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Crítica

Yuray Tolentino Hevia, entre el casco y la mala idea

Este libro 'irrumpe como sus memorias sobre las artes plásticas en Cuba. Son 14 años de insistencia, compromiso y, ante todo, pasión'.

La Habana
Mano pintando.
Mano pintando. Vecteezy

Orden del tiempo, actualidad de lo existente o historia que reconstruye, la crónica —en su condición de artículo y género periodístico— experimenta un goce fugaz donde salga publicada. No obstante, sea en el periódico, la revista, el catálogo, la página web y las palabras de presentación, la crónica pugna por sobrevivir a su circunstancia. Sabe de competencias y sacrificios, lo cual no le impide seguir un contenido, afirmar un nombre. En el fondo, ella responde a una disposición escritural dependiente de la confianza y curiosidad del lector. Confianza para quien es seguido porque se le conoce; curiosidad sobre todo para el cronista nuevo.  

En primera instancia, incumbe el cronista seductor, ese que enamora desde el propio título. Quien es preocupado por atrapar desde el inicio, se aventura a recrear con rigor y sutilezas la noticia política o el hecho sociocultural. Ahora, la crónica, cual método interpretativo de la realidad, asienta su eficacia en la sencillez y rasgo personal de la escritura. Sin renunciar a la expresión literaria, le va de maravilla ir directo al asunto o, como recuerda el dicho, no andarse por las ramas. Más que dar oídos y conformarse con lo que los demás puedan aportar para la redacción de un texto, el cronista pudiera sacrificarse más según las posibilidades de testificación se lo permitan.

De ello está muy al tanto la crítica de arte. Sin embargo, por extensión y género, ¿puede la crónica aspirar a las exigencias del ejercicio del criterio? Con Entre el casco y la mala idea. Crónicas de artes plásticas (2006-2020), su autora Yuray Tolentino Hevia demuestra que la crónica acoge lo refererativo, el análisis y la valoración, fases intercruzadas de la crítica artística.

Por la existencia de la llamada crítica impresionista, esa que no declara el juicio sobre una obra o, cuando lo hace, pasa de la descripción a la valoración, es que tal vez Juan Acha afirmase hace años que "la crítica periodística es la manifestación más pedestre y conocida de la crítica" (Huellas críticas, Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1994).

Acha reconoce, sin embargo, el oficio descriptivo en aquella por las experiencias e intereses visuales. Pero pide que la descripción crítico-artística pudiera considerar las ideas y valoraciones que, en definitiva, contribuyen a cuanto se dice acerca de la obra. José Martí, de quien se ha dicho y repetido que era un crítico impresionista, a decir verdad tomó lo que quiso de varios métodos de la historiografía del arte: el histórico crítico, el positivista, el iconográfico-iconológicos, el de la observación… Fue un ecléctico a la hora de aproximarse y profundizar en una manifestación artística. ¿Impresionista a secas?
 
Toda crítica —se sabe— es, en un primer intento, preimpresionista; luego, viene la experiencia estética a través de la interacción con la obra de arte, cifra de sensibilidades ante otras. Cada autor resume un conjunto de cruces creativos frente al horizonte de intereses de cada espectador que aspira a leer las imágenes, sentirlas e interpretarlas, según el saber que tiene ejercitado, no acumulado.

Convenir entonces que la crónica es crítica impresionista es incurrir en un error. Yuray Tolentino Hevia despliega en las páginas de Entre el casco y la mala idea una suerte de síntesis tasadora, mediante la cual puede (y se exige) legitimar por años de lecturas muy bien confrontadas. Como cronista, no necesita evocar la teoría del arte, si bien es consciente que tanto esta como la historia son disciplinas fundamentales del ejercicio del criterio. De ahí que en "Tirando con el rostro" se lea: 

"La promoción de determinadas conductas ha inferido a lo largo de los siglos que creamos en patrones sin un cuestionamiento lógico y racional. Cuando el arte pop tomó imágenes de los medios de comunicación y los utilizó como oposición a la cultura elitista estaba sentando las bases de nuevos modelos a seguir; aunque a decir verdad ya existían obras y artistas como antecesores".
 
Amén de entremezclar las etapas de la crítica, ella ya puede darse el gusto de escribir considerando primero un concepto o partiendo de su experiencia del día a día. Eso que pudiera ser tildado como la ligereza de la anécdota, a Yuray se le da de manera espontánea y elegante. La narración inoportuna que sobra y encubre una carencia intelectual en otros autores, para la cronista representa un aterrizaje genuino. Apreciase sino la entrevista "Más allá de un río…", de donde es preciso ilustrar el siguiente fragmento:
 
"Cierto personaje de mi pueblo un día salió pidiendo a sus vecinos un peso para su corona. Algunos creyeron que estaba loco, otro que era un cara dura o que les estaba tomando el pelo. Un amigo común le preguntó: 'a que venía esta historia', a lo que el personaje respondió: simplemente lo que me van a después de muerto que me lo den en vida. PP, iniciales del sujeto, pudo comprar pizza y refresco. Sin dudas, este es de los hombres que prefiere los homenajes en el suelo que tiene bajo los pies y no en la gloria, de la que no se tiene noticia. Justamente, Fredy Martínez Hernández Villamil o Fredy Villamil como todos lo conocen es de los que marcha en esta fila".

Estamos ante el anekdotos, lo inédito, con el que principia algunas de estas piezas escriturales, los cuales, a qué dudarlo, son verdaderos incentivos para atraer al lector.

La fotografía y el grabado, la pintura y la escultura son los protagonistas de Yuray Tolentino Hevia. Como en un libro de viaje, ella propone la visión de conjunto, el arte totalizador que dialoga con otras manifestaciones, con el público y su circunstancia histórica. No es la mirada del ojo présbita, la exterioridad de lo pintoresco o la exaltación chauvinista. Yuray insiste en Cuba y sus artistas porque ha habido un interés generalizado y definido, sin descontar la constancia ética de su pensamiento, la deferencia para con el lector.

Entre el casco y la mala idea. Crónicas de artes plásticas (2006-2020) irrumpe como sus memorias sobre las artes plásticas en Cuba. Son 14 años de insistencia, compromiso y, ante todo, pasión.


Yuray Tolentino Hevia, Entre el casco y la mala idea. Crónicas de artes plásticas (2006-2020) (Argos, La Habana, 2021).

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