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Urbanismo

Los hombres de la calle Línea (II)

Al rescatar y articular la vida de militares, intelectuales, inmigrantes, juristas y científicos, esta calle ofrece una lectura de la memoria histórica que trasciende la visión simplificada de la enseñanza tradicional.

Madrid
Monumento a los soldados chinos del Ejército Libertador, La Habana.
Monumento a los soldados chinos del Ejército Libertador, La Habana. Cubadebate

Con sus ocho monumentos, la calle Línea habla de un país forjado desde posturas heterogéneas, donde tanto el inmigrante como el criollo han expresado su compromiso con la prosperidad de la nación, y donde también se han creado fuertes vínculos internacionales para impulsar su desarrollo. La vía exhibe las esculturas de los generales independentistas Alejandro Rodríguez Velazco y Enrique Collazo Tejada, y de los intelectuales Rafael Montoro Valdés (reformista) y Francisco de Frías y Jacott (anexionista y luego reformista) que, de conjunto, ofrecen una imagen plural de la sociedad decimonónica que, además, tuvo a su cargo la construcción de la República.

En la calle L se encuentra también un interesante monumento dedicado a los inmigrantes chinos que pertenecieron al Ejército Libertador, como homenaje a la integración de este grupo étnico a la gesta libertadora donde alcanzaron notable consideración. El propio monumento lo certifica al reproducir la frase de Gonzalo de Quesada que exalta el comportamiento militar de los combatientes asiáticos durante las tres guerras: "No hubo un chino cubano desertor. No hubo un chino cubano traidor".

El surgimiento de este monumento se vincula al contexto político de las décadas de 1920 y 1930, cuando bajo el gobierno de Gerardo Machado se impulsaron campañas de corte chovinista amparadas en el lema "cubanizar Cuba", que culpabilizaban a los trabajadores extranjeros de la situación obrera y la aguda crisis económica. En respuesta a este clima de estigmatización xenófoba, la colonia china de La Habana encontró en esta iniciativa una forma de dejar constancia del patriotismo y tributo de sangre ofrecido por sus connacionales a la independencia de Cuba. De ahí que, financiada por la propia colonia y el Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de China, se inaugurara en 1931.

El monumento, diseñado por el escultor alemán Fritz Weigel, consiste en una columna de granito negro de 6,93 metros de alto y un metro de diámetro, sobre una base de granito de 1,28 metros de alto. En la revista Arte y Decoración de 1931, el arquitecto Joaquín Weiss le dedicó una fuerte crítica, a pesar de reconocer que las proporciones originales del proyecto fueron alteradas y que su emplazamiento se decidió con posterioridad:

"Desde la Edad Antigua hasta la contemporánea, la columna conmemorativa ha sostenido algo (que la ha justificado como elemento de sustentación que es) y la mayor parte de las veces ha contado con la magnitud de la escala para su efecto. Así, cuando, como en el caso del Kansas City War Memorial —de Magonigle— se ha erigido un simple fuste o torre, aparentemente sin 'función', ha sido precisamente la 'escala' lo que ha ennoblecido la idea, salvándola de trivialidad y pobreza artística. Y así, este pequeño fuste estriado, pésele a la belleza del material, nos parece trunco y falto de objetividad, pobre en escala e interés. Su mismo color impide que se destaque debidamente a cierta distancia, mientras que de cerca parece falto de transición con la ancha base octogonal".  

Cierra su comentario lamentando la proximidad del monumento al de las Víctimas del Maine, que lo "somete a una comparación desventajosa".

Este último, situado en 1925 al final de la calle Línea, en Malecón, fue diseñado por el arquitecto Félix Cabarrocas e incorpora esculturas de Moisés de Huerta, así como elementos originales de la embarcación histórica (los cañones y las cadenas del ancla). En esta localización goza, como afirmara Weiss, de "un emplazamiento insuperable, fácilmente visible desde todas partes destacándose vigorosamente contra el azul del cielo, puede decirse que está íntimamente ligado a nuestro urbanismo contemporáneo como la Fuente de la India al de la época colonial".

Este monumento ha servido como una especie de palimpsesto del pensamiento político. Al tiempo que sintetiza la disputa histórica sobre el significado de 1898, para la narrativa republicana representó la "unidad indestructible" y la gratitud de la naciente República de Cuba hacia EEUU por el auxilio de su intervención; mientras que la historiografía revolucionaria la valoró como una intervención oportunista que frustró la victoria mambí e instauró el tutelaje. De ahí que, en 1961, se desmantelaran varios símbolos, como el águila imperial que coronaba el conjunto; los bustos de bronce de William McKinley, Leonard Wood y Theodore Roosevelt, del escultor Gutzon Borglun; y se cambiaran las inscripciones, manteniendo el monumento como homenaje a las vidas humanas perdidas en la explosión.

Otros dos bustos conserva la calle Línea que expresan aristas de la dimensión ética e institucional de la ciencia y la justicia en la Cuba republicana.

En la calle E se situó en 1946 un busto de mármol de Carlos Azcárate y Rosell (1899-1946), de quien se dice perteneció a la promoción de juristas e intelectuales que canalizaron la efervescencia política de la Revolución de 1930, hacia la estructuración del nuevo marco institucional y republicano. Fue el único letrado que se desempeñó como abogado consultor en la Secretaría de Gobernación del Gobierno de los Cien Días. En 1943 participó en la fundación del Partido Republicano, y fue ministro del Trabajo (1944-1946) de Ramón Grau San Martín. Su monumento se erigió por suscripción popular en reconocimiento a su honradez y ante su repentino deceso.

Por otra parte, en la calle H, por suscripción de las corporaciones científicas cubanas se colocó en 1935 un busto de Louis Pasteur, obra de P. Dubois. Con él se celebraba el cincuentenario de la primera inoculación realizada contra la rabia. A diferencia de las estatuas consagradas a patriotas y políticos que dominan la vía, este monumento constituyó un tributo de la comunidad médica cubana a un referente del progreso científico transnacional. Representaba la adhesión de dicha comunidad a los valores del racionalismo, la medicina preventiva y el método experimental orientado a la salvaguarda de la vida humana.

Al rescatar y articular la vida de militares, intelectuales, inmigrantes, juristas y científicos en esta vía urbana —algunos con visiones contrapuestas o resemantizados con el tiempo—, la calle Línea ofrece una lectura amplia de la memoria histórica de finales del XIX e inicios del XX que trasciende la visión simplificada impartida en la enseñanza tradicional. La clave está en no dejar que sigan pasando desapercibidos, como tantos otros elementos que conforman nuestro paisaje urbano.

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2 comentarios

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Profile picture for user Rodolfo J de la Fuente

Los zapatos de Estrada Palma no pudieron ser arrancados. Están esperando a que el pueblo los calce para inaugurar la Tercera Republica de Cuba.

Profile picture for user Balsero

Excelente nota. La Habana es una ciudad rica en monumentos, muchos de los cuales han sido adulterados por razones políticas. Esperemos que el esplendor que un día tuvo, vuelva en breve.