El reparto, vertiente del reguetón nacido en los barrios más pobres de Cuba, durante años señalado, censurado y despreciado por el aparato cultural del régimen, hoy encuentra defensores entre comisarios políticos y espacios en la prensa oficial, que lo califica como un "ritual social".
En un extenso reportaje publicado por Cubadebate, el reparto es descrito como una expresión legítima de la identidad popular y una evolución natural de la música cubana. Donde antes prevalecían críticas moralistas y acusaciones de "diversionismo ideológico": ahora se habla de "riqueza rítmica", "integración cultural" y "posicionamiento internacional".
Mientras los jóvenes se alejan de los discursos oficiales y desconfían de los medios del Estado, el Gobierno intenta apropiarse del género que ellos consumen masivamente y busca usarlo como puente, herramienta propagandística y posible fuente de ingresos, como ya han advertido con anterioridad especialistas en investigación musical.
El reportaje se hace eco de consideraciones del viceministro de Cultura, Fernando León Jacomino, quien sostiene que la tradición musical cubana es capaz de asimilar géneros como el reparto sin perder su esencia. Y menciona como ejemplo de "convivencia armónica" la participación de agrupaciones de reparto junto a orquestas tradicionales en eventos como el Festival de Josone, que se celebra en el polo turístico de Varadero.
Sin embargo, el reparto, tal y como lo viven cientos de miles de cubanos, no es solo ritmo, es testimonio de decadencia. Las letras hablan de pobreza, sexo, frustración y violencia. Para los autores del reportaje, el objetivo no es provocar, sino describir lo que se vive. Una madre en Arroyo Naranjo, citada por Cubadebate, lo resume con crudeza: "¿Cómo criticar que hablen de sexo o dinero si eso es lo que falta en casa?".
Según estudios y análisis realizados por grupos del Instituto Cubano de Investigación Cultural (ICIC), citados en el reportaje, más del 90% de los menores de 18 años prefieran el reguetón; los exponentes del reparto superan en popularidad a figuras de otros géneros en YouTube e Instagram, y la expansión del reparto responde a dinámicas de mercado y vacíos institucionales más que a decisiones artísticas.
Consciente de ese potencial, el Gobierno intenta ahora rentabilizar el fenómeno: integrarlo en circuitos oficiales, usarlo como vehículo para sus mensajes, incluso exportarlo como "marca país".
El reportaje destaca que la música repartera ha estado presente en la programación oficial, y cita como ejemplo Los Lucas. También menciona a exponentes polémicos y críticos con el régimen como Candyman y Chocolate MC.
En marzo la oficial Mesa Redonda dedicó un programa a la música urbana y funcionarios del Ministerio de Cultura llegaron a decir que "hablar de reparto es un acto político". El debate levantó polémica en redes sociales, desde donde la investigadora Rosa Marquetti consideró la defensa del estilo musical como una "incoherencia e hipocresía" de la cúpula de poder.
Lamentó que el Gobierno, "en lugar de preservar la enorme cultura musical que el mundo entero le reconoce a Cuba, se preste para validar desde la práctica del ordeno y mando, ese estilo musical que surgió de sus prolongadísimos e injustificados errores".
Para Marquetti, "es cuando menos hipócrita, oportunista y sibilino", pues "primero marginalizan a todo un país llevándolo a la miseria material y espiritual y después quieren convertir esa miseria en activo económico explotable".
"La cúpula es empática con el reparto, ellos mismos, desde la escasa hondura cultural y de pensamiento que demuestran, son reparteros ideológicos, lo aman y lo gozan, ven normal el sexismo, la misoginia, la exhibición del poder económico, la degradación de la mujer y hasta las relaciones de adultos con menores, como recientemente vio normal un medio de prensa digital. Y dentro del desespero nacional por sacar de donde hace tiempo ya no hay, han llegado a creerse que tienen en el reparto una fuente inmediata y cuantiosa de ingresos", apuntó.
"¡Ilusos ellos que creen que pueden construirse un Bad Bunny nacional! No saben nada de las industrias del entretenimiento en el mundo. No me sirve tampoco que me digan que en todo el mundo el reggaetón se ha impuesto como reflejo de otras sociedades: en la cubana, hay un Gobierno que proclamó, entre sus principios irrenunciables, la lucha por la justicia social y la elevación de la cultura popular y en su acostumbrada incoherencia, ahora ha elegido un estilo musical (no es un género) y ha roto lanzas en su defensa, cosa que en el mundo mundial hacen las compañías discográficas y las empresas productoras de conciertos para defender sus intereses, pero no los gobiernos", añadió.