Hay una pregunta que Raíces en tránsito: 30 artistas de la diáspora cubana deja por encima de la propia exposición: ¿qué ocurre con el arte cubano cuando Cuba deja de ser el territorio desde el cual se produce? El territorio físico, quiero decir. Para los artistas participantes no deja de ser un territorio liminal (abismal).
Es una pregunta de largo aliento (histórico), pero adquiere otros vértices con esta exposición, presentada en Galería Nueva, en Carabanchel, y que reunió a los 30 artistas beneficiarios de las tres primeras ediciones del Programa de Becas de Resiliencia para Artistas Cubanos Migrantes de Artists at Risk Connection (ARC). El programa, iniciado en 2023, ha ofrecido recursos de producción, mentorías y herramientas de desarrollo profesional a artistas cubanos establecidos fuera de la Isla (y no solo).
Raíces en tránsito… no debería leerse únicamente como una exposición sobre migración, exilio o identidad cubana. (Ya sabemos que la "identidad" es otra tecnología de control). Es también el registro de una transformación en las condiciones de producción del arte cubano contemporáneo.
La diferencia es sustancial.
Durante décadas, buena parte de las narrativas sobre el arte cubano producido fuera de la Isla han estado determinadas por la experiencia de la ruptura. El exilio, la censura, la memoria, la nostalgia, la separación y la imposibilidad del regreso constituyen un archivo histórico inevitable.
Raíces en tránsito… trabaja con ese archivo. Sus núcleos curatoriales —control y resistencia; migración, exilio y desplazamiento; memoria, identidad y reconstrucción— lo hacen explícito. Pero la propuesta de su curadora, Mari Claudia García (en conjunción con la curadora asistente, Solveig Font, y el equipo de ARC), introdujo un matiz elocuente: entender la "resiliencia" no solo como supervivencia, sino como capacidad de adaptación.
La respuesta no está en una estética común. No lo está. No.
Los 30 artistas reunidos en Madrid pertenecen a generaciones, disciplinas y trayectorias diferentes. Trabajan desde lugares distintos y con preocupaciones que no necesariamente tienen que ver con Cuba. La diversidad de prácticas —artes visuales, cine, literatura, música, instalación, medios digitales— dificulta cualquier lectura homogénea de aquello que podría llamarse "arte de la diáspora" o "estética de la diáspora".
Dejo algo en claro: la diáspora cubana no produce una estética reconocible (no necesariamente), sino algo más importante: un campo de relaciones.
Y ese campo-mapa-país necesita otras categorías de enunciación.
La etiqueta "artista cubano" funciona de manera ambivalente: proporciona una genealogía, una comunidad y una historia, pero puede convertirse también en una forma de reducción.
Una exposición como Raíces en tránsito… no escapa de esa condición. Su razón de ser está vinculada a la experiencia migratoria. La experiencia del desplazamiento.
Hay otra dimensión de la exposición que para mí es significativa: Raíces en tránsito… hace visible una infraestructura. Antes de la exhibición están las becas, los recursos para producir, las mentorías, las redes profesionales y el acompañamiento. Es decir, las condiciones materiales que permiten que una práctica artística pueda existir.
Este aspecto suele quedar oculto cuando hablamos de arte y exilio. Nos interesan las obras y las historias personales, pero mucho menos las estructuras que permiten que esas obras existan.
¿Dónde produce el artista que acaba de emigrar?
¿Quién financia su trabajo?
¿Cómo entra en relación con curadores, galerías, museos y coleccionistas?
¿Qué ocurre con su archivo?
¿Cómo se sostiene una trayectoria cuando desaparece el ecosistema profesional en el que comenzó su carrera?
La escena (llamémosle "escena") artística contemporánea no se construye únicamente con artistas y exposiciones. Necesita instituciones, crítica, circulación, mercado, archivos, publicaciones y mecanismos de financiación.
La elección de Madrid añade otra capa, otra meseta… Según explicó Mari Claudia García a DIARIO DE CUBA, casi la mitad de los artistas participantes en el programa reside en España, con una presencia significativa en Madrid.
Es un cambio de geografía, pero también de perspectiva.
Madrid, Miami, Ciudad de México, París, Berlín y otras ciudades forman parte de un mapa (fragmentado, quebradizo, inestable) del arte cubano. En él, Cuba sigue siendo un referente fundamental, pero ya no necesariamente el único centro de producción de sentido.
Raíces en tránsito… consiguió reunir, visibilizar y poner en relación esas dinámicas.
Antes de terminar quiero poner una alerta en torno a la "estética de lo cubano" y a la "estética de la diáspora". La condición que ha permitido a estos artistas acceder a determinadas plataformas de apoyo no debería terminar convirtiéndose en la categoría que limite su circulación posterior. Ahí lo dejo…
Me quedo con la idea de que la experiencia del desplazamiento permite construir autonomía.
Autonomía profesional, institucional, económica y estética.
Raíces en tránsito... deja, por tanto, una tarea pendiente. No cerrar el relato de una generación de artistas cubanos desplazados, sino contribuir a que ese relato deje de ser necesario como explicación total.
Decían Gilles Deleuze y Guattari que —parafraseo— no hay nada más bello que las raíces aéreas, la adventicia y el rizoma. La estética cubana es la estética del accidente.