A dos semanas de las elecciones presidenciales y la renovación completa de su Congreso, Perú parece un país encaminado a vivir un nuevo capítulo de una vieja crisis. Los dos candidatos con mayor intención de voto, sumando sus respaldos, no logran estar por encima del apoyo al voto en blanco, que los peruanos usarán porque no creen en ninguno de los aspirantes.
A escasos días de las elecciones generales, una encuesta de la reconocida firma Ipsos para el diario Perú21 revela más que preferencias, un panorama electoral marcado por la fragmentación extrema y un profundo desencanto ciudadano. El descontento de los peruanos con la clase política tradicional llevó a la Presidencia a Pedro Castillo en 2021, un entonces desconocido maestro rural, generando una profundización en la prolongada crisis de representación política.
Perú elige un nuevo presidente tras haber tenido cuatro gobernantes en el quinquenio 2021-2026 y otros tantos en el periodo presidencial 2016-2021, simbolizando la inestabilidad del sistema político, pero con un Perú cuyo crecimiento económico no parece verse afectado por la crónica crisis política.
Para las elecciones del 12 de abril, Keiko Fujimori (Fuerza Popular) y Rafael López Aliaga (Renovación Popular) lideran con un magro 11% y 10% de intención de voto, respectivamente, en un empate técnico. La hija del exdictador Alberto Fujimori compite por cuarta ocasión, pero lo más llamativo es que la suma de intención de voto de ella y la de López Aliaga, alcalde de Lima, equivale exactamente al porcentaje de quienes optan por voto en blanco, viciado o "ninguno", en muestra de descontento.
Un pelotón de cuatro aspirantes: Alfonso López Chau (Ahora Nación), Roberto Sánchez (Juntos por el Perú), Carlos Álvarez (País para Todos) y Jorge Nieto (Partido del Buen Gobierno) luce estancado en el 5% cada uno.
Con 35 candidatos presidenciales en liza y más de 27 millones de electores, el mensaje es claro: la ciudadanía se siente desfasada de una clase política que no logra conectar con sus demandas.
Este cuádruple empate en el segundo pelotón y el alto nivel de indefinición no son un accidente. Reflejan una crisis estructural de representación que los analistas vienen diagnosticando desde hace años. Martín Tanaka, politólogo de la Pontifica Universidad Católica del Perú (PUCP) y uno de los observadores más agudos del sistema peruano, lo ha definido sin rodeos: "Va a ser una elección muy caótica".
En una columna que publicó El Comercio, Tanaka recuerda que en el pasado los presidentes peruanos completaban sus mandatos pese a tropiezos. Hoy, advierte, la volatilidad electoral, la debilidad organizativa de los partidos y la ausencia de vínculos estables entre ciudadanía y elites han convertido cada proceso en un ejercicio de supervivencia política más que de construcción de alternativas.
"La democracia sin partidos" —un concepto que popularizó hace dos décadas este reconocido académico— se ha profundizado: los peruanos votan sin estructuras sólidas que medien sus preferencias, lo que explica por qué el 21% rechaza explícitamente a todos los postulantes.
Entretanto, para el periodista Ricardo Uceda, estas elecciones denotarán la desconexión entre la clase política y la realidad. Los peruanos exigen respuestas urgentes a la inseguridad, la crisis energética y lo que perciben como estancamiento económico, pero reciben eslóganes repetidos y personalistas.
Uceda ya había anticipado en una columna de prensa del mes pasado, titulada "Keiko vs. Porky", que los dos actores conservadores se disputaría el primer lugar: Fujimori y López Aliaga (a quien le llaman Porky por el dibujo animado de antaño), pero sin que ninguno lograra consolidar un respaldo mayoritario.
El desencanto no es nuevo, pero sí se ha agravado. Encuestas previas de Datum y el Instituto de Estudios Peruanos ya mostraban que más del 30% de los electores se inclinaba por blanco, nulo o indecisión hace semanas. Y aunque ha disminuido, se mantiene muy alto. Esto coinciden analistas se debe a que la ciudadanía percibe que los candidatos —viejos conocidos o improvisados outsiders— representan más de lo mismo.
Fujimori carga con el peso histórico del fujimorismo; López Aliaga con su gestión polémica en Lima; los del pelotón intermedio carecen de estructura nacional. Ninguno ha logrado articular una propuesta que trascienda el corto plazo o que responda a la demanda de cambio estructural que clama la sociedad tras años de inestabilidad (vacancias presidenciales, congresos fragmentados en más de una decena de bancadas y gobiernos en minoría permanente).
En 2026, con 35 candidatos presidenciales posibles, la fragmentación alcanza niveles récord. El Congreso que salga de estas urnas volverá a ser ingobernable, ya que no se prevén coaliciones estables, lo que augura un nuevo ciclo de crisis postelectoral.
Para el columnista Augusto Álvarez Rodrich hay otro factor en juego, la alta indecisión, que es más del 50% en algunas mediciones regionales, así como el llamado voto cruzado (se vota para presidente por un partido y para el Congreso por otro). Este clima preelectoral tendrá consecuencias concretas para quien finalmente resulte electo, apunta este analista.
Lo que sí salta a la vista es que habrá una segunda vuelta entre los dos candidatos más votados. La encuesta de Ipsos no solo describe un empate numérico, con magros resultados para los dos candidatos que van a la cabeza. En verdad, el sondeo es el retrato de una sociedad que ha perdido confianza en sus elites políticas.
Verguenza debe darnos a todos los letrinoamericanos, que todavia en el 2026, estamos salvajes, no sabemos administrar nuestros paises.
Si esto está pasadon en el Peru, una sociedad libre, que nos espera en el resto del continente?
Bukele?, Miley? No por favor.
Ni los ñangaras tampoco.
Em "porrorico ( Puerto Rico), los " independentistas", siguen con su candanga.
Guao, que perdida de energia y esfuero, en un continente de casi 500 millones.
"Dios nos coja confesao"!(un ateo!)