El flujo de combustibles y derivados del petróleo desde EEUU hacia Cuba registró en agosto de 2026 un nuevo máximo mensual, al alcanzar los 74.863.132 dólares. Con este volumen, las ventas acumuladas entre enero y agosto rozan ya los 232 millones de dólares, según los datos publicados este viernes por el U.S.-Cuba Trade and Economic Council, Inc., a partir de datos del Departamento de Comercio de EEUU.
Mientras La Habana culpa a Washington por la falta de combustible en Cuba, las cifras de agosto confirman que el incremento experimentado en julio —cuando las ventas alcanzaron los 61,1 millones de dólares— no fue un hecho aislado, sino la consolidación de un flujo comercial en constante expansión.
Entre las partidas más cuantiosas enviadas durante agosto destacan las gasolinas no contaminantes (biodiésel) despachadas desde Miami, por un valor de 23,8 millones de dólares (con un acumulado anual de 50,9 millones), así como los aceites combustibles ligeros (diésel) enviados desde Houston-Galveston por 12,9 millones de dólares (53,3 millones acumulados) y desde Miami por 21,4 millones de dólares (46,5 millones en el año).
A estos envíos se sumaron más de 11,6 millones de dólares en aceites de petróleo y minerales bituminosos procesados desde puertos en Texas y Luisiana, además de diversos cargamentos de lubricantes, grasas y propano líquido.
El principal punto de embarque continuó siendo el puerto de Miami, seguido por operaciones de gran calado desde Houston-Galveston, Tampa y Nueva Orleans.
Precisamente en dos de estos puertos —el de Everglades, en Miami, y el de Houston—, las autoridades federales de EEUU incautaron esta semana casi tres millones de dólares en "envíos de biodiésel duales sospechosos de exportación ilegal a una entidad cubana sancionada".
Agentes del FBI interceptaron 90 cargamentos de combustible con destino a la Isla y cuyo receptor sería ENETEC S.A., una empresa del régimen a la que Washington impuso sanciones en junio último.
En este contexto, mientras La Habana acusa a Washington de intentar forzar una "dependencia económica" mediante las licencias que autorizan la exportación de combustible destinadas teóricamente al sector privado, expertos en el sector energético han puesto en duda que el volumen de los cargamentos responda a las necesidades exclusivas de las empresas privadas.
Para analistas e investigadores como Jorge Piñón, del Instituto de Energía de la Universidad de Texas, la magnitud de estas importaciones demuestra que la estatal Unión Cuba Petróleo (Cupet) —bajo sanciones de EEUU— sigue siendo el receptor y distribuidor final de estos recursos, al ser la única entidad con la infraestructura logística necesaria para almacenar y procesar semejantes volúmenes.
Mientras el régimen cubano atribuye la crisis energética al embargo estadounidense y justifica así los frecuentes apagones que sofocan a la población, el comercio bilateral de carburantes e insumos energéticos al amparo de las excepciones comerciales de EEUU sigue marcando cifras récord.
La paradoja, sin embargo, es significativa, toda vez que La Habana dice que no recibe combustible, mientras las cifras publicadas por Washington demuestran lo contrario. Mientras tanto, el combustible supuestamente fluye a un ritmo cada vez más alto hacia la Isla, pero las gasolineras continúan desabastecidas y el sistema eléctrico nacional se mantiene al borde del colapso.
Al propio tiempo, los cubanos se preguntan de dónde sale el combustible para las patrullas y los camiones policiales que despliegan efectivos durante las frecuentes protestas de los vecinos ante los interminables apagones, o para los vehículos oficiales y las plantas eléctricas que alimentan hoteles y sedes oficiales.