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Opinión

El verdadero enemigo del castrismo no es 'El Toque', es el mercado

La imposibilidad de comprar dólares en los bancos cubanos limita la aspiración oficialista de un verdadero mercado cambiario.

La Habana
Supermercado de 3ra y 70, La Habana.
Supermercado de 3ra y 70, La Habana. Cuballama

Los dirigentes cubanos, como buenos gobernantes totalitarios que son, no aceptan ningún acontecimiento de nuestra sociedad que se desarrolle al margen del control gubernamental. Y en ese sentido la política cambiaria de las monedas extranjeras no podía ser la excepción. Por ello rechazan un tipo de cambio del euro y el dólar que desobedezca las directivas trazadas por la cúpula del poder.

En este momento si un cubano de la Isla acude a cualquier sucursal bancaria del país con la intención de vender sus dólares para obtener moneda nacional, se encuentra con que le darán 123,50 pesos por cada dólar estadounidense, que es el tipo de cambio fijo establecido por las autoridades cubanas.

En realidad se trata de una cifra ridícula, que no refleja ni remotamente la relación entre la oferta y la demanda que debe primar en las transacciones que involucren a esa moneda. En esas condiciones es inevitable que esa persona deba acudir a otra instancia donde de alguna manera le compren sus dólares a un tipo de cambio que se acerque al valor real de esa divisa.

Es precisamente el sitio digital El Toque quien ha venido reflejando el tipo de cambio flexible de esas monedas foráneas de un modo independiente con respecto a las autoridades cubanas. Entonces, si todos —o casi todos— los actores que se mueven en el entramado económico de la Isla han aceptado el tipo de cambio que muestra El Toque es porque ahí está la mano invisible del mercado y no la malicia de ese órgano digital. Una mano invisible que ya destacó el economista escocés Adam Smith hace casi 250 años, y que posibilita en este caso la armonía de intereses entre los que venden y los que compran los dólares.

Comoquiera que el tipo de cambio propuesto por El Toque refleja en lo fundamental la relación oferta-demanda de dicha moneda, es lógico que el tipo de cambio del dólar haya subido vertiginosamente. Es que hay mucha demanda de dólares en Cuba. Los actores no estatales de la economía lo necesitan para importar sus mercancías, mientras que la población precisa también de ellos para hacer frente a la dolarización parcial impuesta por el castrismo. Y por el contrario, se ha reducido la oferta de dólares en los últimos tiempos. Las remesas han disminuido, y los escasos dólares que el Gobierno obtiene no los coloca en el sistema bancario para satisfacer el deseo de la población de acceder a esa moneda.  

Por esto días presenciamos una especie de desestabilización en el tipo de cambio del dólar que muestra El Toque. Ello pudiera deberse, entre otros factores, a la colosal campaña de la propaganda castrista contra ese sitio digital. No hay que olvidar que muchos especialistas consideran que existen disímiles factores extraeconómicos que pueden influir en los tipos de cambio.

Las autoridades cubanas, alarmadas por la atención que despierta entre la población los datos expuestos en El Toque (entre otras cosas, evidencian la depauperación de la moneda nacional) han renovado su intención de intervenir en el mercado cambiario, para colocar lo que llaman una tasa "oficial y segura".

Pero no nos llamemos a engaños. Aunque han manifestado que pudieran implementar de una tasa flotante (flexible), es muy difícil que logren acercarla a la que de verdad indica el mercado. Si así fuese, no es extrañar que la población siga acudiendo a las vías informales, que sí mostrarán los valores que reporte el mercado. Además, la imposibilidad de comprar dólares en los bancos cubanos limita la aspiración oficialista de mantener un verdadero mercado cambiario, y atenta contra la pretendida convertibilidad de la moneda nacional.

A la postre constatamos que el verdadero enemigo del castrismo no es El Toque. Ese sitio solo se limita a exhibir las indicaciones del mercado, que es en definitiva el que realmente incomoda a la maquinaria del poder, acostumbrada a que en Cuba se haga lo que ella decida.    

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