Mientras la pequeña ciudad de Jatibonico, en Sancti Spíritus, se sume en apagones diarios y su ingenio azucarero más emblemático luce decrépito y sigue inactivo a la espera de los recursos rusos, la maquinaria china ha comenzado a transformar discretamente el paisaje rural cubano. Camiones con inscripciones en mandarín atraviesan caminos polvorientos transportando paneles solares, acero y combustible que Beijing ha enviado como parte de una ofensiva de inversiones estratégicas.
Una revisión de la agencia británica Reuters de varios sitios en el terreno sugiere que donde muchas de las promesas más recientes de Rusia se han desvanecido, China ha dado un paso adelante discretamente para llenar el vacío, impulsando una serie de proyectos en tiempo crítico destinados a ayudar a su aliado a "salvar" su economía.
Dos años después de que la empresa rusa Progress Agro prometiera reactivar la fábrica de azúcar espirituana —una de las más grandes de Cuba—, los obreros siguen esperando que lleguen las piezas, el combustible y los técnicos rusos. "¿Cuándo vienen los rusos? De eso es de lo que se habla", dijo con resignación Carlos Tirado Pino, uno de los pocos trabajadores que conserva su puesto de mantenimiento.
Mientras tanto, a las afueras de la ciudad, tres excavadoras limpian un campo de caña abandonado para construir un parque solar de 21 MW financiado por China, uno de los 55 nuevos proyectos fotovoltaicos acordados con La Habana para 2025. Se espera que generen más de 1.100 MW y ayuden a cubrir el déficit energético diurno del país, que ya ha provocado múltiples colapsos del sistema eléctrico nacional en el último año.
Según cifras de la estatal Unión Eléctrica (UNE), al menos ocho parques solares con apoyo chino ya están funcionando, y Beijing ha comenzado a modernizar la red eléctrica nacional, con la vista puesta en generar 2.000 MW en total para 2028. "Los chinos vienen, supervisan, miden el combustible. Hacen su trabajo", comenta un camionero que colabora en la obra.
La entrada masiva de material chino a través del puerto del Mariel —paneles, acero, combustible, herramientas— contrasta con los planes incumplidos de Moscú. De los múltiples acuerdos firmados por el viceprimer ministro ruso Dmitry Chernyshenko en 2023, pocos muestran avances. La acería en el Cotorro, La Habana, que prometía producir 62.000 toneladas de barras de acero solo alcanzó 4.200 en 2024, y hoy luce inactiva. La producción industrial en la Isla sufre también por la escasez de electricidad, que paraliza fábricas y proyectos.
Los planes para abrir supermercados rusos (Rusmarket), restaurar edificios emblemáticos en La Habana Vieja o rehabilitar la comunidad costera de Tarará han quedado en promesas vacías o retrasos indefinidos. Incluso en sitios seleccionados como escaparate para la cooperación ruso-cubana —como la tienda Yumurí o el edificio Santo Ángel— apenas se observan signos de actividad.
Moscú ha mantenido ciertos gestos: ha enviado trigo y petróleo, ha subsidiado viajes turísticos y ha prometido hasta 1.000 millones de dólares en inversiones, aunque sin detalles claros sobre su ejecución.
China se ha convertido en un actor clave en los esfuerzos por reactivar el transporte público en La Habana, al donar 40 contenedores con piezas y componentes para la reparación de 100 ómnibus paralizados. Gracias a este apoyo, la estatal Empresa Productora de Ómnibus Evelio Prieto Guillama CAISA y la Empresa Provincial de Transporte de La Habana EPTH intentan avanzar en un complejo proceso de restauración técnica que ya alcanza el 50% de ejecución, según recogió la oficial ACN.
El donativo chino, ya en la Isla, incluye neumáticos, baterías, sistemas eléctricos, pintura e interiores, y permitirá que las primeras 20 guaguas estén listas a finales de 2025. Estas se destinarán a las rutas de mayor demanda en la capital. Las autoridades cubanas han calificado esta contribución como un paso inicial crucial ante la crisis del transporte y la limitada capacidad de inversión nacional.
Expertos advierten que ni Rusia ni China podrán salvar por sí solas a la economía cubana. Pero mientras Moscú multiplica los anuncios sin resultados visibles, China ejecuta silenciosamente proyectos de impacto tangible. La Isla, sumida en una crisis multidimensional cuya raíz está en políticas fracasadas y se ha agravado por el regreso de sanciones más duras desde la segunda Administración Trump, parece tener en Beijing un socio más eficiente que el aliado histórico del Kremlin, según expertos consultados por Reuters.
"Las promesas de Rusia siempre han sido más grandes que su desempeño", resume el politólogo William LeoGrande. "Si China ahora está intensificando su asistencia a la luz de las condiciones desesperadas de Cuba, eso podría resultar ser un verdadero salvavidas".
Fulton Armstrong, exoficial de inteligencia nacional de Estados Unidos para América Latina, calificó las inversiones de China como un "gran beneficio", pero advirtió que no serán suficientes para superar las renovadas sanciones de la Administración Trump al régimen.
"La Habana no puede contar con que Rusia o China vengan con píldoras mágicas", dijo. "Solo cantidades masivas de comercio y asistencia china podrían sacar adelante a la Isla, y eso simplemente no parece plausible".
Las inversiones estratégicas de China en Cuba coinciden con las acusaciones de Estados Unidos de que China está instalando "bases de espionaje" en la cercana Isla, aunque La Habana y Pekín lo han negado.
China es especialista en tener paciencia, en ser sutil, en trabajar en silencio.
Los bolos, cuando el vodka se lo permite, se dedican a hacerse notar.
Así que, teniendo al guerrillero amarillo en la casa blanca, el islote del sur le resulta muy útil para "sus labores".
“Expertos advierten que ni Rusia ni China podrán salvar por sí solas a la economía cubana.” Por ahora, China está poniendo tapones estratégicos por donde sale más agua.
En la segunda, y más claramente, la tercera temporada de “El juego del calamar.” Se aborda el tema de “qué piensan los individuos de a pie.” Vemos como los participantes se les permite votar para finalizar el torneo barárico en la que apuestan sus vidas por un anhelo infinisimo. Pero los que buscan el “si” nunca llegan a la mayoría. Los participantes viven traumatizados por los administradores de torneo; alcaides violentos, y verdugos desalmados. Como si esto no fuera suficiente son victimas del amedentramiento se sus vecinos avaros y sadicos. La votación es un fraude ya que un número significativo de votantes busca no morir “gratis” victima se los otros; y prefiere seguir “jugando” y quizás sobrevivir para ganar (mucho) dinero.
A sabiendas que la obra expone los vicios de la sociedad koreana contemporánea; el programa es ficción y expone los vicios individuales y esquemas de control que imperan sobre los individuos. El torneo del calamar deja mucho que pensar.