Las condiciones deplorables de las prisiones en Cuba son objeto de recurrentes denuncias tanto por parte de familiares de los reclusos como de organizaciones políticas y de derechos humanos. Como muestra de esa realidad, "el 75% de los reclusos presenta bajo peso corporal" en la prisión de Canaleta, en Ciego de Ávila, según información de primera mano obtenida en ese centro por el Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH).
"De acuerdo con la fuente, los médicos atribuyen esta situación a la mala alimentación y a la falta de proteínas, y estiman que alrededor del 50% de los internos sufre desnutrición aguda moderada, mientras que un 25% presenta desnutrición aguda grave", indicó la organización.
Asimismo, alertó sobre "el aumento de enfermedades como escabiosis, hepatitis A, tuberculosis, gripe y diarreas, asociadas a las deficientes condiciones higiénico-sanitarias y a problemas con el agua de consumo dentro del penal".
En este contexto, el OCDH enfatizó que "garantizar una alimentación adecuada, agua apta para el consumo y atención médica es una obligación de las autoridades penitenciarias hacia toda persona bajo custodia del Estado".
Precisamente este jueves, al aprobar una resolución en la que exige "una transición hacia una democracia multipartidista plena" en Cuba, así como la activación de sanciones contra los responsables de la represión en la Isla, el Parlamento Europeo pidió una "investigación internacional independiente" sobre las condiciones penitenciarias, la desnutrición en las cárceles y las muertes bajo custodia en el país.
La desnutrición en las prisiones cubanas no es un fenómeno exclusivo de Canaleta, centro en el que tuvo lugar un intenso motín hace algunos meses y que el régimen reprimió violentamente, sino una realidad cotidiana en buena parte del sistema penitenciario. En tal sentido, en abril el grupo de asesoría legal Cubalex denunció que más de 300 presos permanecían sin alimentos debido a la falta de suministros en la prisión El Típico, en Las Tunas.
Además, la ONG señaló que los jefes de destacamento "venden comida y cigarrillos a los presos a cambio de beneficios y mejores raciones de alimentos en calidad y cantidad". "Este sistema genera desigualdad, tensión y descontento generalizado", agregó, y sostuvo que, como única respuesta, el jefe de la unidad ordenó a dichos jefes de destacamento que utilizaran sus pertenencias para proveer comida hasta la llegada del suministro oficial.
En un informe reciente, el Centro de Documentación de Prisiones Cubanas dio cuenta del colapso de los centros penitenciarios, al señalar que "las denuncias por malas condiciones de vida en prisión abarcaron prácticamente todos los ámbitos en que se desarrolla el día a día de las personas reclusas: comida insuficiente, mal elaborada y en mal estado, desnutrición, abastecimiento insuficiente de agua, infraestructuras deficientes, falta de colchones, plagas de roedores e insectos y brotes epidémicos".
En declaraciones a DIARIO DE CUBA, la directora de dicho centro, Camila Rodríguez, enfatizó que "el sistema penitenciario cubano es hoy un espacio de degradación humana y represión política. No se trata de fallas aisladas, sino de una política estructural de castigo y silencio que requiere una respuesta internacional firme".