La cultura del miedo es inherente al autoritarismo, es el arma intimidatoria que nos mantiene secuestrados en una realidad que nos supera, pero que tratamos no nos derribe y controle totalmente a través del permanente ejercicio de las disciplinas mentales.
Esa cultura no solo afecta a los amenazados; los amenazantes también se convierten en victimarios-víctimas de un perverso juego de degradación moral. Estos, sometidos a un poder ineficaz e injusto que languidece, dan vuelta en círculos permanentes dentro de sus propios errores y horrores.
¿Hay salidas? Sin duda tienen que existir posibilidades para despertar de este mal sueño.
Hay quien dice que las mejores vacunas son la razón y el pensamiento libre. Pero creo que para conseguirlo se ha de pasar, indefectiblemente, por el cambio a nivel personal. El campo de batalla está en uno mismo; es ahí donde debemos empezar a actuar ya que la revolución comienza a nivel personal. Este es el camino que preconiza el Consejo para la Transición Democrática en Cuba, impulsado con determinación desde la presidencia.
La detención, la amenaza, los golpes y la humillación sufrida por Manuel Cuesta Morúa —esta última según me dijo la convertirá en un vivido testimonio en su momento— es la muestra más evidente del desasosiego y el temor que se esconde tras el régimen castrista.
Craso error, que solo demuestra la fragilidad y el temor de un sistema que intenta acallar a una de las voces más sensatas de la oposición cubana, quien solo busca desde el CTDC encontrar un camino de la Ley a la Ley para que Cuba, su país, el nuestro, el de todos, pueda superar la dramática situación que vive. Enquistado por la deficiente y nociva gestión de la dictadura cubana.
Querer aplicar un correctivo a quien abiertamente cree que el campo de batalla para conseguir la libertad y la reconciliación nacional ha de pasar indefectiblemente por el cambio a nivel personal, y desconocer los esfuerzos que se están haciendo para lograr un futuro para Cuba, es una gran estulticia y una enorme irresponsabilidad que caerá sobre los hombros de quien lo aplica.
Irónico que todo esto coincida con el paquete ultraliberal que avizoran las 176 medidas y sus 23 ejes de transformación económica.
¿Es de fiar un régimen que amenaza de muerte a un ciudadano pacífico y promete apertura total al capitalismo global? Pregunta retórica para una respuesta evidente: solo el Estado de derecho, la convocatoria a todos los ciudadanos para una conversación nacional y la eliminación de las dos obsolescencias políticas que recogen los Artículos 4 y 5 de la Constitución cubana despejarán la puerta hacia la confianza necesaria para estas dos cosas imprescindibles: la seguridad jurídica a la inversión y la legitimidad de las decisiones públicas a nombre de los ciudadanos cubanos.
Las opciones para no seguir perseverando en el error continúan abiertas.