La intelectual cubana Alina Bárbara López Hernández fue liberada este 18 de abril tras permanecer detenida durante más de nueve horas, en un nuevo episodio de represión vinculado a su intento de ejercer la protesta cívica mensual de los días 18. Sus declaraciones posteriores apuntan tanto al desgaste del aparato represivo como a la persistencia de su desafío abierto a las restricciones impuestas por las autoridades.
"Lo peor del día de hoy no fue estar detenida desde las 8:00 de la mañana hasta las 5:30 de la tarde", escribió López Hernández en Facebook tras su liberación, en un testimonio en el que describe el ambiente dentro de la estación policial y denuncia la narrativa oficial del régimen. Según relató, el lugar donde fue retenida "está lleno de fotos de Díaz-Canel, el mismo que mintió desfachatadamente… al decir que en Cuba nadie es detenido por hacer críticas al gobierno".
La académica confirmó que su detención responde a la supuesta violación de una medida cautelar de reclusión domiciliaria que considera ilegítima. "Sé que estoy violando la medida de reclusión domiciliaria, lo seguiré haciendo porque es ilegítima, es parte de una farsa judicial y viola mis derechos civiles", afirmó, dejando claro que mantendrá su estrategia de protesta.
Durante el interrogatorio, una instructora del Ministerio del Interior le aseguró que en Cuba "no hay un solo preso político", a lo que López respondió calificándola de "mentirosa" y reiterando su reclamo de "¡Libertad para los presos políticos!". La activista denunció además que su juicio permanece "engavetado" desde hace casi un año, lo que interpreta como una táctica para prolongar indefinidamente su situación legal y la de la antropóloga Jenny Pantoja Torres, implicada en la misma causa.
En su relato, también subrayó el carácter intimidatorio del proceso, aunque con matices que evidencian fisuras dentro del propio sistema. Señaló, por ejemplo, que las oficiales que la custodiaron la "besaron al llegar", cosa que le "pareció rarísima", y que una de ellas estaba acompañada por su hija menor, lo que influyó en su decisión de no protestar inicialmente "a viva voz".
López Hernández vinculó su arresto con el contexto político actual: "Mientras más 'conversadores' están con los Estados Unidos, más necesario se les hace demostrar que tienen el control de la situación; sin embargo… cada vez evidencian más desgaste".
"No firmé, jamás lo hago, el acta de advertencia. Nos veremos el próximo 18", apuntó la historiadora.
La detención ocurre exactamente un año después de otro episodio que la activista recordó como particularmente violento. "Un día como hoy… fui detenida, golpeada y torturada dentro de una patrulla policial", denunció, añadiendo que su queja ante la Fiscalía Militar no tuvo consecuencias.
Escalada represiva contra activistas
El caso de López Hernández se inscribe en un patrón más amplio de hostigamiento contra voces críticas. En paralelo, la activista Yamilka Lafita, conocida como Lara Crofs, fue detenida el mismo sábado 18 al salir de su vivienda, según denunció su pareja en redes sociales. "Se la llevaron saliendo de su casa como si fuera una criminal", afirmó. Horas después informó que había sido liberada, aunque "incomunicada".
Previo a su detención, Lafita había denunciado un conjunto de acciones dirigidas a aislarla, incluyendo un "bloqueo selectivo de señal móvil" y un intento de acceso no autorizado a su cuenta de WhatsApp. En su publicación, responsabilizó directamente a las autoridades: "Esto no me asombra y mucho menos es casual, es represión dirigida".
La activista también acusó a la empresa estatal de telecomunicaciones ETECSA de actuar como brazo de la Seguridad del Estado, al "entregar datos personales, conversaciones privadas y cortar el servicio a discreción". En un tono abiertamente confrontativo, advirtió a los agentes que la vigilan: "No me callarán. No me aislarán. No me detendrán".
La coincidencia temporal entre ambos casos —la detención de López Hernández en Matanzas y la de Lafita en La Habana— refuerza la percepción de una respuesta coordinada frente a la disidencia visible, en un contexto donde, como denuncian los propios activistas, la represión no solo persiste, sino que se adapta.
López Hernández suele intentar manifestarse el día 18 de cada mes como un acto simbólico y sostenido de protesta cívica. La elección de la fecha está vinculada a una práctica que ella misma ha explicado en distintas ocasiones como una forma de mantener una protesta sistemática, visible y pacífica en el tiempo, evitando que el descontento se diluya en acciones aisladas. Es, en esencia, un método de presión cívica periódica. Otros activistas han secundado su iniciativa.
Como ha subrayado López Hernández, las demandas de sus acciones son: "Una Asamblea Nacional Constituyente elegida democráticamente para redactar una nueva Constitución aplicable en todas sus partes; que el Estado no se desentienda de la crítica situación de ancianos, jubilados, pensionados y familias que están en pobreza extrema; libertad para los presos políticos sin exilio obligatorio; cese del hostigamiento a personas que ejercen su libertad de expresión".
Yamilka Lafita es impulsora de campañas de ayuda directa a los más vulnerables en La Habana. En las últimas semanas, pese ala dura situación de escasez y apagones prolongados ya cocinado y salido a repartir comidas entre necesitados. En febrero reiteró su decisión de continuar con su labor solidaria tras otro arresto arbitrario y la confiscación de ayuda humanitaria durante la distribución de alimentos a personas sin hogar.
Si estas valientes cubana con su campaña de reistencia pacífica, recibieran el apoyo popular que merece la causa, las cosas en Cuba serían muy distintas, pero a los cubanos se han dejado capar la dignidad.