Dentro de algunos años, cuando se escriba la historia de este tiempo en Bolivia, se colocará como fecha emblemática el 17 de agosto de 2025. Las elecciones generales, celebradas este día, culminaron con un resultado inesperado: el candidato Rodrigo Paz Pereira se alzó con el 32,1% de los votos, con lo cual quedó en posición privilegiada para el balotaje.
Ninguna encuestadora en Bolivia mostraba a Paz Pereira, hijo del expresidente Jaime Paz Zamora (1989-1993), con chance de ir a la segunda vuelta, que se celebrará dentro de dos meses. Lo que sí vaticinaban los sondeos y efectivamente se confirmó en las urnas era el declive de Evo Morales y su dividido Movimiento al Socialismo (MAS). Este partido pasó de reunir a más del 50% del electorado a obtener apenas el 3,1% de los votos este domingo.
Paz Pereira, involucrado en la actividad política desde 2002 y actualmente senador por Tarija, donde ha hecho su carrera pública, logró presentarse como una alternativa de cambio ante un electorado que no sólo quiso pasar la página del MAS, sino que tampoco encontraba un eco mayoritario en las dos opciones que parecían destinadas al balotaje: el empresario Samuel Doria (cuatro veces candidato presidencial) y el expresidente Jorge "Tuto" Quiroga.
Doria quedó en tercer lugar con 19,8% de votos y apenas se difundieron los resultados le dio un respaldo expreso a Paz Pereira. Quien sí se aseguró su pase a la segunda vuelta fue Quiroga, quien obtuvo 26,8% y que ahora deberá hacer frente a un adversario que luce como favorito, de entrada, para la segunda vuelta electoral.
El balotaje, que se llevará a cabo en octubre, será el primero en la historia de Bolivia desde 1982, cuando quedó restablecida la democracia en el país, tras casi dos décadas de dictaduras militares y gobiernos de facto.
El resultado más impactante de estas elecciones es, sin duda, la debacle del MAS que, tras dos décadas de hegemonía, se desplomó con el 3,14% de los votos obtenido por su candidato Eduardo del Castillo. Este porcentaje, que pone en riesgo la personalidad jurídica del partido según la ley electoral boliviana, marca el fin de una era dominada por Evo Morales, quien gobernó entre 2006 y 2019 y dejó un legado de nacionalizaciones y reducción de la pobreza, pero también de polarización y acusaciones de arbitrariedad en el poder y denuncias de abuso.
Morales, quien quedó fuera de la carrera electoral al quedar inhabilitado por una decisión judicial, llamó a votar nulo. Esta opción registró 19,2%. Fue más baja que en 2019, cuando estuvo por encima de 24%, en protesta justamente contra la pretensión de Morales de ser reelecto pese a que la constitución se lo prohibía.
"Si bien Evo Morales convocó al voto nulo, no es de suponer que todo voto anulado haya ocurrido por orden del expresidente. Este es un voto que también está demostrando que las candidaturas no le satisfacían, es una demanda ciudadana que no encuentra opciones a la hora de votar", asevera a DIARIO DE CUBA Karina Herrera Miller, periodista y profesora universitaria especializada en comunicación política.
Rodrigo Paz Pereira emergió como la gran sorpresa de la jornada electoral. Con un discurso centrado en el "capitalismo popular" y propuestas como la redistribución del poder, la reforma judicial y la eliminación de barreras económicas, Paz logró captar un 32,1% de los votos, según las autoridades electorales. Este resultado desbarató todas las predicciones, ya que ninguna encuesta previa posicionó a Paz Pereira como favorito. Consistentemente, todas lo ubicaban por debajo del 10% en intención de voto.
Esta incapacidad de las encuestas para prever el resultado que finalmente se expresó en las urnas en Bolivia puede atribuirse a varios factores. Paz Pereira tuvo una campaña modesta, enfocada en el contacto directo con el electorado rural y urbano, que contrastó con las estrategias mediáticas de alto perfil de Doria Medina y Quiroga.
