En un giro estratégico que busca romper el estancamiento de la crisis de seguridad en el Caribe, la República de Chad ha confirmado este 20 de abril el despliegue de 1.500 efectivos militares y policiales en Haití. Esta decisión coloca a la nación africana a la vanguardia de la nueva Fuerza de Supresión de Bandas (GSF, por sus siglas en inglés), una coalición internacional que hereda el complejo testigo de la misión liderada anteriormente por Kenia.
Este relanzamiento no es un movimiento aislado, sino el componente armado de un cronograma político delicado que apunta a las elecciones generales de agosto de 2026. Con un primer ministro, Alix Didier Fils-Aimé, acosado por las críticas y un Consejo de Transición que caducó en su mandato sin haber podido organizar los anhelados comicios, la llegada de las tropas chadianas parece representar la última gran apuesta de la comunidad internacional para pacificar un país donde las pandillas controlan más del 80% de la capital, Puerto Príncipe.
La transición de la antigua Misión de Apoyo a la Seguridad (MSS) a la actual Fuerza de Supresión de Bandas (GSF) simboliza un giro en la actuación internacional en Haití. A diferencia de las misiones de paz tradicionales de la ONU —los conocidos "Cascos Azules"—, la GSF es una fuerza de combate activo autorizada por el Consejo de Seguridad, pero con una estructura de mando y financiamiento externa al presupuesto regular de Naciones Unidas.
En las discusiones y debates en el seno del Consejo de Seguridad de la ONU, quedó en claro que no solo ocurría un cambio de nombre sino de enfoque. No se está ante una misión de mantenimiento de la paz (peacekeeping), sino de imposición de la paz (peace enforcement). La ausencia del estandarte azul de la ONU permite a la GSF operar con reglas de enfrentamiento más agresivas, necesarias para desarticular estructuras criminales que operan como ejércitos irregulares.
La elección de Chad como nación líder ha sorprendido a algunos analistas, pero está alineada con algunos aspectos que la diferencian del papel limitado que tuvo el contingente de Kenia. Con experiencia en combate, el Ejército de Chad es considerado uno de los más eficaces y curtidos de África Central, con décadas de experiencia luchando contra grupos terroristas como Boko Haram y rebeliones en el Sahel.
Asimismo, entre Chad y Haití existe una afinidad lingüística. A diferencia de las tropas kenianas, los oficiales chadianos son mayoritariamente francófonos, lo que facilita la coordinación directa con la Policía Nacional de Haití (PNH) y la comunicación con la población civil.
Sin embargo, para expertos como los de Crisis Group, la actuación en una ciudad como Puerto Príncipe es un desafío. Las tropas chadianas están entrenadas para la guerra de maniobras en espacios abiertos y desérticos. El escenario de la capital haitiana, un laberinto de callejones densamente poblados y extensas zonas de viviendas precarias como Cité Soleil, representa un desafío táctico radicalmente distinto a la experiencia que traen estos soldados africanos.
El presidente Mahamat Déby Itno informó al Parlamento sobre el despliegue de dos batallones chadianos, de 750 hombres cada uno, que se sumarán a uno que ya se encuentra en territorio hatiano.
El despliegue militar ocurre mientras el Gobierno interino de Haití intenta llevar al país a unas elecciones que devuelvan la institucionalidad a este país, cuya última elección ocurrió en 2016.
El Consejo Electoral Provisional dio un paso significativo el 26 de marzo al publicar la lista oficial de 282 partidos políticos autorizados para participar en los comicios de agosto. No obstante, la legitimidad de este proceso pende de un hilo. Los partidos políticos han expresado abiertamente sus dudas sobre la viabilidad de realizar una campaña electoral cuando las bandas criminales mantienen bloqueadas las principales carreteras nacionales y controlan el acceso a centros de votación clave.
Para Fils-Aimé, la GSF no es solo una herramienta de orden público, sino el salvavidas de su gestión. Sin una mejora drástica en la seguridad antes de junio, las elecciones de agosto podrían quedar reducidas a un simulacro, menoscabadas por la violencia criminal.
Una noticia alentadora es lo que analistas observan como la fractura de "Viv Ansanm", la coalición "Vivir juntos", que en 2024 unificó a las bandas criminales teniendo como figura central a Jimmy Chérizier, alias "Barbecue", un confeso admirador de figuras como Fidel Castro y el "Che" Guevara.
La coalición ahora muestra signos de colapso interno. En las últimas cinco semanas se han registrado enfrentamientos sangrientos entre bandas otrora aliadas. La razón de esta rivalidad es básicamente el control territorial.
Un elemento novedoso en los enfrentamientos de las últimas semanas ha sido el uso de tecnología de drones explosivos por parte de las fuerzas de seguridad gubernamentales.
Hace pocas semanas, una operación en el centro de Puerto Príncipe utilizó drones para atacar posiciones criminales y recuperar el control policial de barriadas. Si bien la Policía logró despejar calles que habían estado bajo control pandillero durante años, la ONU reportó que al menos cinco civiles resultaron heridos por estos artefactos.
Tal como ocurrió con la misión encabezada por Kenia en Haití, el éxito de Chad dependerá de la fluidez de los fondos internacionales. Al no ser una misión de la ONU con presupuesto garantizado, la GSF depende de contribuciones voluntarias de países como EEUU, Francia y Canadá. La historia reciente de Haití está plagada de misiones internacionales que comenzaron con gran entusiasmo, pero terminaron retirándose prematuramente por falta de recursos o por escándalos de conducta, como ocurrió años atrás con Cascos Azules de la ONU.
Haití se encuentra en lo que muchos analistas llaman su "hora cero". El nuevo despliegue de soldados africanos es mucho más que un refuerzo militar; se asemeja al intento final por validar un proceso electoral para devolver la institucionalidad a Haití, algo que ahora mismo luce improbable por el poder de fuego y control territorial que alcanzaron las bandas armadas, en un proceso de varios años que se profundizó tras el asesinato del presidente Jovenel Moïse en 2021.
Por eso la onu hace lo imposible por mantener un "inventario" de naciones fallidas (lease SHITHOLES COUNTRIES.......