La Academia Cubana de la Lengua cumple 100 años. Eso recuerda que su existencia se debe a la voluntad de un grupo de intelectuales cubanos por defender el idioma como un signo de identidad. Durante este tiempo, la labor de la institución ha sido por tanto motivar su uso correcto, promover la literatura nacional y, en especial, investigar y difundir los modos propios de la variante cubana de la lengua. Según uno de sus miembros fundadores, Mariano Aramburu, fue fundada en un contexto de preocupación por la extendida asimilación de anglicismos en nuestra manera de hablar, debido a la influencia que entonces ejercía en Cuba la cultura norteamericana.
Aunque la lengua es un organismo vivo, cuya expresión más completa se encuentra fuera de las academias, estas han servido para conocerla a fondo, documentar su riqueza y acompañar su desarrollo. La Real Academia de la Lengua Española (RAE), con una trayectoria que sobrepasa los 300 años, ha regido ese proceso. Sin embargo, desde 1871, con la fundación de la academia colombiana, es una tarea compartida. Hoy existen 23 academias de la lengua española repartidas entre América, España, Filipinas y Guinea Ecuatorial. La cubana fue la décimosegunda en fundarse. Su actual director, Jorge Fornet, aclara sobre la representatividad de cada una que "ninguna puede sustituir a otra, por modesta que sea, por la sencilla razón de que cada una conoce, estudia y defiende su variedad como nadie más puede hacerlo. La riqueza del español no reside solo en que lo hablen 600 millones de personas en el mundo, sino también en que cada comunidad le añade sus peculiaridades y lo enriquece".
Así, desde la obra pionera de Esteban Pichardo publicada en 1836 —Diccionario casi-razonado de cantos y frases cubanas— ha sido un largo camino el recorrido por los intelectuales cubanos para consolidar la legitimidad del español de Cuba en el concierto panhispánico. En este trayecto la Academia Cubana de la Lengua ha sido determinante, porque independientemente de que la lengua tenga un desarrollo orgánico, natural y popular, la validación científica es una aspiración y un recurso que respalda su trascendencia.
Las primeras adiciones de cubanismos —palabras o expresiones propias del dialecto cubano— al diccionario de la RAE, hoy simplemente Diccionario de la Lengua Española, reflejaron la realidad socioeconómica de la Isla, en relación con la industria azucarera, la esclavitud y el campesinado. Así se registraron voces como negrada, muleque, tolete, cimarrón, bemba, bembón, bocabajo, templar, guataquear, aguaje, jigüe, ajiaco y maruga.
Quedan fuera del tesauro expresiones compuestas como "trabajar como un negro", "dar cuero", "echar un palo", muchas de ellas recogidas en el excelente estudio El Ingenio. Complejo económico social cubano del azúcar (1964), de Manuel Moreno Fraginals.
Más adelante se sumaron otras identificadas con la vida moderna como mojito y daiquirí. Este último, incorporado en 1992 sin tilde, en 2006 la agregó siguiendo la correcta pronunciación cubana. El Diccionario de la Lengua Española reconoce incluso el origen del término en el nombre del barrio santiaguero donde surgió el cóctel, en 1896.
Otros vocablos se refieren a modos del hablar coloquial que marcaron épocas como: bayú, pedraplén, maceta, comecandela, forrajear, chivichana y chiringa. En su evolución algunos han perdido vigencia, e incluso acepciones. Es el caso de prostíbulo para bayú, luego de que estos espacios desaparecieran del entorno urbano.
Además de los términos nuevos, la lengua española se enriquece con los usos que cada región incorpora a la sintaxis. Propio de la variante cubana es, por ejemplo, emplear “por gusto” para significar algo que se hace sin necesidad, o sin resultados, cuando para otros hispanohablantes expresa que se hace por deseo, placer o voluntad propia.
