A cualquier turista que pretenda viajar a China desde un país de Occidente su agencia de viajes le advertirá: instale una buena VPN (Red Privada Virtual) en su teléfono o laptop previo a la partida, o recurra al uso de una tarjeta eSIM de viaje. ¿La razón? Una vez que entre al gigante asiático, el "Gran Cortafuegos" te impedirá usar tus redes y aplicaciones de mensajería.
Lo anterior, que se menciona menos de lo que debería cuando se habla del "milagro chino", es la columna vertebral del sistema de censura y vigilancia de Pekín sobre lo que comparten, hablan y piensan sus ciudadanos.
Entre las sugerencias que hacen algunas agencias de turismo a los viajeros está que comuniquen con antelación a sus familiares que podrían recibir mensajes desde un servicio diferente. Asimismo, sugieren descargar mapas o documentos importantes que podrían necesitarse, puesto que las tiendas de aplicaciones y herramientas como Google Maps no estarán disponibles.
El Partido Comunista Chino no quiere fingir que respeta la libertad de elegir. Por ello, antes que vigilar la mensajería de WhatsApp y Telegram, o redes sociales como Facebook, X, Instagram, TikTok, Snapchat, Reddit, Pinterest, Tumblr y YouTube, o los servicios de Google, y de streaming como Netflix, Spotify o Amazon Prime, Pekín ha preferido instituir su propio paraguas de internet, en el que todas las herramientas anteriores están bloqueadas. A cambio, los usuarios pueden usar las "alternativas" locales: WeChat (para mensajería y pagos) y Weibo (una red social similar a X).
¿Son seguras esas herramientas? En 2020, Weibo admitió haber filtrado datos personales de millones de usuarios, luego de un presunto hackeo de sus servidores.
Pero que un turista eche mano a una VPN durante su estancia y no le traiga problemas es algo temporal. El régimen chino ya bloqueó varias de esas aplicaciones y su uso por los nacionales puede resultar en multas.
Todo lo anterior es justificado por Pekín como una manera de sostener su "soberanía tecnológica", evitar influencias externas y "proteger" a su población de la vigilancia exterior. Ello, mientras la censura local filtra palabras claves prohibidas en mensajes y publicaciones de sus ciudadanos.
El Gran Cortafuegos del libre pensamiento
La censura institucionalizada en China trasciende el control de internet. Su objetivo es controlar toda la información que circula tanto dentro como fuera del país, con el objetivo de hacer imperar la narrativa oficial por encima de cualquier cuestionamiento u opinión disonante frente al status quo.
Un estudio de la Universidad de Harvard de 2013 publicado en American Political Science Review indicó que la censura en China tiene como objetivo principal sofocar la acción colectiva y la movilización social, en lugar de suprimir únicamente las críticas al Gobierno o al Partido Comunista.
Un paso inicial en esa dirección fue tomado en 2009, cuando Facebook quedó bloqueado en China. El Gobierno chino considera a esa como una plataforma que tiene el potencial de difundir el disenso político y socavar la estabilidad social.
La censura no va dirigida solamente a la sociedad en general, sino también a grupos concretos. Así, las personas LGBTQ tienen prohibido el acceso a los medios de comunicación. Ello, que según las autoridades se decide en acuerdo con las normas morales y culturales del país, en esencia supone otro modo de restringir libertades.
En su informe sobre el estado de los derechos humanos en el mundo en 2024, la ONG Amnistía Internacional denunció que el Ministerio de Seguridad del Estado chino promulgó en abril de ese año una normativa que otorga a los agentes encargados de hacer cumplir la ley facultades para inspeccionar dispositivos electrónicos, incluidos los de visitantes del extranjero.
La nueva normativa, que entró en vigor en julio, amplió el alcance de la legislación existente contra el espionaje para abarcar también cuestiones de "seguridad nacional", al tiempo que debilitó las salvaguardias de procedimiento legal, dejando a los afectados a merced de las autoridades.
El cerrojo sobre las libertades cuenta con un intrincado aparato legal. Por ejemplo, en junio de 2024, el Gobierno central retiró un proyecto de reforma de la Ley de Sanciones Administrativas de Seguridad Pública, que pretendía incluir delitos formulados de manera imprecisa, referidos a conductas que "socavan el espíritu" e "hieren los sentimientos" de la nación. Una inusual presión social contra la medida habría impedido su aprobación, pero no que se tomaran otras para ampliar el marco jurídico y normativo que restringe el derecho a la libertad de expresión.
El 11 de octubre de 2024, la Administración del Ciberespacio de China anunció nuevas medidas para restringir el uso de "expresiones oscuras" en la ya de por sí censurada internet china, cuyo objetivo era la jerga adoptada por la comunidad de internautas para eludir los controles.
También en octubre, y según informes reunidos por Amnistía Internacional, las autoridades locales de Shanghái detuvieron al menos a seis personas que vestían disfraces de Halloween.
La censura no se queda en casa, sino que alcanza a los nacionales de China residentes en el extranjero. En las universidades de Europa occidental y Norteamérica, estudiantes de China continental y de Hong Kong fueron objeto de vigilancia y sufrieron censura tanto dentro como fuera de internet por parte de agentes estatales.
Según las denuncias, estas personas y algunos de sus familiares en China continental fueron sometidos a hostigamiento e intimidación con el fin de evitar su participación en actividades relacionadas con cuestiones políticas u otros temas que Pekín considera "delicados". O sea, todo lo que perjudique los intereses del Partido Comunista chino.
Más allá de la censura de la libre expresión
Pekín usa una tupida combinación de leyes, reglamentos administrativos y vigilancia para controlar el contenido en línea y reprimir la disidencia. Según estimados de organismos internacionales, hay miles de personas trabajando en el monitoreo y filtrado de contenido en internet.
Asimismo, empresas chinas y organizaciones de medios de comunicación se ven obligadas a autocensurarse para evitar sanciones o represalias, apuntando en especial a los denominados "temas sensibles": la política, la historia reciente (como la masacre de Tiananmen), los derechos humanos, la independencia de Taiwán, la represión en Xinjiang y el Tíbet, y las protestas en Hong Kong.
Fuera de ese marco de control, también los periodistas extranjeros acreditados en China pueden enfrentar dificultades para acceder a la información y cubrir eventos, y viven bajo la amenaza de ser expulsados o intimidados por su trabajo.
Todo lo anterior se elude a la hora de hablar de China como potencia industrial y científica. Al propio tiempo, el panorama descrito es la utopía de los regímenes totalitarios del planeta, que echan mano a toda clase de coartadas, incluyendo la de la soberanía tecnológica, para robar libertades.
No es casual que la Rusia de Vladimir Putin vaya en esa dirección. A partir del 1 de septiembre de 2025 estará disponible en la nación euroasiática Max, una herramienta que Moscú califica como el equivalente al WeChat chino y que sustituirá a WhatsApp. De ello versa la segunda entrega de esta serie de artículos.
Más allá de la censura de la libre expresión https://bratsgenerator.org/
SI Ud. turistea con miedo, más vale no turistear. Ud puede disfrutar mejor en Europa, el Caribe--excepto Cuba y Haití--,Brasil o EEUU. Turismo sin libertad no es buen turismo.