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Teatro

Paula Alí, adiós a una reina de la comedia

Su encanto, su chispa natural y su cubanía sin alarde la ubicaron indiscutiblemente en el linaje de nuestros mejores artistas de la escena.

Ciudad de México
Paula Alí en el documental 'Muchos domingos para Verónica' de Pedro Maytín.
Paula Alí en el documental 'Muchos domingos para Verónica' de Pedro Maytín. Pedro Maytín

Apenas en enero de este año la festejábamos por su arribo a los 90 años de edad. Nacida en Candelaria, Pinar del Río, Paula Alí llegaba a esa venerable edad con una intacta capacidad de hacer reír, de sacar provecho de su organicidad y simpatía para dar vida a personajes y situaciones humorísticas que la hicieron reconocible como una de las reinas de la comedia en Cuba. Su fallecimiento, este 3 de agosto, ha provocado una larga serie de mensajes en las redes, mediante los cuales muchos de sus amigos, colegas, compañeros de trabajo, han expresado sus condolencias, lamentando la desaparición de una mujer que nos demostró en el teatro, el cine y la televisión, sus dotes para ese género tan difícil y que le ganaron el respaldo y la admiración de muchísimos espectadores, que se unen a esos mensajes de despedida.

"Para mí el centro del teatro es el actor", afirmaba ella en una entrevista concedida a la revista Extramuros, hace ya varios años, y siempre confirmó tal cosa a lo largo de su carrera, aunque expandiendo la idea a los otros medios en los que ha incursionó. Allí cuenta que desde su niñez y adolescencia venía a la capital de visita, desde Candelaria, y ya tenía el anhelo de ser artista. Bailarina, modelo, actriz, todo eso estaba entre sus deseos más fervientes. Pero no es hasta 1959, con 23 años, que llega a la capital decidida a entrar de lleno en su mundo artístico. Y lo hace a través de la televisión, con pequeños papeles y algunas apariciones en CMQ Televisión, como modelo en el Canal 6, esperando que la llamaran desde las oficinas de talento para cubrir alguna necesidad en la programación de esos días.

Su gran escuela fue sin embargo el Teatro Martí. Allí estaban todavía algunos de los grandes veteranos del humor cubano, que venían en algunos casos desde los días del Alhambra y las carpas que giraban por el país. Con el grupo Jorge Anckerman, radicado en dicho coliseo, actúa en Voy abajo, la comedia musical de Enrique Núñez Rodríguez. No tuvo muchos parlamentos en la obra, pero la empezaron a llamar con frecuencia tras ese desempeño. Evidentemente, su talento natural, su carisma y su vis cómica no habían pasado desapercibidos.

Como una forja viva de actuación, en el diálogo inmediato con un público que esperaba de esos intérpretes códigos siempre espontáneos, Paula Alí encontró en ese escenario el desenfado y la naturalidad que serían desde ahí parte de su sello. Junto a Alicia Rico, Espígul, Candita Quintana, Américo Castellanos, participó en otros títulos, como Pato Macho, El velorio de Pachencho y otros de gran éxito, entre 1965, cuando ya la contrataron, y hasta 1968. En los ires y venires de la zafra de los 70, la gran actriz Alicia Bustamante le hizo saber que Berta Martínez estaba buscando intérpretes para su montaje de La casa de Bernarda Alba, y es así que se produce su entrada a Teatro Estudio, compañía en la cual estuvo contratada por varios años. También en ese colectivo se produce su encuentro con el dramaturgo y director Héctor Quintero, al que se le relaciona por haber llevado a escena varios personajes creados por él en sus primerísimos estrenos. Ya fuera con Berta Martínez, Abelardo Estorino, Raquel y Vicente Revuelta, Paula Alí pudo aprender allí otros métodos de trabajo que le dejaron afinar lo aprendido en sus días de teatro abiertamente popular, en el escenario del Martí.

En Teatro Estudio se encontraban muchos de los mejores actores del periodo. Adolfo Llauradó, Isabel Moreno, José Antonio Rodríguez, Aramís Delgado, Omar Valdés, Carlos Ruiz de la Tejera, Hilda Oates, Mónica Guffanti, Adria Santana y tantos más. En obras como Morir del cuento, El travieso Jimmy, Bodas de sangre, Ni un sí ni un no, Contigo pan y cebolla, La malasangre, Puebla de las mujeres, Que el diablo te acompañe, Aire frío, Arsénico y encaje, Paula tuvo papeles de importancia. También intervino en Santa Camila de la Habana Vieja, cuando el texto de Brene cumplió 20 años desde su estreno en 1982 y Teatro Estudio invitó a Verónica Lynn para un nuevo montaje, bajo las órdenes de Armando Suárez del Villar. De ese montaje se conserva una grabación para la televisión, con el elenco tan notable que se reunió para ese espectáculo, y que puede encontrarse en YouTube.

Con Héctor Quintero apareció también en La última carta de la baraja y en la revista satírico musical Algo muy serio, con la cual la sala Hubert de Blanck reabrió al público tras varios meses de reparaciones, y se convirtió en un extraordinario éxito de público. Junto a Paula Alí estaban en escena, entre otros, Mario Aguirre, Enrique Almirante, Daniel García, Elio Mesa, Luisa Pérez Nieto, Carlos Ruiz de la Tejera, Ana Viña, Yolanda Zamora, Juanita Caldelvilla, Zoa Fernández, Anatilde de Paula, Adria Santana, Luis Brunet, Leonor Borrero y Aramís Delgado, entre otros.

