La lengua que hablo, esas palabras
que aprendí en Manicaragua,
el Paradero de Camarones,
las montañas del Escambray,
los márgenes de la ciénaga
donde se acaba mi provincia
y La Habana,
aquella ciudad que tuvimos
los cubanos
antes de perder
hasta el último edificio
de nuestra dignidad,
me sirve hoy para entenderme
con estas personas.
Esa anciana que toma
el sol como si fuera
una sardina o un pulpo,
esa red de arrugas
que se ha sentado
en un quicio de Cudillero,
llama a las cosas igual que yo.
Ese hombre que me mira
con recelo,
que duda de mí tanto
como yo de él,
dice cosas que puedo entender
sin que nadie tenga
que explicarnos nada.
La lengua nos une,
los antepasados
que compartimos
se ocuparon de nombrar
lo que ahora repetimos
para entendernos.
Gracias a esta lengua
ultramarina
nos hemos comprendido,
sobre todo ahora
que España empieza
a quitarse la piel de toro
y, ya frágil y desnuda,
pide que los presentes
se pongan de pie y hablen por ella.
Camilo Venegas nació en Paradero de Camarones, Cienfuegos, en 1967. Sus libros publicados más recientes son la novela Atlántida (Libros del Fogonero, Madrid, 2023) y el poemario Estación del Norte (Libros del Fogonero, Madrid, 2024), al cual pertenece este poema.