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Haití

Un 13% de haitianos ha huido de sus hogares para escapar de una violencia que no da tregua

Haití podría pasar a ser el primer Estado del hemisferio gobernado por grupos criminales armados.

Caracas
Personal de la OIM entre desplazados haitianos por la violencia.
Personal de la OIM entre desplazados haitianos por la violencia. IOM

La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) ha lanzado una alerta contundente: Haití registra un récord histórico de desplazamiento interno con cerca de 1,5 millones de personas obligadas a abandonar sus hogares. Más de la mitad de estos desplazados son mujeres y niñas, un dato que subraya la vulnerabilidad extrema de los grupos más afectados por la crisis.

Haití luce asolado, abandonado a su suerte pese a los constantes llamados de alerta de organismos internacionales especializados como es el caso de la OIM. La espiral de violencia que protagonizan bandas criminales ya no se circunscribe a los barrios más pobres de la capital, Puerto Príncipe, sino que se expande hacia zonas que antes funcionaban como refugios para el resguardo de quienes huían de los ataques armados, la extorsión y los abusos.

Para dimensionar la magnitud de esta tragedia, basta con un cálculo simple pero revelador. Haití cuenta con aproximadamente 11,5 millones de habitantes. Eso significa que el 13% de la población total vive hoy en condición de desplazado interno. Se trata de un porcentaje alarmante que supera con creces las cifras de cualquier otra crisis reciente en el hemisferio.

Al dar a conocer estas cifras actualizadas este 5 de junio, el jefe de misión de la OIM en Haití, Grégoire Goodstein, no ocultó la gravedad: "La crisis de desplazamiento en Haití está entrando en una fase aún más alarmante. La crisis ya no se limita a barrios o regiones específicas. A medida que la violencia se extiende hacia zonas que antes se consideraban seguras, cada vez más personas se ven obligadas a huir repetidamente, a menudo sin ningún lugar adónde ir".

El informe de la Matriz de Seguimiento del Desplazamiento (DTM) de la OIM detalla que, solo en mayo de 2026, más de 18.000 personas huyeron de Cité Soleil tras renovados enfrentamientos. Semanas antes, otros 5.000 habitantes del Departamento del Sureste se sumaron a la lista de desplazados en una región que hasta entonces servía de refugio con relativa seguridad.

La situación se agrava por los retornos forzados. Desde inicios de 2026, decenas de miles de haitianos han sido deportados desde otros países, muchos de ellos sin recursos ni redes de apoyo, y en medio de comunidades ya saturadas.

República Dominicana, país con el que Haití comparte el territorio de la Isla La Española, es de lejos la nación que más haitianos devuelve. Entre enero y abril de 2026 ya había repatriado más de 124.000, y en mayo sumó otros 35.305 solo en ese mes.

Junto a esto está como problema neurálgico de Haití la violencia extendida. La Oficina Integrada de las Naciones Unidas en Haití (BINUH) confirmó que durante los primeros tres meses del año —enero a marzo de 2026—, al menos 1.642 personas fueron asesinadas y otras 745 resultaron heridas en actos vinculados a la inseguridad.

Tales cifras, aunque estremecedoras, no sorprenden a quienes siguen la evolución de Haití. Las pandillas, organizadas en coaliciones como Viv Ansanm desde inicios de 2024, controlan más del 85% de la capital y han extendido su influencia a departamentos como Artibonite y Centre. La BINUH estima que el 27% de las víctimas mortales fueron responsabilidad directa de estos grupos armados, mientras que una porción importante de las muertes ocurrió durante operaciones de las fuerzas de seguridad o en actos de "justicia popular" por parte de grupos de autodefensa.

Si el primer trimestre ya era catastrófico, mayo de 2026 marcó un nuevo pico de horror que registraron los escasos medios internacionales de prensa que sigue operando desde territorio haitiano. Por ejemplo, entre el 9 y el 14 de mayo, enfrentamientos entre pandillas rivales en Cité Soleil y Croix-des-Bouquets dejaron al menos 78 muertos y 66 heridos, según un balance provisional de la propia BINUH. De los fallecidos, diez eran civiles ajenos a las bandas (cinco hombres, cuatro mujeres y una niña).

Imágenes de esos sucesos mostraron a cientos de residentes huyendo bajo fuego cruzado, autos quemados, vacas muertas en las calles y vecinos protestando frente a vehículos blindados de la Policía exigiendo protección. La organización humanitaria Médicos Sin Fronteras (MSF) se vio obligada a evacuar su hospital en Cité Soleil tras intensos tiroteos el domingo 11 de mayo.

El 20 de mayo, la propia ONU informó que, en apenas diez días, unas 30.000 personas habían huido de Puerto Príncipe y zonas aledañas por una nueva ola de ataques y atrocidades. Testigos describieron escenas dantescas: hombres con machetes incendiando casas con gente dentro, disparos indiscriminados y saqueos sistemáticos.

Estos eventos no fueron incidentes aislados. Formaron parte de un patrón que la OIM y entidades como Crisis Group ya había advertido: las pandillas ya no respetan "zonas seguras". El sureste, antes un destino para quienes escapaban de la capital, registró su propio desplazamiento de 5.000 personas en cuestión de semanas. La violencia se ha vuelto ubicua, y con ella, la desesperanza. Ya no hay zonas seguras a las cuales huir.

En Haití el Estado ha perdido el control efectivo de vastas porciones de territorio. Las pandillas no solo matan y desplazan: extorsionan, secuestran, reclutan niños y usan la violencia sexual como arma de dominación. Y es una violencia que no ha logrado ser doblegada y ni siquiera contenida desde que se expandió en 2021, pese a que el Consejo de Seguridad de la ONU ha aprobado dos misiones armadas, una encabezada por Kenia, que ya concluyó, y otra que lleva adelante actualmente Chad.

Las pandillas y otras redes criminales de Haití han ganado poder e influencia después del asesinato del presidente Jovenel Moïse en 2021, que sigue sin resolverse. La falta de un liderazgo político legítimo en el país, junto con el deterioro de su situación de seguridad, han llevado a algunos expertos a advertir que los problemas de delincuencia interna de Haití podrían tener impactos a largo plazo en toda la región.

Esta síntesis que hace el portal Insight Crime termina apuntando a lo que también aflora con pesimismo entre observadores, Haití podría pasar a ser el primer Estado del hemisferio gobernado por grupos criminales armados.

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