Asimismo, ese desencanto ciudadano con los actores políticos tradicionales y la falta de opciones, que señaló Herrera Miller, parecen haber incentivado una suerte de voto protesta catapultando como favorito al hijo del expresidente al balotaje del 19 de octubre.
Del mismo modo, la polarización mediática entre Doria y Quiroga dispersó la atención de los analistas, que subestimaron el impacto de un discurso como el de Paz Pereira, que combinaba valores cristianos con promesas de cambio económico y estabilidad política.
Morales, inhabilitado para competir debido a un fallo que prohíbe la reelección indefinida, promovió activamente el voto nulo desde su refugio en el Chapare, protegido por seguidores que lo blindaron ante una orden de captura por un caso de presunta trata de personas. Su estrategia, sin embargo, no logró tener el efecto esperado: aunque el voto nulo alcanzó un 19%, no fue suficiente para deslegitimar el proceso.
La lucha intestina entre Morales y el actual presidente Luis Arce, ambos líderes del MAS, ha sido un factor determinante en el colapso del partido. La ruptura, agudizada tras la salida de Morales del poder en 2019, derivó en una guerra abierta que dividió al MAS en dos facciones irreconciliables. Mientras Morales insistía en su liderazgo histórico, Arce apostó por consolidar su propio proyecto político, designando a Del Castillo como candidato.
Esta división no solo fragmentó el voto de izquierda, sino que molestó a las bases, que percibieron la pugna como una lucha de egos más que como una defensa de los ideales socialistas.
Finalmente, junto a Morales y Arce, otro gran derrotado ha sido Andrónico Rodríguez, líder cocalero y presidente de la Cámara de Senadores, quien se perfilaba como una figura capaz de heredar el voto del expresidente y los sectores cocaleros del Chapare, bastión histórico del MAS. Sin embargo, su candidatura por Alianza Popular apenas logró un 8,12%, ubicándolo en un distante cuarto lugar.
Para Herrera Miller, el empecinamiento de Morales en ser él quien encabezara la candidatura del MAS, que le llevó incluso a atacar a Rodríguez, su antiguo delfín político, ha terminado siendo un factor determinante para que el MAS y los referentes de izquierda hayan quedado eclipsados en esta votación.
El resultado evidenció la incapacidad de Morales y también de Arce para consolidar el voto de izquierda, que se dispersó entre el voto nulo, la abstención y otras opciones. Como consecuencia, salió gravemente afectado el histórico MAS, partido que fue el referente principal de la política boliviana en las últimas dos décadas.
"Después de gobernar por 20 años, siempre ganando elecciones con más del 50% y terminar así, con alrededor del 3%, es uno de los fracasos políticos más grandes de los últimos tiempos", aseveró el politólogo argentino Gerardo Munck.
Finalmente, esta elección del 17 de agosto se desarrolló con una tranquilidad destacada por las misiones de observación de la Organización de los Estados Americanos (OEA) y la Unión Europea (UE), además de iniciativas locales como Cuidemos el Voto 2025.
Estas delegaciones elogiaron la "vocación democrática" de los bolivianos y la ausencia de incidentes graves, salvo un caso aislado en Cochabamba, donde se reportó una detonación y una agresión contra Andrónico Rodríguez.
A diferencia de 2019, cuando las denuncias de fraude desencadenaron una crisis política, el proceso de 2025 fue descrito como "el más observado en la historia de Bolivia" por el directivo del Tribunal Supremo Electoral Gustavo Ávila, lo que refuerza la legitimidad de los resultados.
Que los "quechuas" y " aimaras" dejen de cultivar coca y se pongan para los alimentos.El problema es que el la cocaína da más dinero y estos socialistas con ponchos y flautas lo saben.Pero eso no levanta un país,solo hay que ver a Colombia.....
Los Bolivianos se zafaron al ñangarismo, la derecha acumulo mas del 78% de los votos.
Pero ningun candidato ha hablado de hacer justicia con Jeanine Áñez, prisionera politica del huevo y su partido masoquista
Al fin los pueblos están despertando.