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Venezuela

¿Por qué los venezolanos guardan silencio ante la captura de Maduro y el plan de transición de EEUU?

Un velo de cautela sigue envolviendo las calles del país al día siguiente de uno de los eventos más disruptivos de su historia reciente.

Caracas
Venezolanos hacen cola en un comercio poco despúes de la captura de Maduro.
Venezolanos hacen cola en un comercio poco despúes de la captura de Maduro. Bloomberg

La noche del sábado 3 de enero y la madrugada del domingo 4, Venezuela se sumió en una profunda quietud, casi de introspección colectiva. Las calles permanecieron vacías, sin muestras de alegría ni manifestaciones visibles de ningún bando.

Tras los ataques selectivos de Estados Unidos contra instalaciones militares venezolanas, y la posterior captura y extracción de Nicolás Maduro junto a su esposa, Cilia Flores, el país parece haber optado por el silencio, un velo de cautela que sigue envolviendo a la nación al día siguiente de uno de los eventos más disruptivos de su historia reciente.

Muchos venezolanos habían planeado celebrar el primer fin de semana de 2026, en medio de la pausa informal navideña que extiende las festividades hasta el 7 de enero y paraliza gran parte de la actividad cotidiana. Sin embargo, 24 horas después de la operación estadounidense, no se registraron festejos ruidosos. Solo circulaban por las vías quienes cumplen tareas indispensables.

El resto de la sociedad, entretanto, parece observar desde la distancia, procesando un cambio abrupto que, aunque esperado por algunos, llegó de forma inesperada.

"La explicación a por qué no hubo manifestación de celebración en las calles de Venezuela es que aún el chavismo es una fuerza letal que reprime, detiene, desaparece, tortura y persigue a la disidencia. El secuestro del país se mantiene", explica el activista infociudadano Luis Carlos Díaz, conocido defensor de derechos humanos, con amplia influencia en redes sociales dentro de Venezuela.

En efecto, incluso aquellos que anhelaban el fin del mandato de Maduro prefirieron contener la euforia. Las expresiones de alivio se limitaron al ámbito privado: abrazos discretos en los hogares, susurros de esperanza compartidos en familia. El miedo, producto de la dura represión bajo el régimen, pesa más que la alegría que embarga a no pocos porque llegó el fin político de Maduro.

"Estuve haciendo cola para comprar unos alimentos necesarios y era impresionante cómo la gente evitaba hablar, comentar, e incluso mirarse a la cara", comenta la educadora Lisbeth Piña (nombre ficticio para proteger su identidad). Esta educadora recuerda que en otros momentos de crisis de abastecimiento las personas conversaban e intercambiaban con otros en las colas. "Yo hasta hice amistades mientras esperaba para comprar, pero ahora ha sido diferente", dice la maestra a DIARIO DE CUBA.

Este clima de desconfianza no es nuevo, sino el legado de un punto de inflexión marcado por las elecciones presidenciales de julio de 2024. El chavismo mantuvo la narrativa de una victoria de Maduro sin presentar actas verificables, desencadenando una represión inédita: decenas de muertos y más de 2.400 detenciones en apenas una semana.

Pero lo que profundizó la fractura social fue el incentivo a la delación. El régimen habilitó centros telefónicos para denuncias anónimas y aplicaciones móviles que facilitaron una suerte de caza de brujas, especialmente en los barrios populares de Caracas y otras ciudades.

Vecinos denunciando a vecinos: así se consolidó un ambiente de paranoia. A ello se sumó el temor cotidiano a los puestos de control policial donde se revisan teléfonos móviles en busca de contenidos opositores, lo que puede derivar en arrestos inmediatos. Desde entonces, la política se relegó a conversaciones íntimas, en casa o con amistades de confianza absoluta.

Por otro lado, la operación que culminó con la captura de Maduro y Flores —después de semanas en las que el líder chavista desafiaba abiertamente a Washington a intervenir— dejó a los fieles del régimen con un amargo sabor de derrota. Aunque el chavismo retiene el control de facto a través de la vicepresidenta ejecutiva, Delcy Rodríguez, ahora designada presidenta encargada, los simpatizantes procesan aún el shock: en horas, Maduro pasó de presidente a prisionero en suelo estadounidense, enfrentando cargos por narcoterrorismo.

En los barrios humildes, tradicionalmente bastiones primero de Hugo Chávez y luego de Maduro, también se percibe un sutil deseo de cambio. Según un estudio de la Universidad Católica Andrés Bello, uno de cada tres chavistas se siente descontento con la gestión de Maduro. Sin embargo, en estos sectores la crítica abierta sigue siendo tabú, por el riesgo de perder las escasas ayudas sociales, como las bolsas de alimentos distribuidas por el Gobierno. Por eso también se guarda silencio.