Cuando la fiebre de los monólogos y los unipersonales nos tomó por sorpresa, a fines de la década del 80, y se crea el Festival Nacional de este tipo de espectáculos, Paula Alí también tuvo el suyo, Monólogo de una mujer sola, que le dirigió Quintero a partir de un texto del dramaturgo, actor y director italiano Dario Fo. La década del 90, con los avatares del "Periodo Especial", le abrió aún en medio de la crisis otras opciones, incluida la de su presencia en las pantallas del cine y la televisión con mayor frecuencia.

En 1993 se graban los episodios de El año que viene, telenovela que ha demostrado que el paso del tiempo no ha hecho palidecer al elenco que Quintero combinó para esta producción. Muchos de esos actores habían trabajado con él previamente, y añadió a la idea nuevos talentos que también dejaron ver que no iban a desaprovechar tal oportunidad. Paula Alí interpreta a Josefa, la madre de familia que luego se conecta con los personajes de la trama de Contigo pan y cebolla. Su química en escena con Diana Rosa Suárez y otros actores del amplio elenco le dan un papel al que ella supo aplicar toda su vis cómica y sus dotes para el drama, uno de esos empeños que puede señalarse como un trabajo de auténtica consagración. Repetiría con Quintero en la comedia Te sigo esperando, que abarrotó el Teatro Mella y todo coliseo donde se presentó, tras su estreno en 1997, con actuaciones además de Corina Mestre y Elio Mesa, ya fallecidos, y de Mayra Mazorra y Edwin Fernández hijo.

Entre esos hitos de su carrera, está además, por supuesto, el acontecimiento que fue La Celestina, en el montaje de Carlos Díaz para Teatro El Público que alcanzó las 150 funciones y se aplaudió en Cuba y en el extranjero. Ya Paula Alí había trabajado en espectáculos como La gaviota y Así es si así os parece, sobre los originales de Chéjov y de Pirandello, a las órdenes de Carlos Díaz. Ella fue la primera Celestina de una larga serie de funciones, y compartió el personaje con Verónica López y Mayra Mazorra. Vi muchas funciones, como adaptador y coautor de la versión de esa obra, y siempre me maravillaba cómo Paula echaba mano a sus recursos de comedianta de largos años de experiencia, para que cada función fuera siempre sorprendente, ante un público que lo mismo se asombraba, reía, se escandalizaba y luego repetía la visita al Trianón.

Si en el teatro nos legó interpretaciones e imágenes memorables, no menos hizo Paula Alí en la televisión y en el cine. Le agradezco dos de sus empeños en ese medio, bajo la guía de Juan Carlos Cremata. Verla en el cortometraje de ficción Oscuros rinocerontes enjaulados, y en el largometraje Nada, es una prueba de su versatilidad. En Nada, particularmente, hay escenas entre su personaje y el de Raúl Pomares que son una delicia, y que recomiendo a los nuevos actores para que entiendan la dinámica de un diálogo criollo, lleno de matices y sabrosura, que viene de nuestra humilde pero innegable escuela de un teatro popular cubano.

También se le puede ver en otras películas, como Perfecto amor equivocado, de Chijona, Guantanamera, de Titón y Juan Carlos Tabío, Lista de espera, también de Tabío, o en Miel para Oshún, de Humberto Solás. Ganadora de numerosos premios, entre ellos el recibido en el Festival de Cine de Cartagena de Indias por su actuación en Nada, de 2003, Paula Alí también recibió la Distinción por la Cultura Nacional, el Premio ACTUAR por la obra de toda la vida, el Premio Caracol.

En la pequeña pantalla también interpretó a la doctora Rosa Matriz, en el humorístico Punto G, y apareció en numerosas telenovelas y dramatizados, como Retablo personal, Las huérfanas de la Obrapía, Salir de noche, ¡Oh, La Habana!, Coco verde, Jardín de madera y muchas otras producciones. Obtuvo a inicios de este mismo año el Premio Nacional de Televisión, y siempre me pregunté por qué no se le concedió el Premio Nacional del Humor. Porque ella, aunque siempre luchó contra el encasillamiento y mencionaba entre sus personajes preferidos a varios de fuerza dramática, fue eso tan raro ya de encontrar: una comedianta nata, una actriz de organicidad y naturalidad incombustibles que supo hallar, en las claves de nuestro humor, una manera esencial de representarnos.

Como demuestran los mensajes que ahora lamentan su fallecimiento, se le va extrañar mucho. La vi por última vez en la celebración del cumpleaños 95 de Verónica Lynn, junto a Diana Rosa Suárez, y me emocionó compartir con ellas y otros amigos el verlas juntas, como figuras de merecido renombre y bien ganada popularidad. En el documental Muchos domingos para Verónica, de Pedro Maytín, dio su testimonio acerca de la amistad que las unía, con la humildad y gracia que siempre la caracterizó.

Su familia, en la cual hay dos sobrinos reconocidos en el ámbito de la actuación, ha agradecido esos mensajes y palabras de condolencia. Uno a ellos mi aplauso, porque es así que se debe reconocer a quienes, desde la interpretación, nos cedieron tantos momentos de talento y respiro, por encima de cualquier aprieto o dificultad. Ella fue una reina natural de la comedia, y no necesitó para demostrarlo más que su encanto, su chispa natural, su propio modo de ganarse las miradas y las ovaciones, desde esa cubanía sin alarde que la ubicó indiscutiblemente en el honroso linaje de nuestros mejores artistas de la escena. 

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