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Bolivia

Surgimiento, auge y declive de Evo Morales, el primer presidente indígena de Bolivia

Tras dos décadas, Evo Morales ha dejado de ser la figura central y definitoria de la política en Bolivia. DIARIO DE CUBA recopiló una serie de hitos de su vida política.

Madrid
Evo Morales.
Evo Morales. AFP

El resultado electoral del 17 de agosto de 2025, con el Movimiento al Socialismo (MAS) reducido a su mínima expresión, marca el fin de una era en el país andino, después de 20 años. Evo Morales, de 65 años y presidente de Bolivia durante 13 años consecutivos, fue incapaz de adaptarse a un contexto político que exigía renovación.

Que el MAS, con resultados por encima del 50% de votos a lo largo de dos décadas, haya quedado reducido a un 3% este domingo, significa que Morales en su lucha encarnizada con el actual presidente Luis Arce, otrora su hombre de confianza, terminó por dinamitar su propio legado con un personalismo que lo alejó de sus bases y fracturó al partido que fundó.

1980: Surgimiento como líder cocalero en el Chapare  

A finales de los años 80, estando Bolivia en un período convulso de dura crisis económica, Evo Morales emerge como líder sindical en la región cocalera de Cochabamba. Su oposición a los programas de erradicación de coca, impulsados por EEUU, le valió el apoyo de los campesinos y un discurso antiimperialista que resonó entre los sectores marginados. Este periodo marcó su entrada en la política, pero también potenció su discurso populista centrado en denunciar las diferencias sociales.

1997: Ingreso al Congreso como diputado del MAS

En 1997, Evo Morales se convirtió en diputado por Cochabamba, representando al MAS, fundado ese año como espacio político de los movimientos sociales e indígenas. Su retórica combativa contra el neoliberalismo y su defensa de los derechos indígenas lo posicionaron públicamente, aunque su radicalismo ya generaba recelo entre diversos sectores sociales urbanos y analistas.

2002: Expulsión del Congreso y segundo lugar en las elecciones presidenciales

En 2002, Evo Morales fue expulsado del Congreso por incitar protestas antigubernamentales durante la llamada Guerra del Gas, una serie de protestas sociales de gran calado. Su expulsión, sin embargo, pareció favorecerlo. En las elecciones presidenciales de ese año, quedó en segundo lugar, consolidando al MAS como una fuerza nacional. Su cercanía con Hugo Chávez comenzó a perfilarse, inspirándose en el modelo del Socialismo del Siglo XXI.

2005: Victoria histórica como primer presidente indígena  

Evo Morales logró un hito sin precedentes al ganar la Presidencia con el 53,7% de los votos, convirtiéndose en el primer presidente indígena de Bolivia y sin necesidad de ir a una segunda vuelta. Su discurso de inclusión y nacionalización resonó en un país fracturado, pero su admiración por Fidel Castro y Hugo Chávez, con quienes forjó alianzas estratégicas, levantó sospechas sobre sus intenciones de perpetuarse en el poder al estilo de sus mentores.

2006: Nacionalización de los hidrocarburos

En mayo de 2006, Morales anunció la nacionalización de los hidrocarburos, decisión enmarcada en su encendido discurso populista de entonces, que prometía redistribuir la riqueza entre los pobres. Aunque generó ingresos significativos y una bonanza económica entre 2006 y 2014, se le critica incluso desde la izquierda que la medida fue más simbólica que efectiva, ya que las empresas extranjeras siguieron operando bajo nuevos contratos.

2009: Nueva Constitución y Estado Plurinacional

La promulgación de la Constitución de 2009, tras una Asamblea Constituyente dominada por el MAS, redefinió a Bolivia como un Estado plurinacional, reconociendo derechos indígenas y limitando latifundios. Sin embargo, la reforma también permitió la reelección presidencial, un primer paso hacia la apuesta por perpetuarse en el poder de Morales y, mostrando una tendencia semejante a la de Fidel Castro y Hugo Chávez, de tratar de tener un poder absoluto.

2016: Derrota en el referendo y persistencia reeleccionista  

Evo Morales convocó un referendo para modificar la Constitución y permitir un cuarto mandato, pero el 51,3% votó en contra. Ignorando el resultado, recurrió al Tribunal Constitucional para habilitar su candidatura, un movimiento que reflejaba su obsesión por el poder, similar a la de Chávez, y que alimentó acusaciones de autoritarismo y erosión democrática.

2019: Caída tras elecciones, fraude y exilio  

Las elecciones de octubre de 2019, marcadas por irregularidades según la misión de observación de la Organización de Estados Americanos (OEA), desataron protestas masivas. Evo Morales fue acusado de fraude electoral y perdió el apoyo de las Fuerzas Armadas y la Policía, renunciando el 10 de noviembre tras casi 14 años en el poder. Exiliado en Argentina, su salida evidenció el colapso de su proyecto político, aunque un año después su delfín político y responsable económico por largos años, Luis Arce, resultara electo, con lo cual el expresidente pudo volver a Bolivia.

2025: Inhabilitación, acusaciones de abuso sexual y colapso del MAS  

Evo Morales quedó inhabilitado para las elecciones del 17 de agosto debido a restricciones constitucionales y la pérdida de personería jurídica de su nuevo partido, Evo Pueblo, tras quedar fuera del MAS que pasó a estar controlado por Arce. Asimismo, en este año, Morales enfrentó una orden de captura por abuso sexual y trata de personas, acusado de haber tenido una hija con una menor durante su presidencia.

Estas denuncias, junto con señalamientos de corrupción, han erosionado su capital político y lo mantienen resguardado en la región del Chapare, escoltado por sus seguidores. Su llamado al voto nulo no logró frenar el desplome del MAS, que este 17 de agosto quedó ligeramente por encima del 3%, reflejando la fragmentación del otrora polo de izquierdista e indigenista, junto al ocaso de Morales como líder.

Las acusaciones de abuso sexual y corrupción han profundizado su declive. La orden de captura por trata de personas y estupro, junto con denuncias de enriquecimiento ilícito, han transformado al otrora héroe indígena en una figura controvertida, rechazada incluso por sectores de la izquierda latinoamericana que antes lo ensalzaban.

Su refugio en el Chapare, rodeado de seguidores cocaleros, evoca más la imagen de un caudillo derrotado y acorralado que la de un líder genuino capaz de reconstruir a su partido.

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