Back to top
Cine

Filmar a Luis Manuel Otero Alcántara: Ernesto Fundora y el retrato de una época

En el documental 'Estamos conectados', el cineasta traza un perfil íntimo y a la vez el documento histórico del artista y preso político cubano.

Madrid
Ernesto Fundora y Luis Manuel Otero Alcántara.
Ernesto Fundora y Luis Manuel Otero Alcántara. Cortesía del entrevistado

El cineasta cubano Ernesto Fundora filmó durante cinco años al artista y activista Luis Manuel Otero Alcántara sin saber que ese material terminaría convirtiéndose en el documental Estamos conectados. Rodado entre 2016 y 2021, el filme acompaña la evolución del líder del Movimiento San Isidro desde sus primeras exploraciones performáticas hasta su consolidación como figura política y su posterior encarcelamiento.

La película es, según su autor, un retrato íntimo y a la vez el documento histórico de una época marcada por el deshielo con EEUU, el auge del activismo artístico y la posterior radicalización del conflicto político en la Isla.

En esta entrevista, Fundora reflexiona sobre el proceso de filmación, el lugar del cine como herramienta política y su lectura del presente y futuro de Cuba.

¿En qué momento entendiste que Luis Manuel Otero Alcántara no era solo un personaje más, sino el eje de una película?

En el caso del cine, un director o un guionista siempre está buscando un gran personaje. Yo creo que detrás de Luis Manuel hay la construcción de una gran personalidad, frente a la historia, frente a la sociedad, frente a la cultura artística, frente al destino de un país.

Luis Manuel también es un emblema de una ciudad. Esa ciudad en decadencia que es La Habana. Pero que fue una gran ciudad y sigue pariendo grandes hijos y grandes restauradores. Yo creo que él es uno de ellos.

Yo detecté en su impulso, en su latido, en su acción, un comportamiento ejemplarizante, una persona que podía servir de referente a muchas más generaciones. Con una propositividad diferente al esquema con que interpretamos el cambio social. Un tipo que se aventuró por nuevos caminos de reconstrucción de lo nacional. Creo que hay en él muchos pilares de lo que necesita Cuba para su futuro inmediato.

Filmaste entre 2016 y 2021. ¿Qué transformación viste en Otero Alcántara durante ese tiempo? ¿Hubo momentos de peligro?

El documental muestra justo esa evolución de un Luis Manuel más ingenuo, más sociológico, tratando de entender el viacrucis de una nación a través de sus sistemas de adoración religiosa. Después vemos a un Luis Manuel que se va hacia el mundo sociopolítico, que se involucra más en el cambio inmediato y empieza a entender el descrédito del estatocentrismo. Ahí se vuelve antiestatal o antisistema porque percibe una trabazón.

El peligro que sentí era el normal de cualquier persona que está tratando con temas censurados en una Cuba hegemónicamente tiránica. Es una sociedad blindada contra el disenso. Uno percibe esto desde el primer instante en que saca una cámara y hace una pregunta incorrecta políticamente. Pero aun así hubo la convicción de manejarme dentro de coordenadas legales, en esos nichos encontré oportunidades para construir el relato.

También tuve a favor que estaba grabando durante el llamado "Obamato". Había una avalancha de gente entrando a Cuba y eso abrió ciertos espacios. Yo no buscaba una confrontación sangrienta, sino generar un debate de ideas. En aquella época pensaba que estaba operando una transición desde el Estado. Hoy estoy convencido de que esa élite secuestró la nación y no quiere la mínima mejoría para la sociedad civil.

¿Buscabas una obra artística o un documento histórico?

Yo buscaba las dos cosas, un retrato íntimo y un documento histórico. Me acerco a Luis Manuel con una sinceridad para la cual ni él ni yo estábamos preparados. Éramos dos desconocidos que empatizamos. La cámara está muy cerca de él, mirando en primera persona hacia el lente.

