; si ampliamos la mirada al mar Negro, por esa vía sale otro 70%. Hay que considerar que esas ventas generan unos 12.500 millones de dólares anuales de ingresos para Rusia".
Montes de Oca apuntó que las exportaciones rusas del mar Negro ascienden a alrededor de 34.557 millones de dólares anuales que "Putin ahora se ve obligado a interrumpir por las pérdidas en su flota mercante. Y ahora se vienen el invierno y el hielo, mientras la interrupción ordenada por Rusia en el mar Negro y el mar de Azov ocurre en el peor momento posible del calendario agrícola, golpeando de lleno el inicio del período más crítico del año para su economía".
"La suspensión del tráfico marítimo coincide exactamente con el comienzo de la temporada de cosecha de trigo de invierno, que arranca formalmente en julio. Rusia exporta entre el 40% y el 50% del trigo anual en estos cuatro meses. Durante este cuatrimestre, moviliza más de un tercio de todo su volumen anual para aprovechar que los precios internacionales se fijan tras las cosechas globales".
Recuerda el analista que Rusia no tiene puertos alternativos y "sabe que, desde la era de los zares, Crimea fue una de las llaves para evitar que les sucediera justamente lo que ahora les pasa a los rusos. El tamaño de Rusia, en este caso, no cuenta o, más bien, es un problema adicional".
"Es entonces cuando comprendemos que Crimea es el segundo golpe de una carambola que comenzó a ejecutarse cuando los drones atacaron las refinerías rusas. El objetivo inmediato y más visible es liberar a Crimea del yugo, pero el más ambicioso es golpear al dueño del yugo, recordándole dónde se encuentra uno de sus puntos débiles históricos", aseguró.