Por su trabajo como periodista independiente, Orelvys Cabrera Sotolongo se convirtió en blanco de la represión estatal tras las protestas del 11 de julio de 2021 en Cuba. Ese día fue detenido arbitrariamente en la vía pública, mientras cubría las manifestaciones en la ciudad de Cárdenas, Matanzas, para el medio digital Cubanet.
Tras su detención, fue conducido a la Dirección Técnica de Investigación (DTI) de Versalles, donde permaneció más de diez días en desaparición forzada, seguidos de más de un mes de detención, hasta que a finales de agosto fue enviado a su vivienda bajo reclusión domiciliaria.
Las autoridades lo acusaron del supuesto delito de "propagación de epidemia" y lo sancionaron con una multa, en un proceso marcado por la arbitrariedad y la criminalización de la labor periodística.
Tras su excarcelación, continuó ejerciendo el periodismo independiente, lo que provocó un incremento del hostigamiento y las amenazas por parte de la Seguridad del Estado, incluidas advertencias sobre la posible apertura de nuevas causas penales que podrían llevarlo otra vez a prisión.
Ante este escenario, se vio forzado a salir de Cuba. Su ruta de escape lo llevó primero a Rusia, donde quedó varado sin apoyo, hasta lograr llegar a México y posteriormente cruzar la frontera hacia Estados Unidos. Actualmente reside en Miami, donde se encuentra en proceso de asilo político.
En entrevista con el Centro de Documentación de Prisiones Cubanas (CDPC), Orelvys Cabrera narra uno de los episodios más dolorosos de su vida: la detención arbitraria, los tratos crueles e inhumanos y las múltiples violaciones de derechos humanos que sufrió a manos de agentes del Estado cubano.
¿Cómo fue tu detención?
Salí el 11 de julio a cubrir la manifestación en Cárdenas para Cubanet. En la calle encontré al represor que me había estado hostigando como periodista independiente y creo que fue él quien mandó la patrulla a recogerme. Durante la detención me decomisaron el teléfono y la cámara con los que estaba trabajando, y me llevaron preso al centro de operaciones de la Seguridad del Estado en Matanzas. Allí estuve 37 días.
¿Te fueron informados tus derechos?
Cuando estás pasando por una situación de ese tipo, no piensas en otra cosa que en salvarte y en qué va a pasar. Como la mayoría de los cubanos, yo no tenía cultura legal, no conocía mis derechos. Los cubanos ni siquiera hemos leído la Constitución del país, mucho menos el Código Penal. En este caso, las fuerzas policiales que se enfrentan a la ciudadanía común tienen que tener la ética con el detenido de decirle: "usted tiene derecho a esto o a aquello".
¿Fuiste discriminado?
Sí, por mi opinión política y por mi orientación sexual. Cuando me llevaban a los interrogatorios, siempre comenzaban con la maldita homofobia de la sociedad cubana, que sabe que odia a los homosexuales desde que llegaron al poder en 1959. La historia de la comunidad LGTBIQ+ es bastante cruda y eso es un secreto a voces, aunque ahora quieran maquillarlo con el CENESEX [Centro Nacional de Educación Sexual] y Mariela Castro [hija de Raúl Castro, directora del Centro]. Los militares cubanos, que son quienes tienen el poder en la Isla, son homofóbicos de nacimiento. Siempre me trataban de "el maricón de mierda este"; "el maricón de pinga este" es lo que decían realmente.
¿Cómo eran las condiciones allá adentro?
Me falta el aire cada vez que tengo que hablar de este tema porque viví en una prisión que comparo con un centro de los judíos cuando Hitler. En un espacio de dos metros de ancho por tres metros de largo, estábamos 12 hombres. Tenía una puerta de hierro tapiada, con solo una rendija por debajo, de cuatro o cinco centímetros, sin aire. En las paredes había ese hongo verde que en Cuba llamamos mazamorra, por la humedad. Todo el tiempo la luz era tenue, para dañarte la vista.
Estaba pintada de un color cremita, con escritos en las paredes, desde frases políticas hasta dibujos de mujeres en posiciones sexuales, frases religiosas, mensajes que le dejaban presos que habían pasado a otros que iban a pasar… Las camas no tenían colchones y dormíamos en el piso. Encima de la puerta de la celda había un hueco por donde nos metían aire caliente en las noches.
No había baño. Era un huequito en una esquina y en la pared había otro hueco, a dos metros de altura, por donde ponían el agua cada tres días. Todo el tiempo era agua muy fría. No había toallas, nos secábamos con el mismo pulóver que teníamos puesto. No permitían entrar nada.
Nosotros mismos teníamos que limpiar la celda. Yo creo que un corral de puerco estaba más limpio que eso. Fueron los días más tristes de mi vida.
¿Mientras estuviste detenido, tuviste atención médica y acceso a medicamentos?
Allá adentro cogí un estafilococo en la cabeza y perdí parte de mi cabello. Cuando pedí atención médica me dijeron que los mercenarios no podían disfrutar de la medicina gratuita del sistema de salud cubano.
Me tuvieron esperando por el servicio médico aproximadamente dos días. Al tercero, cuando ya no aguantaba más el dolor, me llevaron a una enfermería al final del pasillo. Ahí me dieron una botella con un brebaje que, supuestamente, era una medicina natural, con mucho olor a alcohol, para que me bañara y me lo echara en las lesiones. No tenían otra cosa que no fuera medicina natural.
¿Cómo era la alimentación?
