Puede decirse que Mike Fisher es un experto en Cuba. De los tantos viajes como turista que ha hecho desde fines de 2025 hasta hoy, al menos cuatro lo llevaron a la Isla, donde se dedica a recorrer el país y frecuentar lugares muy diversos, que van desde restaurantes reconocidos hasta una humilde barbería de barrio. Pero eso sí, retornando siempre a los hoteles, a salvo de apagones y escasez de comida.
De acuerdo con las redes sociales de este veraneante de Canadá, hace tres meses estaba en Tailandia; luego pasó por Barbados y San Vicente y las Granadinas; en febrero recorrió Holguín y Varadero; en enero visitó cayo Coco, y hace medio año se alojó en el hotel Grand Aston Cayo Paredón Beach Resort, al norte de Camagüey. Entre mayo, junio y julio pasó la mayor parte del tiempo en la Isla, sobre todo en el balneario matancero.
No está claro a qué va Fisher a Cuba, adonde viaja solo. En el resto de sus itinerarios por otros países lo acompaña su esposa. Lo que sí le gusta exponer es que le resulta tan barato volver una y otra vez que no escatima consejos para quienes quieran imitarlo.
¿Estaremos ante alguien que ama a Cuba desaforadamente? ¿Qué justifica que Fisher regrese incluso ahora, cuando el colapso de la economía, los apagones, la falta de combustible, hace a tantos borrar el destino de su itinerario vacacional?
Fisher califica su vida como la de un "full time traveller", o "viajero a tiempo completo", y si bien pareciera que lo hace para crear contenido para su canal de YouTube, que amasa 31.400 suscriptores, o su Instagram, con 3.601 seguidores, su perfil no apunta tanto al de un influencer.
Como hombre de más de 50 años, tiene pocas cosas en común tanto con los temas como con los enfoques que abordan los jovencitos del postureo en redes sociales. Lo suyo son más bien testimonios y crónicas de experiencias y lugares, que cientos de seguidores le comentan y agradecen.
Fisher destacó al presenciar en vivo y directo la crisis final del negocio turístico internacional en Cuba previo al 5 de junio, la fecha tope que dio Washington para que las empresas extranjeras que tuvieran negocios con el conglomerado empresarial de los militares, GAESA, los abandonaran.
Casualmente, 48 horas antes de ese día, el viajero canadiense estaba en el Starfish Cuatro Palmas, a la altura de la calle 60 de Varadero En su perfil documentó cuando varios trabajadores montaron un andamio y retiraron una por una las letras de la firma hotelera gestionada por la canadiense Blue Diamond Resorts del frontón del edificio principal.
"Las cosas están cambiando aquí en el resort. Starfish ya no está", escribió Fisher el 3 de junio en Facebook.
"Hoy conocí al nuevo gerente general y al jefe de seguridad. El gerente cubano es muy amable. Hay cinco canadienses en este resort. Creo que hay entre 40 y 60 huéspedes, dependiendo de con quién hables. Me dijeron que el sitio web no funciona. Cuando Blue Diamond se fue, eran dueños del sitio web… así que obviamente lo desactivaron", afirmó.
"El bufet principal estaba cerrado, pero ofrecían desayuno en Chill, el bar abierto las 24 horas. La oferta de comida era la más reducida hasta el momento. Para ser justos, hoy solo hay 59 huéspedes. Me informaron que el bufet principal reabrirá cuando lleguen más huéspedes. Recuerden que la comida y los turistas van y vienen", reportó puntualmente.
Los videos y fotos de una ciudad semi desierta hicieron al veraneante sacar pecho ante la adversidad: "Varadero está extremadamente tranquilo… solo se ven algunos autos y carruajes tirados por caballos, pero yo era el único turista en las calles".
Ni corto ni perezoso, el 5 de junio canceló su estancia en el Cuatro Palmas y se fue al Meliá Varadero.
"Comida y ron excelentes. Lleven repelente de insectos, hay muchos mosquitos. Las habitaciones estándar cuestan desde 120 dólares, con todo incluido. Pagué 240 por dos noches. Me dieron una mejora de habitación y un nivel superior. El bufet abre a las 7:00PM. Comida de excelente calidad. (...) Este resort está muy concurrido. Hay muchos cubanos con sus hijos disfrutando en su país. Los cubanos merecen relajarse, pasar tiempo en familia, en sus playas... ¡Respeto!", escribió.
En lo adelante, el perfil de Fisher comenzó a apuntar en una dirección que muchos de sus seguidores agradecieron: la de una suerte de Robinson solo en una isla, disfrutando de hoteles deshabitados, al tanto de cada rumor, disputando las versiones más apocalípticas que, según él, vomitaba CNN sobre el futuro de Cuba bajo la presión de EEUU.
Fisher sabe de primera mano que la inflación en Cuba es espantosa. Camina los mercados de las MIPYMES, revisa los precios, los compara con los de Canadá, se mete en los agromercados, prueba los alimentos en merenderos, restaurantes caros y también modestos. Por el momento, no ha estado en casas de cubanos simples, solo en apartamentos de renta. Porque siempre regresa a los hoteles.