La decepción se extendió además entre los opositores más fervientes. La estrategia estadounidense de impulsar una transición negociada con el chavismo remanente, sin Maduro pero con figuras como Rodríguez al mando, frustró expectativas.

Muchos aguardaban un apoyo inequívoco de la Casa Blanca a Edmundo González Urrutia —reconocido por la oposición y varios gobiernos internacionales como ganador legítimo de las elecciones de 2024, basados en las actas recopiladas— y a María Corina Machado, la principal líder opositora, galardonada con el Premio Nobel de la Paz en 2025 por su lucha pacífica por la democracia.

"Delcy Rodríguez y el núcleo duro de la cúpula del régimen están negociando con Estados Unidos en estos momentos. No se trata de un cambio repentino. Es el resultado de una conclusión a la que se llegó en Washington durante meses: Estados Unidos no cree que María Corina Machado y la oposición tengan la capacidad operativa para tomar el poder en Venezuela porque no controlan ni fracturan significativamente a las Fuerzas Armadas", considera el analista Francisco Poleo.

Para expertos como Poleo, la ausencia de divisiones en el alto mando militar —que avaló la reelección ficticia de Maduro en 2024— revela que las Fuerzas Armadas no están listas para una transición acelerada alineada con la oposición democrática.

En este torbellino de emociones contenidas, los venezolanos comunes se convierten en meros espectadores de un proceso histórico e inédito. Como señala el periodista Oscar Medina, les toca observar desde el palco los acontecimientos, guardando silencio en público mientras intentan descifrar un futuro que se redibuja a toda velocidad.

Este mutismo colectivo no solo refleja miedo, sino también una fatiga acumulada. La crisis venezolana, que tiene larga data, no parece resuelta en el corto o mediano plazo.

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10 comentarios

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Diosdado lo dijo clarito: el que salga a apoyar la intervencion lo vamos a liquidar

Profile picture for user Proscopito Arrechabaleta

Bueno eso depende de Trump, que es quien controla y maneja, ¿no?

Ya les ha dicho por activa y por pasiva que tienen que portarse bien o les pasará peor que a Masburro. Si el pueblo sale a la calle y Diosdado entra a matar, Trump tiene que cumplir su bembeteo o quedar como un cómplice. Esa posición es la que tiene que aprovechar Corina y los venezolanos.

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Yo viví en Caracas, los conozco ... no son malas personas, el miedo paraliza el alma ...

En los 90 fui testigo antes de Chavez hacerse del poder como la GN reprimía a los jóvenes universitarios que protestaban ... en Sabana Grande ví a un GN sacar el sable y caerle a sablazos a un estudiante contestón ... no con el filo, con el plano del sable ... haste dejarlo desmallado en la acera ... Si así de animales eran, imagínense ahora con los comunistas ...

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Por lo mismo que se vive diciendo en el caso de Cuba: "Nadie quiere poner el muerto".

Profile picture for user Proscopito Arrechabaleta

Si la gente sale en masa no veo a Trump permitiendo una represión salvaje. Es más si Corina y Edmundo logran echar a los venezolanos a la calle y plantar cara Trump los respetará más como posibles aliados/títeres que la urraca Delcy y sus secuaces.

En fin, los venezolanos o salen ya o se les va la oportunidad entre los dedos.

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Guardan silencio porque el mal no fue arrancado de raíz. Saben que los que quedaron son peores que Maburro y deben estar algo escépticos con el plan de transición de Trump.

El miedo a manifestarse puede deberse a que en 2001 le dieron un golpe de estado a Chávez que fracasó. A la semana Chávez estava de nuevo en el poder. No creo que esto se repita pues EEUU va tomar el.control de Venezuela hasta que las condiciones sean favorables para que el país vuelva a una total normalidad; todavía quedan secuaces de Maduro y los esbirros cubanos que tenían el control de Venezuela. Mr. Trump, siga adelante, no se detenga, pa'tras ni pa' coger impulso.

El que no ha vivido en un sistema como ese no lo entiende...!

Ellos no son "arrechos" sino cautelosos ,ya USA los ayudó,pero las ratas del generalato del cárter narco de Venezuela están aún en los cuarteles y dispuestos a masacrar su pueblo,eso Si USA no pierde la paciencia y le da una segunda cucharada como la del Sábado....