La alimentación era la misma para todos. Ahí no había aquello de tener una dieta médica, por ejemplo, por ser diabético. Las comidas eran una o dos al día, muy mal elaboradas. Recuerdo que había piedras grandes, como gravilla, dentro del arroz. A mí me parece que lo hacían a propósito. Siempre, lo que más había era arroz, calabaza y una sopa muy grasienta. Más agua que granos de arroz.
¿Estuviste en condiciones de aislamiento o en algún módulo de vigilancia especial?
No. Pero sí llegó el momento en que empezaron a separarnos en celdas bien distantes. Como se estaba hablando de temas políticos, no les convenía y comenzaron a separar a las personas que no decíamos "Viva Fidel" ni "Soy fidelista". Por ejemplo, yo estaba en la 12 y llevaron a [Armando] Abascal, que era otro de los presos políticos opositores, para la 1.
¿Recibiste un trato hostil por parte de los oficiales mientras estuviste detenido?
El trato por parte de las autoridades, de los funcionarios de prisión, era cruel e inhumano para todos los periodistas independientes y opositores.
Estuve preso con menores de edad. Para mí, ese fue el abuso más grande que cometió esa gente. Los obligaban a ponerse en firme, a decir que Díaz-Canel era su presidente, y al que no lo dijera le daban golpes, piñazos, por la barriga.
A mí no me dieron, pero sí vi a muchos desfigurados totalmente, con costillas rotas, con ojos negros, hematomas. Vi a un muchacho, de la propia ciudad de Matanzas, que tenía el ojo salido de la entrada a golpes que le habían dado.
Los únicos nombres que recuerdo son los del coronel Rogelio Cuesta y el de otro muchacho joven, Reinaldo Heredia, porque fueron los que me torturaron allá adentro. Ellos nunca se presentan con su nombre real, tienen nombres de agentes. Pero esos sí sé que eran sus nombres verdaderos porque después lo comprobé. Fui directo a Facebook y encontré su identidad, dónde vivían, qué familias eran, fotos personales… No sé si se creían intocables porque eran de oficina, de los que trabajan como tal en el cuartel de la Seguridad del Estado, y no de los que salen en las motos a pararse en las esquinas a perseguirnos.
¿Fuiste interrogado por agentes de la Seguridad del Estado?
Desde que me detuvieron hasta que salí. Todos los interrogatorios fueron delante de una cámara encendida. En cuartos fríos, lugares pequeños, quizás, de dos metros de ancho por dos de largo. Siempre fueron militares con grados de coronel.
Eran dos policías: uno, supuestamente, bueno y otro que te ofendía. Uno quería en muchas ocasiones darte golpes, el otro intervenía y decía que no, que tú eras un buen muchacho pero que estabas confundido. Eso es una estrategia para que tú te abras con uno y no con el otro.
Me amenazaban con, mínimo, 30 años de prisión por traidor, que no iba a volver a ver a mi familia ni a regresar a mi casa, que me iban a llevar a una prisión en Oriente, bien lejos, para que mi familia no pudiera ir, que me iban a llevar para la parte de la prisión donde más presidiarios había para que me violaran, porque "yo era una loca y a las locas les gusta el rabo". Todas esas asquerosidades.
¿Qué métodos utilizaron para inmovilizarte?
Me esposaron. Me apretaron las manos, que se me pusieron negras, y me sentaron en una patrulla. Ese fue el día de la detención, desde las 4:00 o 6:00 de la tarde hasta las 12:00 de la noche. Un oficial, al lado mío, me empujó la cabeza contra las rodillas.
¿Sufriste algún tipo de tortura durante tu reclusión?
Física, no. Ellos sabían que no podían darme golpes por la visibilidad que tenía en el mundo. Pero psicológica, sí, desde el primer momento en que te dicen que te van a meter en una provincia lejos, con presidiarios que te van a violar. Me desestabilizaron por completo mentalmente. Tengo ataques de pánico desde que salí de la prisión.
¿Tenías comunicación regular con tus familiares y allegados?
Una sola vez me dieron la posibilidad de hablar con mi pareja. Después descubrimos que era porque él estaba denunciando a las cadenas internacionales mi prisión y había dado una entrevista a un canal de televisión en Estados Unidos. Me sacaron a las 3:00 de la mañana para que lo llamara, con el objetivo de localizarlo porque no sabían dónde estaba. A esa hora fueron a citarlo a la casa y también lo amenazaron.
¿Tus familiares o allegados sufrieron algún tipo de consecuencias por tu encarcelamiento?
Todo el tiempo citaron a mi pareja y lo amenazaron con la regulación [migratoria]. La Policía en todo momento le tocaba la puerta. Ya desde que yo estaba allá adentro, lo estaban preparando para que me convenciera de irnos de Cuba cuando saliera de la prisión. La Seguridad del Estado le decía: "Vete, tu familia está fuera de Cuba, tú estás solo aquí, la mejor opción es que te vayas, nadie va a hacer nada por ti".
Actualmente, Cabrera trabaja en Latinísima, una emisora que llega a buena parte de Norteamérica y las islas del Caribe, donde conduce un programa político de temas internacionales sin dejar de mencionar el tema cubano. Ha colaborado también con medios como Radio Martí, desde donde ha denunciado directamente al régimen cubano.
Sin embargo, su futuro legal en Estados Unidos permanece incierto bajo la categoría migratoria I-220A, desde que fueron anunciadas en 2025 las medidas migratorias de la nueva administración, que amenazan con deportar a miles de cubanos que llegaron tras las protestas del 11 de julio de 2021.
Días-Contados, Castro II, Silvio Rodríguez... Son todos unos HDLGP. LIBERTAD A LOS PRESOS POLITICOS.