A menudo se intenta simplificar la geopolítica latinoamericana como un tablero donde EEUU, bajo la administración de Donald Trump, actúa como un "gigante controlador", mientras que China se presenta como el socio benevolente que solo trae infraestructuras. Sin embargo, esta narrativa es peligrosamente ingenua. La reciente y severa advertencia de Washington a Perú sobre el megapuerto de Chancay no es un acto de injerencia arbitraria; es una lectura realista de una amenaza estratégica que afecta a todo el hemisferio.
Para dar contexto a esta situación hay que entender, en primer lugar, que el puerto de Chancay no es simplemente una obra civil. Con una inversión que ya alcanza los 3.600 millones de dólares, el proyecto está bajo el control de COSCO Shipping Ports, empresa de origen chino. COSCO es el tercer operador portuario más grande del mundo y forma parte de un conglomerado estatal líder, lo que convierte al puerto en una extensión directa de los intereses estratégicos del Partido Comunista Chino en suelo sudamericano.
A esto se suma la cuestión de la seguridad y la capacidad de uso dual de esta infraestructura. Chancay ha sido diseñado con dimensiones que permiten no solo recibir buques de carga de última generación, sino también servir como base logística para la Marina de Beijing. Mientras China expande su Armada con la meta de contar con seis portaaviones para 2035, el puerto se perfila como el enclave ideal para el reabastecimiento de naves de guerra en el Pacífico Sur.
Aun así, ante la fuerte reacción de EEUU, es inevitable comparar esta situación con el Canal de Panamá. Sin embargo, mientras que en el Canal existe un régimen de neutralidad y una administración soberana panameña que intenta equilibrar las presiones históricas de EEUU y el creciente interés chino, en Chancay el modelo es de control directo. En Panamá se discute la influencia; en Perú, una empresa estatal china es la dueña, operadora y administradora absoluta de la joya de la corona logística del país.
La preocupación se agrava aún más al observar el terreno donde se asienta este gigante. Perú es un país que ha convertido la inestabilidad política en su norma. En las últimas dos décadas, la fragilidad institucional ha sido absoluta, con presidentes que no logran terminar sus mandatos debido a constantes crisis de gobernabilidad. Líderes como Pedro Castillo, Alejandro Toledo o Pedro Pablo Kuczynski han pasado por prisión o procesos por corrupción, creando un vacío de autoridad que debilita cualquier capacidad de supervisión estatal. El propio análisis militar peruano reconoce que la inmensa actividad portuaria prevista para Chancay atraerá inevitablemente al crimen organizado, el narcotráfico y el terrorismo internacional. Perú difícilmente está preparado para hacer frente a ese aumento esperado.
En el resto del continente, la respuesta ha sido dispar y, en muchos casos, decepcionante. Chile observa con alarma cómo la competitividad de sus puertos, como Valparaíso o Iquique, podría quedar relegada al cabotaje frente al poderío de Chancay. Por otro lado, países como Brasil, Ecuador y Colombia han mostrado un interés pragmático, buscando utilizar el puerto como plataforma logística para sus propias exportaciones hacia Asia. Ninguno expresó preocupación geopolítica o de seguridad.
Este silencio o aceptación por conveniencia económica ignora el riesgo de una "dependencia asimétrica". Al preferir callar ante China para no arriesgar sus exportaciones, estos países permiten la consolidación de un eje de influencia autoritaria en el Pacífico. Chancay no es solo un puerto; es un cambio en la relación de fuerzas geopolíticas. Ignorar la naturaleza del régimen que lo controla y la fragilidad del país que lo alberga es un error que América Latina podría pagar caro.
Hernán Alberro es consultor en Relaciones Internacionales y Derechos Humanos.
Los narracomuñangas vieron como la corrupcion corre por las venas de los politicos peruanos y los tienen cogidos por los c☻j☻n3s. Esto es tan viejo que viene desde los 80's: sendero luminoso fue la unica guerrilla maoista.
Jajaja la semana pasada dije que irían por el puerto de Perú.