Los venezolanos rechazan con claridad la idea de que su país se convierta en el estado 51 de EEUU, un tema que ha sido puesto en redes sociales en diversas ocasiones por el presidente Donald Trump. Aunque no aceptan una integración formal que suponga la pérdida de soberanía nacional, en simultáneo respaldan de manera decidida la dolarización como mecanismo para estabilizar la economía.
Este contraste, que emerge del informe Latam Pulse de mayo de 2026 elaborado por la firma brasileña Atlas Intel, evidencia un pragmatismo forjado en años de crisis que han asolado a Venezuela bajo el chavismo. Los venezolanos separan con nitidez lo que consideran no negociable —la identidad política y territorial del país— de lo que perciben como una solución técnica indispensable: el uso del dólar estadounidense como ancla monetaria en un país que tuvo una inflación cercana al 500% en 2025.
La encuesta, realizada entre el 21 y el 25 de mayo a una muestra de 3.626 adultos (con un margen de error de ±2 puntos porcentuales y un nivel de confianza del 95%) ofrece un retrato detallado de esta dualidad que atraviesa la Venezuela post-Maduro. Los datos no solo capturan el pulso actual, sino que permiten comparar tendencias mes a mes desde febrero, ya que la firma activó junto a la agencia Bloomberg un monitoreo de Venezuela tras la captura y extracción de Nicolás Maduro.
Otro punto llamativo del informe es el deterioro sostenido de la imagen del Gobierno interino encabezado por Delcy Rodríguez, la otrora vicepresidenta de Maduro. La desaprobación a su gestión alcanza el 58,7%, frente a un 25,2% de aprobación y un 16,2% que no sabe o no responde. La serie temporal es elocuente: en febrero la desaprobación se situaba en el 44,3%; en marzo subió ligeramente al 44,8%; en abril ya estaba en el 47,1%, y en mayo registra un salto brusco hasta el 58,7%.
Analistas estiman que hubo un quiebre en la esperanza y tiempo de espera de los venezolanos el pasado 30 de abril con el anuncio presidencial de los salarios. Hubo mucha expectativa de que se produjera un aumento salarial importante, después de cuatro años de un salario mínimo congelado. Sin embargo, Delcy Rodríguez siguió el modelo de Maduro de otorgar bonificaciones, mientras que el salario mínimo oficial sigue por debajo de un dólar al mes.
La evaluación general del Gobierno interino respaldado por Washington es negativa. El 48,9% lo califica de malo o muy malo, el 38% como regular y solo el 13,1% como excelente o bueno. Este desgaste no es un fenómeno aislado ni coyuntural. Analizado en contexto, refleja el agotamiento de un modelo de gestión que los venezolanos perciben incapaz de revertir las dificultades estructurales.
Lo significativo es que este rechazo se concentra en el Ejecutivo actual sin erosionar de igual manera el capital político de la oposición. La Premio Nobel de la Paz María Corina Machado mantiene una imagen positiva del 55% y el ex candidato presidencial Edmundo González Urrutia, por su parte, registra el 47% de valoración positiva.
Esta brecha —entre el desgaste acelerado del Gobierno y la resistencia de la alternativa opositora— es uno de los elementos más reveladores del estudio. Sugiere que el descontento no es genérico contra la clase política, sino específico contra el desempeño del Poder Ejecutivo del llamado "tercer chavismo", que suele presentarse bajo un ropaje tecnocrático.
Otro dato revelador: al preguntar a los encuestados cuáles son los problemas más importantes para Venezuela en la actualidad, permitiéndoles elegir hasta tres opciones, la corrupción se impone con claridad abrumadora: el 60,7% la menciona en primer lugar. Le siguen, a considerable distancia, la pobreza, el desempleo y la falta de oportunidades (35,6%), el debilitamiento de la democracia (34,9%) y el estado del sistema de salud (31,7%).
El 79% de los entrevistados califica la situación económica general del país como mala, el 75% dice lo mismo del mercado de trabajo y el 60% considera mala la situación de su propia familia. La economía y los servicios fallan de manera evidente, pero los ciudadanos priorizan el problema de la corrupción por encima incluso de la pobreza material.
Para analistas, esta jerarquía de preocupaciones invita a un análisis más profundo. Los venezolanos no perciben la corrupción como un mal abstracto o secundario, sino como el factor explicativo central de sus dificultades. Ven en ella la causa que impide que los recursos —por escasos que sean— lleguen a los hospitales, a las escuelas o a los salarios.
A pesar de este panorama sombrío, el informe incorpora un matiz de esperanza cautelosa en el ámbito económico. Cuando se consulta por las expectativas a seis meses, el 45% cree que la situación general del país mejorará. Estas proyecciones positivas contrastan con las evaluaciones presentes y sugieren que los ciudadanos mantienen una reserva de optimismo vinculada, precisamente, a las soluciones que consideran viables: una dolarización, producto de la sinergia entre Caracas y Washington, y un ataque frontal a la corrupción.
El conjunto de datos del Latam Pulse permite extraer algunas conclusiones analíticas sobre el momento político y social de Venezuela. En primer lugar, confirma que el país atraviesa una fase de profundo realineamiento de expectativas. Los venezolanos han interiorizado que la recuperación económica no vendrá de fórmulas mágicas ni de discursos ideológicos, sino de medidas prácticas como la dolarización, en medio de una nueva espiral inflacionaria.
En segundo lugar, el informe pone de manifiesto la fragilidad del Gobierno actual. El desgaste de Delcy Rodríguez no es solo numérico; es estructural. Su incapacidad percibida para abordar los problemas centrales —corrupción y economía— erosiona su legitimidad mes a mes. Frente a ello, la oposición conserva un capital simbólico que, aunque no se traduce de inmediato en poder institucional, sigue funcionando como polo de referencia para una mayoría que aspira a un cambio democrático y que tal cosa ocurra de manera pacífica.
En tercer lugar, la centralidad de la corrupción como problema prioritario tiene implicaciones políticas de largo alcance. Sugiere que cualquier proyecto de recuperación —ya sea del Gobierno o de la oposición— deberá colocar el combate a la impunidad en el centro de su agenda.
Una suerte de equilibrio inestable, entre rechazo mayoritario y expectativas moderadas, define el momento actual en Venezuela.
No creo que en ningún momento alguien en USA haya tenido un real interés en anexar Venezuela a la Yuma, este país ya está aburrido de tener que ir a Puerto Rico a recoger los escombros de cualquier “manga de viento” que pase, incluso sería muy conveniente declarar la independencia de la Isla y quitarnos de arriba a esos reguetoneros que no le aportan nada a USA. No necesitamos Venezuela, ni Puerto Rico, Cuba mucho menos……..Desmayen la talla!
Los venezolanos no tienen nada de que preocuparse por una posible anexion a USA, esto es otra bravuconeria sin sentido de las que tira Trump sln pensarlo mucho. Los puertorriqueños llevan más de 20 años sometiendo plebiscitos sobre el status de la isla y aunque la estadidad ha ganado en todos ellos, todo se queda como está: Estado Libre Asociado porque ya a estas alturas USA no puede revertirlo, de ser fácil hacerlo ya se hubiera quitado esa carga de encima.
Ese gobierno "interino" de Venezuela está en un limbo en el que no es una cosa ni la otra. Va siendo hora de que comiencen los opositores a ofrecer alternativas.