En ello residen buena parte de las ventajas de que disfruta. Luego de dos semanas entre mayo y junio viendo la decadencia de Varadero, hizo un video donde resumió su estancia: sin incluir transporte y propinas, esa temporada le costó 1.607 dólares, incluyendo el alojamiento en Cuatro Palmas y Meliá Varadero, más seguro médico, enumeró, mostrando en cámara las facturas.
"Reservé todo el viaje (excepto el vuelo) con Hola Sun. Hablé con Verónica, una experta en Cuba, quien me ayudó a armar mis vacaciones de dos semanas. (...) ¡Recuerden que no soy agente de viajes!", comentó en una publicación.
Acaso por ello, luego de volver a Toronto, regresó a La Habana 72 horas después, volando a Panamá y desde allí en Copa Airlines a Cuba. 688 dólares le costó el vuelo de ida y vuelta con escala, reservado con mucha antelación. Por Miami, aclaró, la saldría en unos 750 dólares.
Esta vez viajó ligero: "Dinero en efectivo y algunos obsequios", escribió, mostrando fotos de jabones, espejuelos para leer de cerca, máquinas de afeitar desechables, Advil y otros medicamentos. Eso, más un mazo grande de dólares estadounidenses en billetes de a uno.
Porque una de las convicciones más firmes de Fisher es la propina. Por ejemplo, aprovecha para cortarse el cabello en barberías de barrio y hacer fotos de esos eventos, mientras refiere cuán generoso le gusta ser.
"¡Hoy encontré a este maestro barbero cubano! Probablemente no necesitaba un corte, ¡pero no podía dejar pasar la oportunidad!", contó en una publicación en junio.
"Este señor fue marinero en su juventud y ha estado en Halifax. ¡Me encantan sus historias y su barbería! ¡Terminé pagando los cortes de pelo de todos! ¡1.000 CUP cada uno, o 2.50 dólares canadienses!"
El 26 de mayo hizo algo parecido. Pagó el equivalente a cinco dólares por un corte, "para ayudar a los locales".
"Las propinas de los huéspedes ayudan a pagar las cuentas, alimentar a las familias y brindar esperanza a las comunidades", señaló en otra ocasión.
Fisher no se inmuta cuando le dicen que se beneficia de la pobreza de los empleados turísticos, quienes ganan más con las propinas que con los salarios que les paga GAESA y las hoteleras extranjeras avalan, mientras abonan en divisas las sumas por operar sus instalaciones cubanas.
En La Habana repartió dinero en las calles que algunos de sus seguidores le habrían enviado. "Encontrar personas necesitadas y con dificultades en La Habana no es difícil. ¡Lamentablemente, es muy fácil! (...) Hoy le ofrecí dinero a un señor mayor. Al principio me miró y dijo que no, que estaba bien (con orgullo). Pero después me dio las gracias y sonrió. Esta imagen de un hombre con su bastón buscando esperanza. ¡Buscando cualquier cosa!", refirió.
De una cena en el habanero Hotel Plaza, resumió: "Con el problema de luz actual, ¡prefiero quedarme a comer aquí! En el menú había carne de res, cerdo, pollo y langosta. La cuenta fue de 4.000CUP. (La langosta costó 25 dólares). Para quien le interese".
Y remarcó: "Con la bajada del turismo, aprecian mucho que me aloje aquí".
Junto al llamado a "ayudar a los cubanos" viajando a la Isla y repartiendo propinas, el discurso de Fisher se ha vuelto más frontal mientras más tiempo pasa como espectador de una tragedia desde una habitación barata para su bolsillo.
"Estados Unidos no dicta mis condiciones de viaje. El Gobierno canadiense no dicta mis planes de viaje. No dejé de viajar durante la Covid, ni durante la crisis de Cuba, ni por los huracanes, ni por razones geopolíticas. Hay bloqueos en todo el mundo. Puedes rodearlos. Vive tu vida a tu manera", escribió, para fundamentar su postura.
El 13 de junio adelantó estar trabajando en una miniserie para su canal de YouTube titulada "¿Volverán los canadienses?", donde mostrará "los resorts que están abiertos y que vale la pena visitar, así como la realidad de las zonas aledañas, las comunidades y la gente".
"Estoy aquí viajando y ayudando", reiteró.
El 23 de junio enumeró, con abundantes fotos, la cena bufet que disfrutó en el Meliá Varadero, donde se hospedó por segunda vez en menos de un mes.
"Más de 1.300 huéspedes aquí. El bufet estaba muy bien surtido. Cordero, pollo, cerdo, pescado, atún. Absolutamente de todo en este bufet. ¡Guau! Colines, pasta, bollería. Gelatina. Gente de Argentina, Portugal, México, Canadá, España, Cuba, cubano-estadounidenses... ¡Vengan a Cuba", llamó.
El 25 junio, un forista en su perfil le espetó: "Muestras los hoteles y restaurantes y sigues enriqueciendo al régimen comunista, pero no muestras cómo vive realmente la gente cubana allí".
A ello, Fisher respondió: "Los estoy enriqueciendo pagando 70 dólares la noche; soy el único canadiense. Dando propina a todo el mundo... Ah, eres de Florida. Eres de esos..."