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Arquitectura

Ecos de Florencia en La Habana (II)

Su elegancia atemporal sitúa a la Casa Pollack entre las más reproducidas de La Habana republicana.

Madrid
Patio de la Casa Pollack.
Patio de la Casa Pollack. Excelencias Cuba

Las residencias de Benjamín Primelles en El Vedado y Lawton son fruto de una fantasía neohistoricista que supo traer al siglo XX códigos foráneos que, 500 años después, seguían hablando de fortuna, privilegio social, e incluso, ilustración. De fácil lectura para la sociedad habanera, las fachadas de estos palacetes renacentistas reproducían la apariencia del palacio florentino, sin privarse de agregar elementos asociados al pasado medieval, como torres y almenas, para reforzar el signo latente en su mensaje estético.

Otras residencias habaneras, como las de Orestes Ferrara y Juan Pedro Baró, construidas en la década de 1920 en El Vedado, también aprovecharon la prestancia del palacio florentino como ícono de una tipología residencial urbana de alto estándar, en estos casos asumido con una línea más clasicista, que apunta a una mayor elegancia o refinamiento de las formas arquitectónicas. Una línea llevada a su máxima expresión en la vivienda de Marcos Pollack en el Country Club (1929).

Construida por el afamado arquitecto Leonardo Morales, está situada en un amplio lote de la calle 21 y 150, donde desarrolló una arquitectura basada en la sencillez, la proporción y la integración al paisaje. Su referente directo no es el palacio urbano florentino, sino la villa, otra tipología que corresponde al espacio campestre. De este modo, la vivienda se distribuyó como un volumen horizontal rodeado por un amplio jardín, creando un balance extraordinario entre espacio constructivo y entorno natural.

Sobre esta casa que el arquitecto Eduardo Luis Rodríguez considera cúspide en la obra de Leonardo Morales y del eclecticismo cubano, explica que "Para lograrlo, une los dos extremos de su trayectoria y obtiene una combinación de Neocolonial Cubano, con Renacimiento Italiano y algunos toques de influencia norteamericana, a tono con el origen del propietario. En virtud de tal estrategia la casa de Mark A. Pollack, especie de villa florentina emplazada entre palmas reales, resulta una obra excepcional en cualquier latitud, un verdadero palacio a la vez renacentista y colonial, pero en pleno siglo XX, portador de cualidades no encontradas en otras obras".

Entre las cualidades a destacar del diseño de esta vivienda está el valor de la composición por encima de la decoración, y su capacidad para reinterpretar el modelo renacentista, dando un nuevo sentido a las formas clásicas en un diseño original, funcional y atractivo. En este sentido destaca la solución de los accesos exteriores, tanto el pórtico principal como de la salida hacia el jardín. El primero es un volumen porticado que se adelanta para cubrir la entrada de automóviles, diseñada en forma de U. Un recurso propio de las construcciones de la época, que aquí se distingue por la elegancia de sus columnas toscanas. Despliegue mayor tiene el acceso al jardín, inspirado en la estética de Andrea Palladio, quien en el siglo XVI construyó numerosas villas en la región de Véneto.

El portal palladiano de la Casa Pollack protagoniza la imagen más conocida de esta vivienda. Condensa la significación del pórtico en las fachadas de las villas renacentistas y lo resuelve de una manera magistral. En él hace Morales una excelente interpretación del motivo de Palladio, con tres arcos, flanqueados en vanos verticales sobre columnas, entre los cuales aparece el característico óculo, aquí ciego. Estos elementos juegan con la composición de la segunda línea de fachada, con sus tres grandes puertas entre arcos y los tres óculos abiertos. Intermedio enlaza una preciosa bóveda hermosamente decorada.

Delante, la habitual escalera que conecta al jardín se abre en dos ramas. Es la típica escalera de las villas, pero no es la misma, porque el arquitecto ha sabido identificar los códigos tipológicos sin repetirlos. El resultado es de una elegancia atemporal que sitúa esta fachada de la Casa Pollack entre las más reproducidas de La Habana republicana.

El otro elemento que tomó del palacio renacentista, readecuado al gusto estético de la casa, fue el patio interior. Este elemento pertenece al palacio florentino, no así a la villa, lo que muestra la libertad con que el arquitecto cubano usó uno u otro. Es un patio rectangular de grandes dimensiones que concede a la casa la delicada intimidad del peristilo romano, pero con una arcada típicamente renacentista y el singular detalle de que el fuste de cada columna es de una piedra diferente.

El otro elemento que ha distinguido esta vivienda es la concepción y decoración de su salón principal, un espacio que puede recordar las estancias del palacio florentino donde sus acaudalados dueños daban audiencia. Con unas medidas de 16x8x8 metros, es una sala imponente y fue ricamente decorada. Bajo su hermoso alfarje de madera policromado, tenía un friso con motivos romanos, bajo el cual se extendía un segundo mural más amplio que, en todo el perímetro, contaba la historia del descubrimiento de América. Esta obra, hoy desaparecida, fue realizada por el artista italiano Carlo Cherubini; aunque se ha dicho que era de Pollack, quien pintó otras piezas que decoraban la casa.

Lamentablemente, de su ambientación interior no se conserva nada. Después de 1959, la familia abandonó el país y la vivienda fue vandalizada. En la década del 60 recibió una primera restauración, bastante grande y detallada por el destrozo ocasionado. Se dice que durante un tiempo fue sede de la Embajada de Brasil, no obstante, en períodos intermitentes su principal función ha sido la de casa de protocolo. En 1998, recibió una segunda restauración, dirigida por la arquitecta Inés María Marín, y se ha mantenido como hospedaje para visitantes importantes del Gobierno, cuyo grupo empresarial Palco también la alquila para fiestas y recepciones privadas.  

Las viviendas de Primelles, en cambio, no han sido nunca restauradas y presentan riesgos de colapso. La de El Vedado, convertida en ciudadela, ya perdió la torre. La de Lawton pasó al Ministerio de Cultura cuando la familia abandonó el país. Desde 1982, funciona como Museo Municipal de Diez de Octubre. A pesar de sus funciones culturales y de pertenecer a la Dirección de Patrimonio Nacional, no tiene recursos ni presupuesto asignado para su mantenimiento y restauración, por lo que hoy se encuentra apuntalada, afectada por filtraciones que afectan incluso su colección, y no es visitable. Forma parte de ese patrimonio singular y valioso que se pierde cada día por la ineficacia y mala gestión del Estado.

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