Back to top
Crítica

El cine, leve disyunción de la realidad

'Carlos Esquivel sabe premeditarse con riesgo y asociar con ocurrencias. Una de las piedras de toque del ensayo es la ocurrencia favorecida por un discernimiento simuladamente dócil'.

La Habana
Amira Casar en la serie 'Versailles', 2015.
Amira Casar en la serie 'Versailles', 2015. IMDb

No es recomendable leer tanta crítica de arte como algunos recomiendan. Son de considerar tanto la narrativa como los diarios, la poesía y, por supuesto, el ensayo. Y no solo el contacto con los libros es suficiente o creer que releer sobre cine te hace mejor analista. En principio, estar al tanto únicamente de películas, impone unos límites culturales demasiado evidentes. De ahí que, por lo general, los escritores o filósofos que se acercan al séptimo arte tienden, por saberes entrecruzados, a ser más interesantes que los especialistas. Es por ello que José Alberto Lezcano, uno de los más grandes críticos de cine cubanos de todos los tiempos, me confesó en una entrevista: "De los críticos que solo leen y ven cine, ¿qué opino? Que no son, no fueron y no serán jamás críticos de nada".

Hace poco días, en diálogo con Pablo de Cuba Soria, que no es crítico de cine "declarado", pero ha escrito páginas agudísimas sobre algunas películas como Paterson y Parthenope —su texto sobre la de Sorrentino es inolvidable por perspicacia y belleza escritural—, recuerda de su maestro Mario Praz "su manera de leer las correspondencias entre literatura, pintura, deseo, teatralidad, enfermedad, decoración, atmósfera; por esa capacidad de convertir una imagen en síntoma cultural y, al mismo tiempo, en escena de sensibilidad". El privilegio de saber mirar es tan vasto como limitado. Depende de quién mira y cómo mira.

Pudiera interesar más la mirada de alguien que todas las películas que ha visto, que hemos visto. La mirada sobresaltada por la cantidad, se satura y a ratos no puede disimular su ineficacia. Calidad —como se sabe— no es proporcional a cantidad. De ahí que Carlos Esquivel sabe premeditarse con riesgo y asociar con ocurrencias. Una de las piedras de toque del ensayo es la ocurrencia favorecida por un discernimiento simuladamente dócil. En Bergman, Buñuel, Magritte y otros chicos del montón (Sanlope, 2025) ha escrito el también autor de El Boulevard de los Capuchinos: "La cámara habla, y a veces describe, y a veces descubre lo que solo una mirada perspicaz puede descubrir. No es culpa de la cámara, se sabe".

Y agrega: "El ejercicio de la cámara es inquisitorio, la pertinencia no es solo dejarte mirar sino provocarte a un entendimiento más íntimo. Un pasto, una carretera, son objetos vivos, si la cámara quiere, si la mirada quiere".

Esquivel segmenta a veces sus gustos cinematográficos; en otras, los acopla. Al confesar que su "gusto es desfondado por las pieles ajenas", denota vergüenza por cuanto puede aprehender.

En los acápites remeda la condición fragmentaria del cine. Capas que se acoplan para abarcar una unidad temática y formal. Fragmentos como formas escriturales heredadas esta vez del montaje cinematográfico, menospreciado en apariencia por Tarkovski, pues con su atención a la estética de los planos anticipaba la configuración del montaje. Aunque, es sabido además, que para el ruso la idea esencial del cine como arte es el tiempo recogido en sus formas y fenómenos fácticos. Acto preconcebido como la escritura breve y sentenciosa. Reino de la mirada interrumpida y prolongable ante la imagen vista e imaginada. "El cine es una leve disyunción de la realidad", escribe Esquivel.

Sensibilidad expuesta que reconstruye retratos de iconos del cine (actores, cineastas…) y temas cuyos orígenes fueron apreciados por otras artes. Esquivel conoce criterios de directores y escritores que son capaces de devorar a cinéfilos muy exigentes. Así erige un palimpsesto cultural que parece ser el de muchos espectadores.

Bergman, Buñuel, Magritte y otros chicos del montón recuerda a esos cines que nos presentaron tantas vidas inimaginables; cines de provincia, salas de videos, películas esperadas cuando había en Cuba un solo canal televisivo para verlas: Toma Uno, las películas del sábado, Tanda del domingo… El cine que nos formó variando nuestro mundo de espectadores; cine para soñar incluso cinematográficamente en colores o en blanco y negro. Qué más da. Asimismo, su libro es una invitación a la búsqueda de figuras referidas o demasiado notables, de películas que soslayamos y de sorpresas como amparadas en el "fui buscando a Marilyn Monroe y me encontré a Amira Casar".

¿Poeta que narra? Es el ensayista que pone a dialogar cuanto conoce de otras artes para distinguir por qué el cine se nutre de todo para conformarse como técnica, arte y lenguaje. El cine como poética del mundo, ensoñación de imágenes, realidad supuestamente reiterada. En rigor, se trata de una apuesta de su reestructura: "Quizás uno se vuelva más aislado ante un arte que desde los inicios pervierte la duplicidad de lo concreto como esa imagen que solo existe desde sus símbolos", dice Esquivel en otro momento.

En un país donde hay más cines extintos que salas vivas de proyección, donde hasta es ya duro ver películas en casa, Bergman, Buñuel, Magritte, y otros chicos del montón es una compensación estimable más enaltecedora que melancólica. Lezcano, Galiano y Enrique Colina. Rufo Caballero y Jorge Yglesias. Dean Luis Reyes, Antonio Enrique González Rojas y Ángel Pérez. Alberto Garrandés y Carlos Esquivel.


Carlos Esquivel, Bergman, Buñuel, Magritte y otros chicos del montón (Sanlope, 2025).
 

Necesitamos tu ayuda: apoya a DIARIO DE CUBA

Archivado en

Sin comentarios

Necesita crear una cuenta de usuario o iniciar sesión para comentar.