Mi equipo me abandonó por miedo. Las cuatro personas que venían conmigo fueron desertando. Solo entró una persona conmigo a su casa y también terminó yéndose cuando empezaron los temas delicados. Me quedé solo con la cámara y una lucecita portátil. Con eso hice la entrevista base que sostiene toda la narrativa.

Ahí se logra una cercanía, una complicidad silenciosa. Hay guiños, pausas, silencios, un reconocimiento generacional. Compartimos incluso la mesa, la comida. Se construyó algo más allá del relato cinematográfico, una experiencia humana en paralelo. Esa experiencia impregna el material de una energía que lo hace más profundamente humano.

Por otro lado, me propuse dejar un testimonio. Registrar la biografía de un individuo que es el emblema de una época. No hay una figura más descollante durante el deshielo que Luis Manuel y el Movimiento San Isidro. Quería aclarar quién era él y qué representaba su movimiento. Es un documental imperfecto, pero intenta reconstruir esa personalidad y su consolidación.

¿Hasta qué punto el cine puede intervenir en una realidad política?

El cine puede intervenir en la sociedad como una de las grandes herramientas. Es uno de los cuerpos de memoria fundamentales del siglo XX y XXI. Resume otras artes y tiene una visión más abarcadora. Hoy hablamos de video más que de cine, pero sigue siendo el soporte audiovisual.

Una de las grandes herramientas de San Isidro fue la videografía. El video funcionó como el bolígrafo electrónico de su época, o incluso como el fusil simbólico de su resistencia. Por eso el documental tiene mucho de videoarte. Tanto San Isidro como mi generación detectaron el valor del video como herramienta de oposición, como grieta de libertad frente al discurso oficial.

¿Qué esperas que sienta alguien que no conoce Cuba al ver el documental?

Aspiro a que el público entienda quién es Luis Manuel como figura histórica y como ejemplo de los últimos liderazgos de la nación. Nosotros nos hemos quedado sin líderes y él es uno de los últimos emergentes dentro de una Revolución que está en fase de ruina absoluta.

También quiero que se entienda un país y un contexto epocal: el deshielo, el "Obamato" y lo que vino después. Yo empiezo a filmar en 2016 y termino antes de la pandemia. Luego se incorporan testimonios del encarcelamiento y del 11 de julio. Hay un registro contextual de una época que no ha sido bien estudiada ni siquiera por la academia.

Este material puede tener valor a posteriori como herramienta de consulta. Mi generación no tuvo suficiente documentación del periodo especial. Siempre he tenido la preocupación de que etapas importantes de la nación queden testimoniadas por el cine.

Si te digo la expresión "El futuro de Cuba", ¿en qué piensas, cómo lo esbozarías?

Si lo tengo que resumir en una palabra sería sanación. Suturar heridas desde la familia y los individuos. Luis Manuel nos ayuda mucho en eso. Es un hombre que nunca ha perdido la alegría ni la bondad. Nunca devolvió la cachetada. Ejerció la dignidad con elegancia y artisticidad.

Creo que el hombre que va a salir de esa prisión no es el mismo que entró. Será un hombre crecido, con propósitos distintos. Me da gusto haber estado cerca de ese proceso.

Nos viene un futuro promisorio, pero hay que desarrollarlo con paciencia, con consenso, con conciencia colectiva. Hay que reconstruir infraestructura, pero también el alma de la nación. Cuba necesita ciencia y arte. Hay que quitarnos ideologías rígidas y pensar en colectividad.

Por eso me gusta el título Estamos conectados. Es el mensaje mayor: dejar de pensar como izquierda o derecha y pensar como cubanos. Reconstruir la casa nacional desde la cooperación y la reconexión.

Necesitamos tu ayuda: apoya a DIARIO DE CUBA

Más información

Sin comentarios

Necesita crear una cuenta de usuario o iniciar sesión para comentar.