El centenario de la Academia Cubana de la Lengua coincide con la publicación de la vigésimo cuarta edición del Diccionario de la Lengua Española, que incluirá 100 cubanismos inéditos y enmiendas a voces existentes. Algunas de las anunciadas son: asere, chupachupa, yuma, temba, motivito, cheo, péter, pru, saoco, jamaliche, catao, agromercado, aché, oricha y güije.
Su incorporación al Diccionario de la Lengua Española bajo la marca Cuba, implica fundamentar su exclusividad geográfica, su valor denotativo indispensable y vitalidad en el registro culto o popular. Todo ello debe ser demostrable con documentos cubanos escritos entre 1975 y 2025, tomados principalmente de corpus académicos. Eso certifica la enorme labor investigativa que lo sustenta y hace posible. Al mismo tiempo, el gran volumen de cubanismos que, a partir del próximo 21 de octubre podrá hallarse en el Diccionario de la Lengua Española, marca un hito historiográfico de conceptos ilustrativos de la espiritualidad, la cotidianidad y las dinámicas sociales de Cuba.
Para llegar a este punto la Academia Cubana de la Lengua ha atravesado muchas vicisitudes que exceden la propia labor académica: transformaciones políticas, reformas normativas y vaivenes presupuestarios. Todo ello ha puesto a prueba la continuidad de sus funciones y alcance, en gran medida soportadas por el compromiso personal con que varios intelectuales cubanos defendieron sus objetivos y pertinencia.
Debe saberse que la Academia Cubana de la Lengua fue fundada el 19 de mayo de 1926 en Madrid, por José María Chacón y Calvo y Fernando Ortiz como filial de la española. El 2 de octubre celebró en el Palacio O'Farrill de La Habana su asamblea constituyente, donde quedaron registrados los 18 miembros iniciales. Entre ellos estaban: Enrique José Varona, su primer presidente; Manuel Pichardo, Carlos Loveira, Jorge Mañach, Adolfo Bonilla, Mario García Kohly, Rafael Montoro y Manuel Márquez Sterling. El 2 de octubre pasado se colocó una placa en ese sitio como conmemoración del suceso. Por lo general, la Academia Cubana de la Lengua sesionó en el Ateneo de La Habana.
Reconociendo la relevancia que tenía como "institución consultiva y de interés público" en 1951, por Decreto Presidencial 3788, se formalizó su estatus y se le asignó un presupuesto anual que posibilitó la profesionalización de su secretaría y el afianzamiento de sus actividades. Ese mismo año cofundó la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE). Desde 1952 publicó un boletín donde incluyó los discursos de ingreso de sus miembros, investigaciones sobre el dialecto cubano, estudios literarios y la atención de consultas gramaticales. Esta publicación ha sido completamente digitalizada por la Biblioteca Nacional José Martí a raíz del actual centenario.
Poco después del triunfo de la Revolución, la Academia Cubana de la Lengua quedó prácticamente sin subsidio ni sede. Durante décadas funcionó gracias al esfuerzo de la poeta Dulce María Loynaz, quien la acogió en su residencia. Desde 2010, vuelve a tener espacio definido en el edificio Santo Domingo, en La Habana Vieja. Gracias al apoyo de la Oficina del Historiador, tiene un espacio adecuado para su archivo y oficinas, difunde su labor y realiza algunas publicaciones.
La trayectoria de la Academia Cubana de la Lengua a lo largo de su primer siglo evidencia capacidad de adaptación y compromiso con la memoria lingüística nacional, sustentando con rigor la validez de nuestros cubanismos. Larga vida tenga y para beneficio de nuestra identidad como hispanohablantes, y sobre todo como cubanos. Cierro con estos versos de Alexis Díaz Pimienta que resumen desde el hablar coloquial la celebración a esta lengua nuestra: "¡Puro, tú estás escapao!/ ¡Tremenda muela! ¡Volao!/ ¡Esto está en talla! ¡Sirvió!".